Nov/25 Forero, exdirector ejecutivo de Ascun y columnista de El Observatorio, advierte cómo el liderazgo universitario debe ser transformador, ético y anticipatorio, priorizando talento, cultura institucional y bien común sobre el poder y la endogamia.
Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales: “Una sociedad compleja no puede funcionar sobre una confianza interpersonal, requiere una confianza abstracta en las instituciones. Sin esta última, no hay mejora constitucional que valga.”
Los efectivos cambios en las reglas de juego introducen nuevas dinámicas en la toma de decisiones para escoger una persona con condiciones de liderazgo transformador. Un caso interesante se propuso en Inglaterra a finales del siglo pasado, cuando existía preocupación por la endogamia en las universidades públicas, para ello se validó el derecho de cualquier profesor universitario a ser aspirante a la rectoría, pero siempre y cuando no fuera en la Universidad donde estaba vinculado laboralmente. Luego se hizo práctica común escoger rectores producto de concursos internacionales.
Las investigaciones sobre liderazgo son muy amplias y polémicas. Ya Confucio hace más de 2.500 años impulsó un liderazgo equilibrado, virtuoso y adaptado a los desafíos de hoy en día. “Solo un dirigente con rectitud de carácter es capaz de orientar a la sociedad hacia el bien común”. La destacada neurocientífica Ana Ibáñez, que recientemente visitó Colombia, señala: “Un buen líder se mide por la grandeza que logran aquellos a los que inspira. Y nuestro cerebro necesita 4 aspectos para desarrollar esta mentalidad de líder”. 1. Tener pensamientos positivos y constructivos, 2. Ser capaz de ver oportunidades donde otros ven amenazas, 3. Tener ideas que otros no tienen, 4. Ser capaz de entender muy bien cómo son sus energías y sus estados.
El emprendedor Juan Carlos Casco, indica que las competencias para el liderazgo en la era de la Inteligencia Artificial van a ser reformuladas. Este nuevo marco de competencias incluye, entre otras, las siguientes: Verlas Venir, Descubrir lo Emergente, Crear Relatos, Mirar por el Parabrisas, Conducirnos con las Luces Largas, Aprender a lo largo del Día, Pensar en Grande, Ofrecerse a los Demás, Surfear el Cambio, Crear Comunidad, Invitar a vivir Aventuras, Orquestar Personas, Ser Disruptor, Planear Flexiblemente, Inventar Posibilidades, Inducir Estados de Ánimo, Anticiparse Creativamente, Ser Impecable, Satisfacer Clientes, Conversar con la Tecnología, Interpretar la Tecnología, Explorar y Probar, Gestionar Emociones, Darse Permiso, Aplicar el Conocimiento, Crear una Mente Maestra, Poner en Marcha un Grupo Motor, Fijar el Rumbo, Pensar Recursivamente, Convocar a un Equipo y hacer una Promesa Valiosa, Armonizar y Enfocar en la Acción, Declarar a Cada Persona una Reputación que Sostener, Destrucción Creativa, Estrés Creativo y Coinvención del Futuro.
En recientes reflexiones de dirigentes universitarios chilenos, a raíz de las tesis planteadas por los premios nobel en economía en este año, hacen referencia a la destrucción creativa y el progreso de las universidades estatales y a la transformación de las facultades de ingeniería, indicando que “el auténtico liderazgo universitario no consiste en conservar estructuras, sino en crear condiciones para que la comunidad se atreva a cambiar”.
En el ámbito colombiano, por fortuna se comienzan a escuchar por parte de directivos universitarios, planteamientos disruptivos como los formulados por Alejandro Salazar en sus libros “Estrategia Emergente” y “Colombia Ganadora” donde invita a desafiar prácticas ortodoxas como la planeación estratégica y orientarse a la estrategia con alta valoración de la inteligencia colectiva; hablar más de liderazgo que de líder. Propone un liderazgo ligado a la estrategia íntimamente; promotor de conversaciones, de inteligencia colectiva de descubrimiento; promotor de capital social; con realismo y ambición más que nostalgia y aspiración. En medio de un Estado ecosistémico y plata fórmico, no un Estado operador.
El exrector mexicano del Tecnológico de Monterrey y reconocido dirigente de empresas en el ámbito internacional, Salvador Alva, quien cursó unos años de su bachillerato en Bogotá y mantiene conversaciones con varias universidades colombianas, publicó recientemente otro de sus libros, titulado: “Lo que un líder no debe delegar”. Sostiene que, en este contexto de transformación e incertidumbre, el recurso más urgente y escaso es el liderazgo. Faltan líderes con los valores y la tenacidad suficientes para hacer frente, con decisión y valentía, a los retos de la sociedad. Ante este panorama, un líder del siglo XXI debe dedicar al menos el 50% de su tiempo a tres actividades que no debe delegar: 1) anticiparse al futuro, 2) atraer y desarrollar talento y 3) modelar la cultura, ya que estos tres factores determinan la vigencia y el futuro de cualquier organización. Alva aboga por un enfoque de liderazgo empoderador, donde el líder delega tareas y responsabilidades, pero no las áreas fundamentales que definen su rol como líder. Al delegar efectivamente y enfocarse en las áreas críticas, un líder puede crear una organización exitosa y sostenible
Con sentido autocrítico y constructivo invitamos a las IES a revisar los criterios y procedimientos con los que están escogiendo sus dirigentes para lograr una verdadera transformación institucional que la sociedad reclama sin disfraces, sabedores que el liderazgo es un bien escaso.
Por encima de las luchas internas y externas por el poder en una Universidad, debe tenerse en cuenta el bien común y ser muy asertivos en las decisiones que se toman. Los recientes espectáculos públicos deprimentes sobre la escogencia de rectores nos obligan a prender alarmas para garantizar que esa inversión, producto del esfuerzo de los ciudadanos, está blindada y debe verse reflejada en sustanciales transformaciones institucionales en favor de la sociedad, para lo cual están dotadas del principio constitucional de la autonomía universitaria.0
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