Mayo/26 Jaramillo, desde su experiencia en Estados Unidos (profesor en Carleton College), señala que las carreras en Colombia son excesivamente largas, generan altos costos económicos y sociales, y requieren una reforma urgente para acortarlas.
Si un estudiante de bachillerato en Medellín se interesa por la biología y solicita admisión a dicha carrera en la Universidad de Antioquia, puede esperar graduarse, si todo va bien, en cinco años. Un estudiante en Gran Bretaña con intereses semejantes puede entrar a Oxford y graduarse en tres. Ese es el absurdo que la universidad colombiana perpetúa. Vale la pena explorar un poco qué tan general es esta situación, y cuales soluciones deberíamos considerar. Esto es lo que intento hacer en esta nota.
En Gran Bretaña, el país con el más avanzado sistema de educación superior en Europa, el título universitario básico es el Bachelor of Arts, título que se obtiene en tres años. ¿Si un estudiante de biología allí termina su programa en tres años, no sale acaso mal preparado comparado con el que estudió cinco años en la universidad de Antioquia? Mal preparado para que, preguntaría yo! ¿Mal preparado para encontrar empleo? Eso me parece más que dudoso. Y definitivamente no está mal preparado para acceder a títulos superiores. De hecho, un estudiante puede graduarse directamente de Oxford en cuatro años con un BA más un máster (MBiol). Y por supuesto, los BAs se ofrecen en una extensa gama de campos de estudio y en numerosas instituciones de primerísima categoría como Cambridge, el Imperial College, la Universidad de Manchester, la Universidad de Edinburgo, y el University College de Londres. Los programas de duración en Francia (Licence), Holanda, etc. son también de tres años (carreras como el derecho y la medicina son consideradas doctorados, y por tanto son cosa aparte).
En los Estados Unidos, el título universitario básico es también el BA, y con mucho menor frecuencia el Bachelor of Science (BS). Cuando un americano dice haberse graduado de universidad (aproximadamente el 37% de la población adulta) se refiere a que ostenta un BA (menos de una tercera parte de ellos tiene títulos de máster (9.9%) o de doctorado (3.3%)). Aunque históricamente estos programas han tenido una duración de cuatro años, hay una fuerte tendencia reciente a reducirlos a tres. En Carleton College, donde laboro hace 27 años, el estudiante puede completar su programa en menos de cuatro años, pero muchos prefieren quedarse aquí los cuatro. Con un agradable campus, instalaciones deportivas de primera, excelentes cafeterías y dormitorios, clases con un número bajo de estudiantes (en los seminarios no más de quince), laboratorios y bibliotecas de primera, y una educación personalizada, no es de extrañarse que no tengan demasiada prisa en graduarse. Pero el futuro apunta a programas de tres años, por bien conocidas razones académicas, económicas, y sociales.
Un BA típico de ciencias básicas en una universidad americana requiere unos ocho o diez cursos en el área de concentración. En las universidades colombianas he visto programas que requieren 20 cursos. Aunque los cursos del área específica conforman solo una parte del programa, la discrepancia entre los requerimientos colombianos y los europeos o americanos es enorme y, en mi opinión, injustificada. Un estudiante de economía debería escribir una tesis sobre el enorme costo que esto representa para los estudiantes en particular, y para la sociedad colombiana, en general. Se debe considerar, por lo menos:
Costos directos
• Matrícula — especialmente oneroso en la universidad privada
• Alojamiento y comida (con frecuencia pagada por la familia). Especialmente onerosos para estudiantes que proviene de zonas rurales.
• Libros, materiales y suministros.
• Tecnología: laptop, software.
• Transporte: viajes de ida y vuelta a casa, transporte local.
• Seguro de salud y gastos médicos.
• Gastos personales: ropa, teléfono, entretenimiento, etc.
Costos de oportunidad (lo más importante y a menudo olvidado)
• Salario perdido: el ingreso que el estudiante habría ganado trabajando de tiempo completo en lugar de estudiar. Para muchos estudiantes este es el costo individual más grande de todos.
• Experiencia laboral y antigüedad perdida: un año menos de progresión salarial y ascensos en su carrera. Aportes perdidos a jubilación/ahorros: contribuciones a planes de retiro (y su interés compuesto). Intereses acumulados sobre préstamos estudiantiles adicionales.
• Retraso en empezar a pagar deuda o en alcanzar metas financieras (comprar casa, ahorrar, etc.).
Costos públicos directos
• Subsidio estatal por estudiante: en universidades públicas, el estado cubre una porción grande del costo real de instrucción (mucho más que la matrícula que paga el estudiante). Cada año extra significa otro año de ese subsidio.
• Costos de infraestructura y operación: el uso prolongado de aulas, laboratorios, bibliotecas, servicios y personal financiados con dinero público.
Costos de oportunidad para la sociedad
• Productividad económica perdida: un año más en que el estudiante no está plenamente en la fuerza laboral significa menos producción, menos bienes y servicios generados para la economía.
• Recaudación fiscal perdida: impuestos sobre la renta y al consumo que el estudiante habría pagado si estuviera trabajando a tiempo completo ese año.
• Cupos ocupados: en universidades públicas con capacidad limitada, un estudiante que se queda un año extra ocupa un lugar que otro aspirante no pudo usar.
Costos sociales indirectos y a largo plazo
• Mayor probabilidad de deserción: cada año adicional aumenta el riesgo de que el estudiante abandone sin titularse, lo que convierte la inversión pública en un gasto sin el retorno esperado.
• Retraso en beneficios sociales de la educación.
El acortamiento de las carreras en Colombia representaría una reducción importante en la demanda de educación superior, y esto conllevaría consecuencias económicas importantes para estas instituciones. Podemos por lo tanto anticipar que grupos de interés como el profesorado y los administradores se opondrían. La universidad puede ser una institución sin ánimo de lucro, pero el lucro abunda. Algunos se lucran merecidamente, mientras que otros no tanto (me vienen a la memoria ciertos profesores en la Universidad de Sucre). El profesorado (esto es verdad en todas partes) es progresista, pero cuando se habla de sus fueros, es reaccionario. En otras palabras, la universidad es completamente incapaz de resolver este problema por si sola.
La educación superior en Colombia necesita urgentemente una reforma a fondo. El próximo gobierno debería nombrar una comisión de estudio, con representación universitaria (administración, profesorado y estudiantado), la empresa privada, el Ministerio de Educación, el Consejo Nacional de Acreditación, el ICFES, etc. Con la colaboración de estos elementos se debería desarrollar una política de incentivos económicos y legales para que las universidades acorten sus programas. Cuando una fracción suficiente de las universidades cambie, el mercado hará el resto. La alternativa es no hacer nada, y eso sí que es costoso.
Nuestra universidad, con su mal concebido énfasis en carreras largas, y con su mediocre calidad, se ha hecho merecedora a las pésimas posiciones que ocupa en los rankings internacionales de calidad. Nuestros estudiantes merecen algo mejor.
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