La Universidad, rehén de la acracia – Juan José García Posada

La Universidad, rehén de la acracia – Juan José García Posada

Junio/23 Para García Posada, en El Colombiano, es la autonomía universitaria la que está en cuestión en lo relacionado con la capacidad de la universidad de salvaguardar su libertad de pensamiento y de acción y protegerse contra atentados acráticos.

Los ácratas de todos los pelambres han tenido siempre como un objetivo principal secuestrar la corporación universitaria. Los nuevos desórdenes en la tradicional recordación del 8 y el 9 de junio, con el asalto de la Nacional, la de Antioquia y la del Valle por encapuchados extremistas, es una prueba más de esa vieja estrategia que niega y combate la autonomía de las instituciones de educación superior. Es oportunísima la nueva discusión sobre por qué, para qué y cómo las universidades deben protegerse de las arremetidas violentas perpetradas por diversas facciones empeñadas en someterlas como aparatos al servicio de la anarquía y privadas de sus fines esenciales como cerebro y conciencia crítica de la sociedad.

La eliminación de cualquier tipo de autoridad es la ambición de la acracia, la obsesión de los ácratas, discípulos del pensador ruso Mijaíl Bakunin, el llamado padre del anarquismo, quien proponía “la emancipación del hombre de todo tipo de organización jerárquica que limite coactivamente la libertad del ser humano”. El ácrata no reconoce ley, ni órdenes ni autoridad legítimas y lucha por destruirlas. No hay que ser muy perspicaz para identificar ideas y procedimientos acráticos en tantas demostraciones de violencia sin sentido y de atentados contra derechos fundamentales a vivir con libertad, orden y seguridad, sin coacciones y amenazas. Basta repasar los titulares periodísticos para comprobarlo.

Y es la autonomía universitaria la que está de nuevo en cuestión, en especial en el aspecto de la capacidad de la universidad de salvaguardar su libertad de pensamiento y de acción y protegerse contra atentados acráticos. La autonomía la entendemos los universitarios como la facultad de autogobierno, de darse sus propias normas y de crear y ejecutar sus proyectos mediante la libertad de cátedra e investigación y de libre administración. La autonomía es “la facultad que poseen las universidades para autogobernarse, darse sus propias normas dentro del marco de su Ley Orgánica y designar a sus autoridades, para determinar sus planes y programas dentro de los principios de libertad de cátedra e investigación y para administrar su patrimonio”. Ortega y Gasset sostenía que la misión de la universidad no puede ser adoctrinar sino formar. Una fuente de tal concepto fue el Manifiesto de Córdoba, Argentina, en 1918. Universidad integrada a la vida social. Esto no lo admiten los manipuladores de conciencias ni los lavadores de cerebros.

Desde mediados del Siglo Diecinueve, el cardenal británico John Henry Newman, inspirador importantísimo del pensamiento universitario moderno, escribía que la universidad es el más alto protector de todo conocimiento y ciencia, de hecho y principio, de indagación y descubrimiento, de experimento y especulación. Craso error si en este país queda desprotegida la universidad en estos tiempos de incertidumbre y desconfianza, si se le priva del derecho y la obligación de dotarse de su propia organización interna de seguridad para garantizar la autonomía, si se le abandona y condena al plan totalitario de los ácratas que se esfuerzan por mantenerla como rehén.

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