¿Por qué callan los rectores sus inconformidades con Mineducación?

¿Por qué callan los rectores sus inconformidades con Mineducación?

Julio 4/23 Delante de la ministra y, en grupo, casi todos los rectores elogian su vida, apuesta por la inclusión y políticas gubernamentales, pero a sus espaldas se quejan del Ministerio, de sus formas, procesos y objetivos.

Es una práctica ya común en el sector. No pasa sólo con la ministra Aurora Vergara Figueroa, o la viceministra Ana Carolina Quijano, sino en general con todos los altos directivos del gobierno en el sector educativo, tanto del equipo del presidente Gustavo Petro como de los anteriores presidentes.

Eso sí, si el ministro – ministra de turno se dejan “endulzar el oído” con lo que les hablan directivos y rectores, se están dejando desorientar y pueden actuar mal creyendo que lo están haciendo bien.

¿Por qué lo hacen?

La razón es muy simple: Se puede llamar instinto de supervivencia institucional.

La confianza y la transparencia no son, particularmente, las principales características del sistema de educación superior colombiano, lamentablemente.

Los intereses políticos de unos y de otros, y sobre todo la protección para que a las IES no llegue una intervención indeseada del Ministerio de Educación, presionan para que los rectores no se atrevan a expresar públicamente sus desacuerdos con las directrices que surgen de la cartera educativa.

“Una visita de inspección y vigilancia no se le niega a nadie”, se suele escuchar en el sector, en referencia al hecho – temor de los rectores a que cualquier comentario suyo que no guste al Ministerio sobre alguno de sus funcionarios, procesos o actuaciones, pueda derivar, a manera de presión – intimidación o desquite, en una visita sorpresa de la Subdirección de Inspección y Vigilancia, la apertura de un proceso administrativo, la negación de programas de fomento (dineros) para las IES y, lo más común, la aparición de trabas, reprocesos y demoras injustificadas en la aprobación de nuevos o renovados registros calificados o la acreditación o reacreditación de programas o institucional. Todos estos, procesos direccionados desde el despacho de la respectiva ministra.

Si bien es cierto que es difícil demostrar que dicho temor es real, sí es cierto que hay procesos, tanto de Inspección como de Calidad, que surten un trámite mucho más rápido que otros, sin una comprensión lógica de por qué pasa.

La necesidad de tener una buena imagen frente a la ministra de turno, se extiende a la necesidad de los rectores de buscar recomendaciones, apoyo en el proceso de elección de miembros de CONACES y CNA e incluso, de poder llegar al CESU, para estar más cerca de las decisiones que allí se tomen.

Por eso no es extraño ver que haya rectores que “se patraseen” en su opinión frente a actuaciones de la ministra frente a lo que habían dicho o apoyado en reuniones previas de asociaciones o en comunicados públicos. Esto ha pasado especialmente con rectores de universidades de mayor tamaño e influencia, muy interesados en no perder el favor del gobierno en alianzas y contratos interadministrativos que les representan mucho dinero para su IES.

Con el actual gobierno, es claro que ni la ministra ni la viceministra detentan el liderazgo académico y técnico deseados por el sector, pero todos los rectores prefieren comentarlo en privado, nunca en público.

Los directivos de las IES públicas actúan como si permanecieran chantajeados. La posibilidad de obtener más recursos, vía apoyo del Gobierno en el Legislativo, o alguna resolución del Ejecutivo para entregarles más recursos a sus instituciones, los mantiene ansiosos y al servicio de cualquier llamado del Ministerio. Además, la expectativa de tener más dinero como producto de los discursos del actual gobierno de crecer en cobertura y con nuevas sedes universitarias, los lleva a buscar todo escenario de complacencia para que la Presidencia, Mineducación, Minhacienda o Icetex, los satisfaga con algo.

Los rectores de las IES privadas se dividen entre los que buscan protagonismo sectorial, vía asociaciones, pero que difícilmente o nunca se ponen de acuerdo para expresar una inconformidad al Ministerio, y los rectores que demuestran un muy bajo perfil; no participan en asociaciones, nunca se les ve, no se pronuncian en nada y prefieran pasar de agache (posiblemente ellos sí sufrirían con una visita inesperada de la Subdirección de Inspección y Vigilancia). La ingenua ilusión de que el Estado les dará algo de los prometidos, y cada vez más borrosos 500 mil nuevos cupos anunciados, los lleva a actuar de forma complaciente pero nada crítica con el Estado.

¿Qué es peor: La complacencia de los rectores, la ausencia de carácter sectorial para expresar las inconformidades o que los altos directivos del Ministerio no generen la confianza suficiente para que esto no pase?

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