Cárdenas-Támara, líder de la maestría en educación de la U. de La Sabana plantea, a partir de las tesis de Charles Sanders Perice, la necesaria renovación de la educación universitaria.
La máxima pragmática es un concepto que deviene de la obra del padre de la semiótica estadounidense Charles Sanders Peirce y que debe considerarse como central para la pedagogía y la educación universitaria interesada en la producción de conocimiento y en la generación de sentidos éticos en la formación de profesionales y personas. En las propias palabras de Peirce su definición es la siguiente:
Parece, entonces, que la regla para alcanzar el tercer grado de claridad en la comprensión es como sigue: Consideremos qué efectos, que puedan tener concebiblemente repercusiones prácticas, concebimos que tenga el objeto de nuestra concepción. Entonces, nuestra concepción de esos efectos es la totalidad de nuestra concepción del objeto (Peirce).
La filosofía de Peirce es fundamental para la educación universitaria, ya que mejora nuestra comprensión de las dinámicas educativas. La lógica pragmática debe contribuir a que los procesos cognitivos sean más claros y a tener en cuenta los efectos de “nuestras creencias” en la realidad. El padre del pragmatismo entiende la educación como un ´verbo´, como una ´entidad viviente´ que se adquiere desde la experiencia, en procesos de interacción sígnica, social y cultural orientados a la indagación científica de la realidad.
¿Por qué es tan importante la máxima pragmática para la universidad? Básicamente porque establece una guía o propuesta de claridad educativa, que sin duda es válida para los tiempos de confusión que vive la industria académica universitaria marcados, por un lado, por la experiencia de la universidad neoliberal, centrada en su adoración al capital, o por otro lado, en la ideologización universitaria aprisionada en las lógicas violentas del adoctrinamiento de género o en las luchas de clase como supuesto fundamento del motor de la historia. Todas tendencias ideológicas que borran el sentido misional de la universidad como espacio de creación, reflexión y construcción de la realidad y de la búsqueda de la verdad, sin ataduras partidistas, sectarias, de escuela, o utopías desgarradoras en sus discursos dominantes, ya sea en las lecturas políticas de la extrema izquierda o de derecha.
Los principios pragmáticos buscan generar claridad conceptual en nuestras apropiaciones de la realidad, por lo tanto, el conocimiento es un valor que debe ser perfeccionado en diálogo comunitario y personal con lo mejor de la tradición cultural de nuestros pueblos y del entramado histórico de las diversas civilizaciones y tradiciones lingüísticas que hacen parte del legado histórico del hombre y de las propias huellas que la vida ha dejado en la historia de la Tierra (Biosemiótica). Así, el conocimiento, ‒todo conocimiento‒ es un proceso de indagación personal y comunitaria permanente, cuyas notas básicas sitúan la indagación como proceso provisional, rectificable y no dogmático.
El plano arquitectónico que proporciona la semiótica de Peirce no es de orden lineal. Su lógica establece pautas de conexión para el diálogo interdisciplinario e incluye intersticios y formas abductivas de razonamiento en combinación con inferencias inductivas y deductivas fundamentales para la innovación creativa de todas las disciplinas científicas que están cobijadas en la vida universitaria, como nuevos saberes y ciencias que aún no han tenido entrada o reconocimiento en la institución universitaria (por ejemplo, la homeopatía). La abducción es el principio de la innovación creativa en combinación con inferencias inductivas y deductivas. “La abducción es el proceso de formación de una hipótesis explicativa. Para Peirce, es la única operación lógica que introduce cualquier nueva idea.’ Una concepción peirceana de la dinámica del conocimiento y el aprendizaje puede, por lo tanto, en un nivel analítico, caracterizarse por compromisos mutuos y creativos hacia procesos compartidos de aprendizaje conjunto.
El universo peirceano puede revitalizar la vida universitaria al brindarle las pautas para configurar una rica concepción de procesos de aprendizaje más productivos en conexión con el pragmatismo, la fenomenología y la semiótica. Necesitamos con urgencia una renovación de la educación universitaria. La semiótica de Peirce brinda las herramientas para abrirnos a una concepción más rica y dinámica de la educación. La lógica de Peirce amplia en los sorprendentes diálogos con las neurociencias, el anclaje de una metáfora extendida de la mente, y de los procesos sígnicos que acontecen en ella y por fuera de ella. Si la mente humana, sólo piensa en signos, como lo asevera Peirce, la acción del signo o semiosis, debe considerarse como el foco o el primer plano en los procesos educativos interesados en aumentar el conocimiento y no simplemente focalizarlo en la reproducción mecánica y acrítica de conocimientos mecanomórficos y parasitarios.
La universidad no puede ser indiferente al pensamiento de quien ha sido llamado el Aristóteles del siglo XX. Y sin embargo, tal como señala el profesor Torill Strand (2013), “cabe destacar que Peirce también va más allá Aristóteles, porque la retórica de Aristóteles se puede caracterizar como una técnica de argumentación que incluye todo tipo de deliberaciones prácticas, La retórica de Peirce es una lógica normativa de la ciencia”, cuyo rigor está revolucionando el campo del conocimiento mundial. La semiótica de Peirce nos puede liberar de la visión dominante de orden psicologista que tiene aprisionada a la educación con sus obsesiones, por categorías como las de competencias, por ejemplo. Nos lleva a reconocer que los procesos de aprendizaje no son solo de orden psicológicos. Por el contario, el aprendizaje es un proceso semiótico marcado por producciones, relaciones, diálogos del significado, los sentidos, las urgencias y el crecimiento del conocimiento mismo desde la superposición de planos, sistemas y dinámicas cuyo fin es el ensanchamiento de la ciencia general y la postulación de principios sobre la vida de los signos y sus efectos extrasomáticos (culturales) y vitales en la realidad.
Las posibilidades de la máxima pragmática para el mundo universitarios son infinitas; brinda posibilidades para darle mayor fuerza a los estudios metateóricos (las condiciones necesarias a las que los signos están sujetos en la vida de la mente, lo social, cultural y la vida misma), la gramática especulativa, crítica especulativa y retórica especulativa. Es una ciencia altamente sofisticada que busca enseñarnos a pensar bien, con rigor y evaluando las consecuencias de nuestros actos en el plano de la realidad (ética).
Con 30 años de experiencia como científico y profesor universitario, puedo afirmar que todo está por hacer y descubrirse en el sentido de las apropiaciones y renovaciones que la semiótica de Peirce puede hacer por la educación en general. Estamos ante una propuesta científica con claras referencias éticas (la máxima pragmática), condición central para un mundo deshumanizado y tan fanatizado desde la mala ciencia dominante en el mundo, mucha de ella enseñada desde los propios claustros universitarios. La máxima pragmática, de pensarse y de trasmitirse como criterio de vida y de formación universitaria, le entregará mejores personas y ciudadanos al mundo. Profesionales abiertos a la experiencia, al rigor, a la evaluación de sus actos y conocimientos, y aptos para el sentido del descubrimiento permanente en sus propios campos disciplinares.
Bibliografía
Peirce en p. 293 de “How to Make Our Ideas Clear”, Popular Science Monthly, v. 12, pp. 286–302. Reimpreso ampliamente, incluido en Collected Papers of Charles Sanders Peirce (CP) v. 5, párrafos 388–410.
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