De la indignación superior a la educación superior: Patricia Rincón Mazo

De la indignación superior a la educación superior: Patricia Rincón Mazo

Dic/24 Columnista de El Tiempo, la economista Rincón Mazo, que laboró como Vicepresidente Financiera del ICETEX entre 2017 y 2018, hace una descripción del crudo panorama que enfrenta el sector con las medidas del actual gobierno.

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El debate sobre la educación está al rojo vivo. Desde las dificultades financieras del Icetex hasta declaraciones cuestionando enviar a menores de edad a estudiar, pasando por la urgente necesidad de recursos para la educación superior, el panorama refleja una crisis de gestión pública y desconexión con las necesidades sociales. La indignación crece, pero también la oportunidad de reimaginar el sistema.

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La educación superior es una preocupación global. De los 195 países del mundo, entre 20 y 30 ofrecen esquemas de gratuidad. Alemania, Noruega y Argentina destacan por garantizar acceso y estrategias para retener talento. Sin embargo, los retos varían: la tasa global de matrícula en educación superior es del 40 %, con disparidades notables, como el 70 % en América del Norte y Europa, frente a apenas el 9 % en África subsahariana. La cobertura no solo depende de voluntad política, sino de sistemas educativos sólidos y bien financiados.

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En Colombia, la tasa de matrícula alcanza el promedio regional, con una cobertura bruta del 52 %. Más de 2,4 millones de estudiantes se distribuyen casi equitativamente entre universidades públicas (52 %) y privadas (48 %). A pesar de esto, el modelo actual tiene serias limitaciones: el financiamiento de la oferta –recursos directos a las IES públicas– no cubre la creciente demanda de cupos ni fomenta mejoras en la gestión. Y el financiamiento de la demanda, canalizado principalmente a través del Icetex, recae en créditos educativos que endeudan a familias de menores ingresos, perpetuando desigualdades. Estudiantes de regiones apartadas o con menor capacidad económica enfrentan barreras casi insuperables para acceder a una educación superior de calidad.
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¿Cómo mejorar el sistema? Fortaleciendo la oferta pública (instituciones de educación superior –IES–), lo cual implica mayor inversión en infraestructura, ampliación de cupos y contratación de docentes calificados. Pero no basta con más recursos, necesitamos métricas claras: ¿cuántos cupos adicionales genera una universidad pública con un aumento anual de 1.000 millones de pesos pagados con nuestros impuestos? Este tipo de indicadores debe guiar la política pública.
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Además, es urgente diversificar la oferta educativa. Los institutos técnicos y tecnológicos, no obstante su potencial, carecen de recursos y reconocimiento social. Modalidades como programas en línea o nocturnos podrían abrir oportunidades para quienes trabajan o tienen responsabilidades familiares. Reducir las brechas regionales también debe ser prioridad: las IES en zonas rurales requieren estrategias adaptadas a sus realidades.
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En cuanto a la demanda (financiación directa para los jóvenes), es imperativo rediseñar el modelo. Más becas no reembolsables para estudiantes vulnerables y reformas en los créditos del Icetex. Australia y el Reino Unido implementaron esquemas de pago contingente al ingreso y las cuotas dependen del salario del egresado. Este modelo, además de justo, evita que los jóvenes carguen con deudas impagables. En Chile, el 60 % más vulnerable de los estudiantes disfrutan de gratuidad desde 2016, con universidades financiadas por el Estado bajo estrictos estándares con indicadores de calidad. Este equilibrio entre financiamiento y rendición de cuentas es un ejemplo para Colombia.
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Pasar de la indignación superior a la mejora de la educación superior requiere participación ciudadana. Una reforma educativa debe ser un proceso colectivo. Financiar la educación superior es esencial, pero no se trata solo de transferir recursos: debemos garantizar que ningún joven quede fuera del sistema. ¿Estamos listos para esta transformación? Es momento de pasar de la indignación a la acción. La educación superior no solo define el futuro de nuestros jóvenes, sino el de toda Colombia.

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