El derecho a la educación artística y el rescate del mundo de la vida: Héctor Antonio Bonilla Estévez

El derecho a la educación artística y el rescate del mundo de la vida: Héctor Antonio Bonilla Estévez

Sept/24 Para Bonilla, Exrector Universidad Antonio Nariño y Expresidente Asociación colombiana de facultades y programas de artes ACOFARTES, para recuperar y equilibrar el Mundo de la Vida es necesario defender el derecho a una educación artística.

Para iniciar este artículo, es pertinente recordar la propuesta husserliana sobre la concepción del Mundo de la Vida. Este concepto abarca todo aquello que constituye nuestras experiencias y vivencias cotidianas, donde se encuentran el sentido de vivir, las emociones, los sentimientos y las diversas formas de subjetividad que moldean nuestra percepción del mundo.

“El Mundo de la Vida es aquel en el que lo esencial no viene dado por relaciones exteriores o causales entre los objetos, sino por la significatividad humana que conforma nuestro primer y primordial contacto con la realidad. Es decir, el Mundo de la Vida es el mundo del significado, del sentido, aquello que constituye propiamente nuestro cosmos y nos es dado en primera instancia como un regalo de nuestros antepasados.” (Cobos, 1999)

Según el profesor Guillermo Hoyos, en su estudio sobre la fenomenología de Husserl, el Mundo de la Vida es un ámbito múltiple de lo subjetivo. Este concepto posee una visión teleológica, que parece ser inherente al mundo dado, ya que la teleología está relacionada con la subjetividad que forma y moldea la cultura.

“Los objetos culturales llevan un carácter teleológico permanente, el sentido de una idoneidad fundada alguna vez, y se ofrece por tanto como acceso a la historia, que no puede ser comprendida como mero acontecer del mundo como objeto que subsiste en sí mismo, sino como un acontecer obtenido en múltiple actividad de una comunidad plural del nosotros.” (Hoyos, 2012)

Según Hoyos (2012), a la historia de los productos culturales no solo pertenecen las ciencias, sino también las artes, ya que ambas tienen finalidades en el Mundo de la Vida. Su propósito es aportar lógica e idealizar los aspectos vitales que conforman este mundo.

Habermas, por su parte, sostiene que el Mundo de la Vida no es un espacio privado, sino un mundo intersubjetivo, cuya estructura básica es compartida por todos Además, afirma que la socialización de los miembros de este mundo asegura la conexión entre las nuevas situaciones históricas y los estados previos del mundo. Este proceso garantiza a las futuras generaciones la adquisición de capacidades de acción generalizadas y permite armonizar las vidas individuales con las formas de vida colectivas. La capacidad de las personas para actuar de manera autónoma y responsable en sus interacciones y estilos de vida depende de esta sintonización (Habermas, 1999).

Sin embargo, en la práctica, el Mundo de la Vida ha sido descuidado y reducido por la influencia del cientificismo y la modernización. El ser humano ha sido progresivamente cosificado, de modo que su subjetividad ha perdido relevancia. Lo que ahora importa no es el ser humano en su interioridad, sino cómo se percibe como objeto, cliente o mercancía, facilitando así su manipulación.

El vertiginoso avance de la técnica y la tecnología, junto con sus productos, ha relegado lo más esencial del Mundo de la Vida. En la vida cotidiana encontramos múltiples ejemplos de cómo esta transformación ha generado una alienación significativa, promoviendo nuevas formas de comportamiento irreflexivas. Hemos pasado de la caligrafía a una era digital incontrolable, donde predomina la “cultura del dedo pulgar”. Las expresiones literarias, antes brillantes o sencillas, han sido reemplazadas por mensajes rápidos, carentes de estructura y construcción lingüística, en detrimento de la comunicación hablada y escrita. Para las nuevas generaciones, este fenómeno no resulta impactante, ya que han nacido y crecido en esta cultura, inmersos en una tecnología adictiva y despersonalizada, dirigida por algoritmos que operan a velocidades vertiginosas y con fines específicos.

No se trata de idealizar el pasado ni de condenar los avances tecnológicos y el conocimiento que ha permitido la creación de estas plataformas actuales. Sin embargo, en medio de este entorno, algunos sectores de las nuevas generaciones reclaman, a través de expresiones “rebeldes”, el reconocimiento de su existencia como seres humanos. Exigen el derecho a ser, a su subjetividad, a expresar sus emociones y sentimientos, y, en última instancia, el derecho a vivir como humanos.

La crisis actual de nuestras sociedades, la crisis de la cultura, tiene sus raíces en nuestra desconexión interna. No nos conocemos a nosotros mismos ni tenemos tiempo para hacerlo, lo que nos hace sentir extraños ante nosotros mismos y ante los demás, obstaculizando el desarrollo de la personalidad. Esto nos lleva a una pregunta existencialista crucial: ¿cómo podemos construir una sociedad si ni siquiera sabemos quiénes somos?

Nos hemos embarcado en un mundo “moderno” sin haber asimilado los principios fundamentales de la modernidad. Si bien ya no somos esclavos de señores feudales o de esclavistas, hoy somos prisioneros, de forma más sofisticada, de las grandes multinacionales que controlan el mercado de consumo mediante medios persuasivos y sutiles. Hemos dado un paso para avanzar o retroceder en el reconocimiento unidimensional del ser humano a un acelerado proceso de masificación. Hemos luchado durante muchos años por los derechos y las libertades individuales y colectivas, hoy somos en resumen un objeto, un número estadístico, un data, un cliente potencial, una mercancía.

Además, la comunicación intersubjetiva se ha visto anulada, dando paso a una racionalidad instrumental en la que un ser humano pasa por encima de los demás para construir un mundo material con los objetos que le permiten realizarse. Esta lógica, típica del “capitalismo salvaje”, ha ganado terreno en las últimas décadas, agravando el maltrato al Mundo de la Vida y alejándonos cada vez más de nuestra esencia humana.

Reiteremos:

Según García (1999), el Mundo de la Vida recupera el ámbito subjetivo y sirve como fundamento para los conocimientos que se desarrollan en el mundo objetivo. Este concepto, que precede al conocimiento científico, incluye un aspecto que las ciencias habían desatendido: la subjetividad, que siempre ha estado presente de manera anónima. Al ser intuitivo por naturaleza, el Mundo de la Vida muestra las cosas tal como se presentan, sin que la conciencia intervenga con ideas preconcebidas. Esto permite que el individuo se acerque al mundo de forma imparcial, obteniendo un conocimiento genuino. Este enfoque, según García, es posible únicamente a través de la fenomenología.

La situación actual nos invita a reflexionar sobre la necesidad de rescatar y reconstruir el Mundo de la Vida. En la sociedad contemporánea, marcada por una visión positivista, se ha generado una clara división entre el “reino de la razón” y el “reino del corazón”. Este enfoque ha relegado los sentimientos, emociones y afectos a un plano inferior, considerándolos expresiones humanas de menor relevancia. En consecuencia, el valor del arte, como una parte esencial de la sociedad, ha perdido peso, reflejándose también en su ausencia dentro de la educación.

Vivimos en un mundo altamente racionalizado, dominado por los avances tecnológicos y el imperio de los algoritmos., Herramientas que rigen muchos de los comportamientos de los seres humanos, la sofisticación de los mismos y los enormes bancos de información (data) recogidos por importantes consorcios entre los que se encuentran los encargados de la seguridad mundial, incursionando con la velocidad de procesamiento de la información para imponer un nuevo modelo de lo que se conoce como la inteligencia artificial, un lugar en el que el humanismo no tiene un valor significante y se reduce a estar en el índice de un sistema de información.

En las actuales condiciones, el Mundo de la Vida, que representa el ámbito de la intersubjetividad, se aleja cada vez más de la esencia humana. Como seres sociales, los humanos tenemos una necesidad inherente de interactuar, y nuestra capacidad para hacerlo depende en gran medida de la expresión, cuyo desarrollo está estrechamente ligado al arte y las humanidades. El arte, en sus múltiples formas, nos permite comunicar y expresar sentimientos sin recurrir a palabras, generando un impacto profundo en el plano social. l. (Marrero, 2018)

Cuando no se le trata como una simple mercancía, el arte se erige como una de las expresiones más elevadas de las emociones humanas. El proceso creativo en el arte es una experiencia de profunda inmersión, marcada por revelaciones continuas, exploración interior, y desafíos que proporcionan retroalimentación inmediata. A través de este proceso, el artista mejora constantemente su técnica y reflexiona sobre sus decisiones intelectuales (metacognición). Además, el arte fomenta un diálogo social permanente y generativo, ya que depende de la interacción con otros, tanto artistas como espectadores. La creación artística es colaborativa por naturaleza y lleva consigo una intensa carga emocional que actúa como un motor impulsor, transformando el proceso en una motivación intrínseca..

Una propuesta innovadora y creativa debe centrarse en el fortalecimiento y descubrimiento de talentos, promoviendo la construcción, desarrollo e integración curricular que responda a las necesidades educativas en distintos territorios, con un enfoque en las relaciones interpersonales, los aprendizajes esenciales y las herramientas para la vida. A través de estrategias didácticas que estimulen la exploración, el descubrimiento y la experiencia, la indagación y la experimentación artística, se busca sensibilizar, fomentar la percepción, incentivar la expresión artística y desarrollar la capacidad de apreciación y creación. Todo ello con el objetivo de ayudar a las personas a encontrar su vocación y explorar el ámbito profesional, restableciendo así el equilibrio en el Mundo de la Vida mediante el reconocimiento de lo humano.

Este enfoque no está en conflicto con los principios básicos del aprendizaje (memoria, atención, percepción, habituación, motivación), que deben integrarse en las propuestas formativas contemporáneas, generalmente asociadas a la lógica del conocimiento científico. A pesar de que algunos autores expresan divergencias en torno a estos aspectos, en la práctica se encuentran totalmente entrelazados.

La educación artística, en particular, tiene como objetivo ir más allá del simple acceso al conocimiento o la visión racionalista del mundo. Busca que cada ciudadano desarrolle su capacidad de pensar críticamente, ponerse en el lugar del otro, interpretar su propia historia y comprender los sentimientos, deseos y expectativas de los demás. Las artes y las humanidades son el medio natural para potenciar estas habilidades, permitiendo el desarrollo de funcionamientos sociales complejos como la autodignidad y la integración. (Valencia, 2022)

La formación en artes y humanidades también tiene un impacto significativo en el pensamiento crítico, la creatividad y la innovación, que a su vez impulsan el crecimiento económico. Martha Nussbaum subraya que para generar innovación es fundamental tener una mente flexible, abierta y creativa, cualidades que pueden ser fomentadas a través de la literatura y las artes”[1] (Valencia, 2022)

En este contexto, para recuperar y equilibrar el Mundo de la Vida, donde el ser humano es un protagonista intersubjetivo, es necesario defender el derecho a una educación artística que permita al individuo expresar sus emociones y sentimientos, conectando lo existencial con lo racional. Esta educación artística no debe limitarse a cumplir con un currículo escolar, sino que debe ser un derecho fundamental y transversal, manifestado a lo largo de la vida en la construcción del ser humano y de la sociedad en todas sus dimensiones..

Trabajos citados

COBOS, T. L. (1999). El “Mundo de la Vida” de Husserl. archivado en textos de opinion.

García, A. (1999). Fenomenología y el mundo de la vida. Archivo en Textos de opinion.

Habermas, J. (1999). Teoria de la Accion Comunicativa. Madrid: Grupo Santillana de Ediciones S. A.

Hoyos, G. (2012). Investigaciones Fenomenológicas. Bogotá: Siglo y el hombre.

Marrero, A. M. (2018). El valor pedagógico de la educación artistica para la inclusión. La Laguna España: Universidad de la Laguna.

Valencia, J. (2022). Sobre la formacion en artes y humanidades en las escuelas colombianas. Barrranquilla: Observatorio de la educación en colombia – Uninorte.

[1] Jorge Valencia cita a Nussbaum en su escrito Crear Capacidades, Paidós, Barcelona 2012

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