Nov/25 Cárdenas, columnista de El Observatorio y Director Observatorio de Sociopolítica, cultura y ambiente de Unisabana, señala cómo la IA transforma universidades y sociedad, pero plantea riesgos laborales y educativos, revalorizando la oralidad como dimensión pedagógica esencial.
Introducción
La inteligencia artificial es sin duda uno de los grandes hitos históricos que vienen experimentando algunos sectores de la humanidad. Sus avances e implementación en todos los campos de la vida social vienen revolucionando la vida, el campo de lo real y la realidad. Una herramienta o conjunto de herramientas que están cambiando el mundo de las empresas y de las universidades. Los miembros de la comunidad académica experimentamos un salto cualitativo “artificial” en la vida cotidiana y en nuestra experiencia como docentes, investigadores y académicos. En determinadas tareas que han estado mediadas por la inteligencia artificial, vemos a nuestros estudiantes, a nuestros colegas, a los administrativos y a nosotros mismos más “inteligentes”, “más versados”. Si se cita a un prestigioso autor por parte de un profesor en una reunión de trabajo, es usual ahora que un colega que nunca ha leído a dicho autor le pregunté rápidamente a Perplexity o ChatGPT sobre las ideas del mencionado libro o personaje, y el profesor replica, argumenta o contraargumenta lo señalado inicialmente por el profesor que lo había citado con conocimiento de causa. Citamos a Platón, a Nietzsche a Simón Bolívar o a cualquier otro intelectual sin haberlos nunca leído o estudiado. El diálogo pareciera que se ha enriquecido. Sin duda, se ha operado un salto “cualitativo” que con el tiempo tendrá que ser evaluado en sus consecuencias. No voy a juzgarlo. Pero tenemos como efecto que ya nadie va a leerse la obra completa de ningún autor o escuela de pensamiento, y lo grave es que eso sucederá en el mundo de la universidad, hoy distraída y afanada por los resultados de aprendizaje, la calidad educativa y por titular de manera deleitable, rápida y lúdica a todo el mundo.
Sin embargo, la erudición “artificial” que vivimos también tiene un sino más oscuro y triste. En el horizonte inmediato del mundo laboral, ya empiezan a percibirse algunos efectos no tan positivos de la IA: los más de 800 mil empleos perdidos en el primer semestre de este año en los Estados Unidos y los próximos 30 mil empleos que se perderán en las siguientes semanas en empresas como Amazon son atribuibles directamente a los efectos de la implementación de procesos mediados por la IA, donde tokens y compañías como Theta y sus procesos basados en IA ya ejercen funciones antes realizadas por humanos. En el orden laboral, la irrupción de tecnologías nuevas en muchas ocasiones implica grandes transformaciones sociales. Nuestros jóvenes que hacen presentaciones, videos, escritos y diseños de todo orden mediados desde la IA, en el fondo ignoran que muchos de los empleos a los que podrían aspirar en pocos años ya no estarán disponibles precisamente por la adopción de la IA en muchas empresas e instituciones.
Nuestras universidades vienen adoptando de manera estratégica todo el campo de posibilidades de la IA y están generando valiosas ofertas académicas y reflexiones éticas sobre los usos de la IA. Quizás nos falta pensar seriamente en función de los horizontes laborales y de cómo estamos formando profesionales para los nuevos entornos profesionales que estarán atravesados por la IA; se hace fundamental estudiar seriamente lo que la IA implicará para la empleabilidad de los egresados universitarios. Sus futuras habilidades y competencias estarán condicionadas por la IA, pero ¿es suficiente su entrenamiento sobre la IA o existen otros campos de la formación que estamos descuidando, no reconociendo o dejando de lado?
La investigación, la docencia y la extensión universitaria tendrán que favorecer la adopción de la IA, pero también la universidad tiene la tarea y misión de conservar y potenciar el campo de realidad de lo análogo, de la intuición, reflexión, contemplación y empalabramiento como espacios singulares y señeros en la educación humana. No todo tiene que ser inteligencia artificial. Desde luego que constatamos cómo la IA eleva los planos materiales de los significantes de nuestros estudiantes, no necesariamente el plano del sentido o la significación (Saussure). Vemos cómo los problemas de investigación, incluso las tesis de maestría y doctorado que se formulaban en varios semestres o años, ahora se formulan en unos minutos. Dos o tres años atrás, era usual llegar a la defensa de una tesis de maestría o doctorado, como director o jurado, y ver cómo los jurados en la defensa sugerían cambiar o afinar objetivos y la pregunta de investigación. En algunos casos, en las sustentaciones de tesis, aparecían errores de formulación a los ojos de los jurados que ni el estudiante ni el director de tesis habían registrado o reconocido en procesos que les tomaban años. Hoy los académicos experimentamos que los diseños de investigación y los procesos de implementación se formulan aparentemente de manera impecable; la redacción se expresa de manera lógica, clara y coherente. Diríamos que vivimos un salto cualitativo de orden formal, semántico y gramatical. Lo que no se puede aseverar con certeza es que el estudiante se haya apropiado del componente del sentido y de la significación del proceso de investigación. Estamos ante un tema que necesita más reflexión y estudio y que requiere un abordaje desde el análisis del discurso y la semiótica aplicado a la IA. Una investigación en la que me encuentro.
Los cambios que la IA está introduciendo son fascinantes y hacen parte de la aceleración de la historia. Hacia finales de la década de los años sesenta, cuando se iban a cumplir los 500 años de canonización de san Buenaventura (1221-1274), en el año 1977, los máximos prelados franciscanos de la Orden les encomendaron la tarea a algunos frailes de visitar y sistematizar todo el conocimiento acumulado existente sobre san Buenaventura depositado en las principales universidades de Europa. La comunidad franciscana quería conocer y preservar el legado intelectual de uno de los gigantes espirituales de la humanidad. La tarea les tomó 20 años. Visitaron las principales universidades de Europa y lograron rastrear e identificar autores, libros y escuelas que habían escrito, comentado, interpretado o analizado a san Buenaventura. Hoy, una revisión sistemática sobre el estado del arte de unos 20 millones de artículos o libros la puede realizar una aplicación de inteligencia artificial en diez o menos minutos. El resultado que arroja es en sí mismo un artículo de investigación organizado en términos de problema, preguntas, objetivos, resultados, discusión y conclusiones. Sin duda, sorprendente. El output arroja gráficos, tablas y figuras. En el mundo, miles de doctorandos vienen realizando a la fecha sus trabajos desde la utilización de aplicaciones de inteligencia artificial. Empresas y universidades convocan a sus empleados a llevar a cabo sus actividades, diseños institucionales, cursos, proyecciones misionales desde la utilización de inteligencia artificial. Todo ha sido muy deprisa, pues la presentación en sociedad de las primeras aplicaciones sucedió en el año 2023. La rapidez, a mi juicio, nos está impidiendo pensar, y las generaciones de reemplazo, llenas de vitalidad, asumen las tareas delegadas desde las esferas directivas sin decantar los propósitos, los sentidos y los argumentos. El lema es el resultado y los procesos reflexivos ya no tienen mucho sentido ni espacio. Los viejos elefantes sobran, sus memorias y experiencias poco importan. Lo que prevalece es la habilidad en generar buenos y eficaces <<prompts>> con los cuales organizamos desde las misiones universitarias hasta los syllabus de nuestras clases y hasta las actividades didácticas.
Se nos presenta todo un reto para las universidades contemporáneas y para la sociedad. Conversando en estos días con un amigo postdoctorado de la Universidad de Oxford, quien ha dedicado su vida a trabajar con inteligencia artificial, entre entusiasta y temeroso me decía con miedo:
—No tenemos ni idea de qué es lo que se nos viene. No sabemos a ciencia cierta lo que se está desencadenando con la inteligencia artificial.
Lo cierto y evidente es que el paisaje digital, en el que incluyo a la IA, está reproduciendo y generando códigos de conocimiento que hoy definen y están transformando la institucionalidad universitaria. La inteligencia artificial establece hoy un vínculo de co-mediación y de co-inteligencia con los humanos que está transformando la historia y las sociedades y culturas de manera radical. Todo un desafío cuya acción y efectos tienen que ser leídos sencillamente como la expresión del proceso de aumento de la densificación de la historia humana, su economía, cultura, procesos sociales y políticos. Procesos que arrancaron hace unos 6 mil años con la aparición de los primeros Estados, la agricultura, la urbanización y la escritura. Así, la IA tiene que ser leída como parte de la evolución y del progreso de la humanidad en el contexto de historias de violencia, cooperación y cosificación del hombre. Su fuerza hace parte de la evolución y del progreso de la humanidad. Como cualquier proceso de innovación tecnológica, ciertos oficios van a desaparecer. Por ejemplo, si recordamos a los bogas en el río Magdalena, que tuvieron su auge en la colonia neogranadina desde el siglo XVI hasta casi el siglo XX, dejaron de existir y de ser necesarios cuando su actividad se vio afectada ante la llegada de los buques de vapor, y estos también desaparecieron a mediados del siglo XX con la llegada de los ferrocarriles, la construcción de carreteras y la aviación. Desde luego que los cambios tecnológicos y sus innovaciones implican afectaciones culturales. Toda la tradición oral de los bogas, habitantes afrocolombianos, esclavos o esclavos emancipados, sus cantos y alabados desaparecieron, y con ello se perdió la tradición oral que nos hablaba de la cotidianidad, de la noche, las estrellas y de lo que significó para estos esclavos negros desplazarse por el río Magdalena llevando mercancías y personas a lo largo de los distintos puertos del río. Sus testimonios y experiencias marcan uno de los capítulos más valiosos e ignorados de la historia nacional.
Entrar en detalle en la discusión sobre los efectos positivos o negativos de la inteligencia artificial no es el propósito de este texto. Quiero destacar unos sencillos hallazgos antropológicos de mi experiencia con las aplicaciones de la inteligencia artificial, identificando unas posibilidades que la acción tecnológica de la inteligencia artificial va a generar en el entorno sociocultural de la humanidad, y que en mi opinión tendrá que ser incorporada como expresión educativa y pedagógica en la formación escolar y universitaria del mundo. Estamos deslumbrados con la IA. Es nuestro nuevo juguete y, como he señalado, sus relaciones y dinamismos son sorprendentes. Ahora, la IA no está en capacidad de colonizar toda la realidad y el campo de lo real. La investigación clásica, en mi caso como antropólogo, la etnografía rigurosa y bien realizada seguirá siendo irremplazable en lo referido a la codificación y descodificación de realidades culturales. La IA sabe poco de procesos históricos o de la investigación de campo. Sin duda, me puede proporcionar una guía etnográfica, que será una ayuda, pero la lectura, descripción e interpretación de los imponderables cotidianos de una sociedad seguirá siendo asunto del agente humano, que podrá enriquecer o desfigurar su lectura etnográfica desde la utilización de diversos dispositivos de la IA. La acción fundamental y la actuación humana serán siempre un espacio humano mediado por encuentros humanos, por nuestros juicios valorativos, nuestra cosmopercepción, decisiones y los marcos o escuelas teóricas por las que apostamos.
La IA, pienso de manera hipotética, le abrirá paradójicamente nuevos espacios a la oralidad y de manera indirecta tendrá como efecto cultural el renacimiento de la oralidad. Por eso las referencias a los bogas que me sirven para ilustrar el problema de este texto y la idea que vengo desarrollando. Desde una perspectiva antropológica e histórica, la fuerza y los dinamismos de sentido que plasmó la oralidad en las sociedades ágrafas y en la proyección de la oralidad en las sociedades marcadas por la escritura tendrán que ser valorados y estudiados.
La inteligencia humana y la acción, en su fortalecimiento, tendrá que incorporar en lo educativo, la necesidad de reconocer relaciones de orden triádicas (semióticas) mediadas por: i) la oralidad, ii) la escritura, iii) mediaciones digitales (IA, Machine Learning, Blockchain, robots, etc.). Las sociedades ágrafas que existieron y aún existen, aunque de manera debilitada; tendrán un importante lugar a ocupar en el horizonte de una educación basada en principios y valores organizados desde la fundamentación de los componentes o constitutivos que son irreducibles a la experiencia humana.
La pregunta puede ser: ¿Cuál es el lugar señero del hombre en los tiempos de la inteligencia artificial y qué implicaciones tiene la IA como experiencia de orden diferenciada en el mundo de la vida humana y no humana?
La oralidad, artes y oficios como expresión irreducible de lo humano
Vamos a hablar de la IA como una máquina. Una máquina-enciclopedia que escribe, redacta, genera imágenes, sugiere textos, analiza, hace correlaciones, invierte en el mundo bursátil, que está relacionada con las apasionantes cadenas de blockchain que están revolucionando el mundo de los negocios y transformando el papel del Estado y los gobiernos, hace videos y películas. Una máquina potente que nos puede ayudar a descifrar los secretos de la vida y del universo, desde estrellas fugaces hasta los agujeros negros. Una máquina que pareciera que no tiene límites en sus capacidades escriturales. Su “alma” digital puede verse como un lienzo infinito surcado por bits y ecuaciones que llegaron para acompañar los caprichos y sueños humanos. Una máquina-juguete poderosa y también peligrosa. Vemos que tiene capacidad discursiva y retórica; puede ser mi amante, mi guía, médico y hasta mi guía espiritual. Su lenguaje puede oscilar desde la poesía, la novela y el texto científico más elaborado. Es decir, es una enciclopedia viva, interactiva, transinteractiva, que aprende, que correlaciona, que escribe, parafrasea, sintetiza y que cada vez se hace más potente. La IA es el autor que más libros está generando en portales como Amazon. No obstante, la IA no tiene todas las respuestas; hay muchos temas que ignora. No es buena en acceder a los componentes de la oralidad de los que vengo hablando. No todo lo puede rastrear, sencillamente porque hay temas o ámbitos de estudio y procesos humanos que existen, existieron y que el mismo hombre ignora o ha olvidado. Y por ello es por lo que la investigación sobre fuentes primarias siempre será fundamental.
Ahora, hay que recordar que estamos en las etapas embrionarias inferiores y tempranas de sus desarrollos. Si en el proceso educativo nuestros estudiantes la asimilan y utilizan mediante procesos reflexivos que los llevan a estudiar, pensar, argumentar, reflexionar, debatir y actuar, estamos entonces ante un plus de sentido que sin duda va a favorecer los procesos de enseñanza y aprendizaje de manera sustancial. Si pasa lo contrario, sencillamente la utilizarán como buenos programadores de respuestas y preguntas y mediante la utilización de buenos <<prompts>>. Si el segundo escenario se convierte en el dominante, lo que se va a generar es un serio problema en el campo de la educación que se traducirá en gente que no sabe pensar, argumentar, debatir. Organismos-individuos dóciles, sumisos, entes dominados por el maquinismo, el facilismo, la mediocridad y finalmente el autoengaño. En el fondo, esa carrera cursada en la universidad fue o será un gran timo, un absoluto autoengaño. Y si es así, diría un viejo elefante: «No vengan a la universidad si esa es la promesa de valor que se les ofrece».
Por lo tanto, los educadores universitarios estamos obligados, desde el reconocimiento del valor instrumental de la IA, a pensarnos en espacios educativos y pedagógicos experienciales, meditativos, contemplativos, disruptivos y sapienciales que proporcionen elementos que no puede proporcionar la máquina, y es en este campo donde pienso yo que la oralidad, cuyos máximos representantes fueron las sociedades sin escritura, llamadas ágrafas en la literatura antropológica, puede darnos unas claves operacionales y de acción para generar sinergias educativas entre la máquina IA y los procesos cognitivos y cognoscitivos que marcan la experiencia humana. Procesos que he denominado las pedagogías de la libertad, del corazón y de la persona humana.
En términos generales, la aparición de los primeros homínidos aconteció hace unos 4 millones de años. La prehistoria humana, marcada por la presencia de sociedades sin escritura, se desarrolló en un paso de tiempo temporal amplio. Le tomó al homo sapiens sapiens casi 300 mil años descubrir la escritura y fue un proceso regional incipiente cuya difusión completa aún no se ha realizado en toda la faz del planeta. La aparición de la escritura sucedió de forma paralela e independiente hacia el cuarto milenio a. C. entre los sumerios y los egipcios. La mayoría de las culturas humanas se mantendrían ágrafas hasta el día de hoy. La alfabetización ha sido un proceso paulatino, que incluso no tiene cobertura absoluta en muchos de los países del mundo en la actualidad. En Colombia, muchos adultos, especialmente aquellos que viven en comunidades indígenas y en zonas de frontera, no saben todavía leer o escribir.
Nuestros pueblos indígenas en su núcleo societario fueron sociedades ágrafas. Cuando me refiero a sociedades ágrafas, no lo hago despectivamente. Se reconoce en ese hecho que la historia de la humanidad, en casi el 99.9 de su experiencia, estuvo marcada por la presencia exclusiva de la oralidad frente a la escritura. A su vez, la imprenta fue inventada por Johannes Gutenberg, un orfebre alemán, alrededor del año 1440 de nuestra era en Maguncia, Alemania.
Su innovación se incorporó lentamente como competencia en la población, un suceso revolucionario que iría a permitir la producción masiva de libros a un costo significativamente menor que el copiado a mano. Aun así, el grueso de la humanidad y de las culturas siguieron siendo ágrafas por muchos siglos. La imprenta de Gutenberg revolucionó la difusión del conocimiento, aceleró el Renacimiento y tuvo un profundo impacto en la alfabetización, institucionalización de los sistemas escolares y la cultura occidental. Sin embargo, ni la aparición de la escritura ni la invención de la imprenta eliminaron la presencia de las sociedades ágrafas, cuyos grupos humanos, muy atropellados por la modernidad, están representados por unos 800 millones de habitantes. Aun en el presente tenemos sociedades ágrafas (campesinos, sociedades tribales, sabedores), cuya experiencia de orden está marcada por la oralidad, en sus ricas y profundas creencias que se sustentan principalmente desde el plano mitopoético. Sus cosmovisiones, erosionadas por el contacto europeo, el etnocidio y genocidio, todavía se mantienen vivas. Sus sistemas de pensamiento y prácticas socioculturales, sin duda erosionadas, son la base donde podemos encontrar muchas claves y códigos de conocimiento que destacan una forma de ser en el mundo que se mantiene viva y que nos puede enseñar muchas dimensiones que lo escritural olvida, en el marco de los desafíos que la máquina IA nos plantea a las sociedades marcadas por la fuerza de los procesos escriturales, cuyo máximo exponente en la actualidad es la IA.
Recapitulando, la tesis o hipótesis que quiero plantear es la siguiente: La IA, como maquinismo disruptivo, lleno de posibilidades y realizaciones, le abre de nuevo un campo educativo y sapiencial emancipatorio y libertario a los conocimientos marcados por la oralidad, sus formas de lenguaje, cosmovisión, enseñanza y aprendizaje.
La aparición de la escritura y la imprenta no significaron que la oralidad desapareciera en las sociedades alfabetizadas; el lugar experiencial de lo que se ha llamado el metadiscurso, tales como la retórica, lírica, música, poesía, arte, danza, rito-mito y teatro, mantuvo su importancia, pero nuestras universidades hasta hace pocos años tenían como indicador de calidad el número de libros y colecciones que tuvieran en sus bibliotecas. Hoy miden y autoidentifican su calidad educativa en correlación con el número de programas que ofrecen cuyo énfasis es la IA.
En la universidad colombiana, sus directivos, profesores y administrativos venimos consumiendo IA como locos. En mi humilde opinión, creo que no estamos reflexionando de manera profunda, geopolítica y teleológica sobre los fines supremos de la educación en clave humanista. La clave humanista no es un tema de erudición o de capacidad de manejo de aplicaciones o programación de la IA; refiere la necesidad de no olvidar que todos estamos llamados, en la medida de nuestras responsabilidades y capacidades, a humanizar un mundo atravesado por la pobreza, ignorancia, odio, guerra, ideología y violencias.
Ahora, la aparición de la escritura tuvo un efecto en la transmisión de conocimiento de sociedades que paulatinamente pasaron de ser ágrafas a ser sociedades ilustradas mediante la escritura. Estoy hablando de procesos históricos, culturales y cognitivos complejos que estoy simplificando. Sin embargo, la idea es postular que los valores, atributos y funciones de la oralidad saldrán fortalecidos como expresión pedagógica diferenciada frente al maquinismo que nos plantea la IA. Lo importante es que las universidades y los sistemas escolares lo reconozcan y lo valoren.
Acto 1
—Estimados estudiantes, hoy es el parcial. Por favor, apaguen sus celulares y computadores. Las preguntas del parcial son las siguientes: a, b, c, d, f. Escriben las respuestas usando lápiz o esfero. Una vez hayan terminado de redactar sus respuestas, le tomarán una fotografía a su parcial y en una semana defenderán de manera oral su respuesta.
A la semana siguiente los estudiantes hacen una defensa oral de las respuestas de su parcial.
Una vez sustentada la respuesta, deben transcribir las preguntas de manera digital y se subirán a un blog del curso. Las respuestas las convertirán en un ensayo, pero no pueden transformarlo de manera significativa, solo correcciones ortográficas.
Con el anterior ejemplo, simplemente quero relatar una forma de pensarse un examen cuya mediación quiere promocionar actos escriturales no mediados por la IA y potenciados por la oralidad y habilidades de pensamiento en nuestros estudiantes. El repertorio es casi que infinito: sociodramas, storytelling, representaciones, salidas de campo, diseños en la naturaleza, meditaciones en clase, guiones de teatro, etc. De nuevo el espacio de la oralidad ocupa un lugar preponderante.
Acto final
El acto sintetizado anteriormente brindó una serie de respuestas satisfactorias que los estudiantes ejecutaron de manera escrita y que posteriormente sustentaron de manera oral. Desde luego, estoy trabajando con los mejores estudiantes de Colombia, (he sido profesor de médicos, ecólogos, abogados, ingenieros, economistas, psicólogos) estudiantes de la Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad de La Sabana, personas cuya vocación temprana como educadoras las enaltece como pertenecientes a uno de los grupos sociales más sensibles y talentosos de nuestra sociedad: aquellos que han escogido la profesión de maestras al terminar su adolescencia. Un grupo humano singular y único que nos recuerda a todos la importancia de la formación de los maestros, y también del ciudadano, no necesariamente politizado en el contexto de una civilización obsesionada en órdenes de experiencias que están orientadas principalmente hacia la acumulación de dinero, poder y prestigio como factor principal del ethos proyectado por la sociedad máquina, donde uno de sus inventos o suplicios más novedosos es sin duda la IA.
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