
Junio 13/18 La CRES es el escenario que permite a rectores y académicos mostrar sus problemas y buscar un norte a los mismos. Otros manejan una agenda política y otros una agenda diplomática internacional. Pero en el fondo, más allá de ventilar ante la región las dificultades locales, nacionales o de ciertas IES, es difícil que lo allí conversado se traduzca en un mandato unánime o que por lo menos sea acogido en la declaración final y pueda llegar a la Conferencia Mundial de Educación Superior que se hará sólo hasta 2021.
Son muchas las razones para esto:
– Porque no existe una persona, entidad o grupo de influencia lo suficientemente consolidado y con trayectoria académica y moral, que se constituya en un referente para que el sistema de educación superior de la región escuche y respete íntegramente. La UNESCO, y su filial en la región, IESALC, sólo hace una labor de coordinación, pero no tiene el peso político, ni económico ni estratégico para lograrlo. Se le reconoce el esfuerzo.
– Porque una conferencia cada 10 años resulta muy poco para la magnitud, complejidad y, especialmente, dinámica cambiante de un sector lleno de amenazas, influencias y vientos de costado de parte del mercado laboral, las empresas, el comercio y la tecnología. Esperar una década para revisar los paradigmas es demasiado tiempo, y ahora esperar tres años para la Conferencia Mundial en París, también.
– Porque (lo reconocen los mismos académicos), éste es un sector reaccionario al cambio y la declaración que salga en muy poco va a mover los gobiernos para rediseñar sus modelos educativos. El caso de Colombia (que aparentemente ha recuperado terreno en la región, si de comparar críticas y quejas se trata) es llamativo: Hasta ahora nadie del Ministerio de Educación Nacional u otro ente estatal afín (sólo dos consejeros del CNA, que técnicamente no son estatales), ha hecho presencia.
– Porque no hay claridad en el problema de raíz del sector. ¿Financiamiento?, ¿la concepción de la educación superior como un derecho?, ¿el nuevo rol de la universidad?, ¿la distancia con el sector productivo?, ¿la pérdida de reconocimiento social de la universidad?, ¿los nuevos paradigmas laborales?, ¿las políticas de calidad?, ¿los rankings?….Estos y muchos temas más tienen horas enteras de discusión, y cada uno orienta la universidad hacia otros destinos.
– Porque, por lo mismo, tampoco se avizora un tema que claramente defina la agenda de los próximos años, distintos a los ya repetidos en las declaraciones anteriores: La educación como un derecho, la gratuidad y la autonomía. Es un sector que poco mira al futuro, preocupado por sanar sus heridas del pasado y presente.
– Porque los temas de frontera para el sector, tales como el diálogo interdisciplinar, la obligatoria adopción de los nuevos paradigmas de la tecnología, la respuesta a los nuevos públicos, la investigación de punta y el nuevo entorno laboral de los egresados, entre otros aspectos, escasa presencia han tenido en los debates de la CRES.
La línea política de la CRES
Este jueves cierra la CRES 2018 con la lectura de una Declaración que (por asuntos de logística, practicidad y estrategia) seguramente ya está redactada, y que se supone servirá de guía para IES y gobiernos al “dar línea” de hacia dónde debe moverse la educación superior.
El punto clave es saber cuál será su tono. ¿Recogerá, nuevamente, el clamor de una región que se emociona cuando habla de gratuidad educativa, aunque poco analice el contexto técnico – económico para ello?, ¿atenderá las críticas de la centro – izquierda y extrema izquierda que halló un oxígeno en las palabras inaugurales del sociólogo marxista Boaventura de Sousa Santos y se irá con toda contra las bien o mal llamadas prácticas neoliberales en la educación superior?, ¿qué papel dará a las universidades privadas, que cada vez son más y en la CRES parecen menos?, ¿en dónde queda la posición sobre temas polémicos como rankings, evaluaciones, indicadores, investigaciones…?, y qué con respecto a virtualidad, diversidad, complejidad y regionalización?
Es un tema complejo, que hay que enfrentar, bien sea en la CRES o en los propios escenarios nacionales, que en el caso de Colombia se vincula a la expectativa del próximo gobierno, pues este ya va pasando la hoja.
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