Oct 15/18 No lleva tres meses el actual gobierno de Iván Duque, y el presidente ya debió salir a bajar la expectativa que él mismo creó, en campaña, sobre la promesa de cobertura en educación superior durante su cuatrenio.
En planea campaña, en abril pasado, en el debate televisado en RCN, el entonces candidato fue explícito en decir: “La que necesitamos es ampliar la gratuidad universitaria para los estratos 1 y 2 con la ampliación de 300 mil cupos por año. Ese compromiso lo asumo”. Es decir, su promesa era de un millón 200 mil nuevos cupos, que claramente supera las expectativas y posibilidades del actual sistema, si éste no tiene un cambio radical.
Vale recordar que el hoy expresidente Santos prometió, el 7 de agosto de 2.104, en su segunda posesión, el aumento de la cobertura en 400 mil cupos al 2.108, y no lo logró.
El miércoles pasado, 10 de octubre, mientras las calles del país estaban llenas de universitarios, el presidente Duque dijo, durante la reunión del Círculo de Montevideo, en Bogotá, que “el año entrante se dará gratuidad a más de 80.000 jóvenes en la universidad … y yo espero terminar el gobierno superando el umbral de los 400 mil jóvenes –ojalá muchos más– en ese esquema de gratuidad para los estratos de más vulnerabilidad económica”.
Es decir, el Gobierno se ha desmontado de su propuesta inicial y la ha bajado sustancialmente.
Se escuda el presidente en el déficit fiscal que halló su gobierno, pero eso se veía venir. ¿Entonces, para qué hace promesas de esta índole?
Igual pasó con el tema de Ser Pilo Paga. El mismo día que prometió los 300 mil cupos por año, Duque fue el único aspirante a la Presidencia que dijo que iba a mantener ese programa, y ahora -en la presidencia- descubrió lo que se sabía, que no había plata para el mismo.
Y eso que tuvo una comisión de empalme en educación que, ahora se confirma, no sirvió; que su ministra Angulo y su viceministro de Educación Superior, Luis Fernando Pérez, en común opinión de muchos rectores y analistas del sector, parece perdidos, sin peso político suficiente, con un creciente número de opositores dentro del mismo gobierno que no comparten su manejo de la cartera, y que -también se confirma- el tema de educación superior no hace parte de la agenda prioritaria de Duque.
Prueba de todo esto es que no hay un interlocutor válido, con autoridad y conocimiento, que permita al SUE, estudiantes y profesores hallar un referente con criterio para analizar el tema y el conocimiento e influencia necesaria para convocar el necesario debate de país sobre el modelo de educación superior, actores y esquema de financiamiento, que es donde está el verdadero problema.
No basta con convocar al país a participar en escenarios, propuestos, del Plan Nacional de Desarrollo, pues claramente se sabe que estos son sofismas de los gobiernos de turno, para terminar imponiendo sus criterios bajo la disculpa de que tuvieron la participación de miles de ciudadanos.
Señor presidente Duque, como se dice en el argot popular, se dejó medir el aceite muy temprano, y si no reacciona y hace un giro radical en su política de educación superior, va a tener en las protestas del sector, un fuerte dolor de cabeza que le va a golpear la popularidad durante todo su mandato.
Información de referencia: Las tres grandes promesas de Iván Duque sobre educación superior
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