Llega un libro obligado para un sector urgido de clarificar lo técnico y lo tecnológico

Llega un libro obligado para un sector urgido de clarificar lo técnico y lo tecnológico

Oct 9/26 El rector de las UTS (ahora Universitaria Tecnológica de Santander), ingeniero Omar Lengerke Pérez, presenta “Raíces y prospectiva: El valor estratégico de la educación técnica y tecnológica”, que llena un vacío conceptual que ha habido en el sistema educativo al respecto.

La confusión normativa y los vacíos conceptuales

Lengerke, quien ha recorrido como estudiante, profesor y directivo (fue presidente de la RedTTU y ha sido consejero del CESU por las instituciones tecnológicas), hace una radiografía, que bien conoce, de cómo el sistema educativo colombiano, amparado en la Ley 30 de 1992 y sus normas derivadas, presenta una ambigüedad que no delimita ni define con precisión la diferencia real entre los niveles y la formación técnica y tecnológica.

Esta falta de claridad ha permeado el lenguaje cotidiano y el discurso académico hasta el punto de que, de forma ordinaria, se termina afirmando erróneamente, y hasta peligrosamente, que la única diferencia entre estos niveles es la extensión o duración de los programas.

Según Lengerke Pérez, esta confusión se debe a un desplazamiento semántico histórico en el que los conceptos filosóficos y las categorías epistemológicas del conocimiento fueron absorbidos y rebajados por categorías de carácter administrativo – operativo. “Cuando una sociedad confunde una forma universal del conocimiento humano con un simple título o nivel de formación institucional, el saber práctico pierde su jerarquía cultural y queda relegado a un eslabón subordinado”, afirma el autor (foto).

Técnica y tecnología: Categorías conceptuales frente a niveles de formación

La obra parte de una realidad: hay confusión sobre la formación técnica y tecnológica, que nace de mezclar categorías del conocimiento con niveles académicos, una equivocación que ha contribuido a alimentar prejuicios sociales y a limitar el reconocimiento de capacidades fundamentales para el desarrollo del país.

El texto detalla profusamente la urgencia de separar analíticamente estos conceptos y comprenderlos a la luz de planos distintos:

Por un lado, como categorías del conocimiento: La técnica y la tecnología son formas históricas y filosóficas de comprender y transformar la realidad.

Mientras que la técnica (arraigada en la antigua téchne aristotélica) representa una inteligencia práctica orientada a la producción y a la acción deliberada para resolver problemas concretos, la tecnología surge de la articulación sistemática de ese conocimiento práctico con el rigor científico para optimizar e integrar procesos. Ambas no son simples peldaños inferiores de una escalera educativa, sino los cimientos sobre los cuales descansa cualquier proceso de innovación.

Y como niveles de formación: O clasificaciones administrativas (Técnico Profesional, Tecnólogo, Profesional Universitario) diseñadas por los sistemas educativos, tal y como lo presenta la ley en Colombia.

La duración, los títulos y los requisitos académicos pertenecen al plano de la organización educativa; la naturaleza de la técnica y de la tecnología corresponde a una discusión conceptual más amplia.

La confusión no es menor. Cuando los conceptos se utilizan indistintamente para nombrar formas de conocimiento, programas académicos, profesiones e instituciones, el debate pierde precisión y las diferencias educativas terminan interpretándose como diferencias de valor intelectual, prestigio o capacidad.

Complementariedad y superación del estigma social

La obra demuestra que la técnica y la tecnología no compiten entre sí y tampoco con la formación universitaria ni con la ingeniería, sino que son formas complementarias de abordar el conocimiento y el ejercicio profesional.

La diferencia conceptual puede resumirse así: la técnica se ocupa especialmente de cómo hacer; la tecnología amplía esa pregunta al integrar conocimientos que permiten comprender cómo hacerlo mejor, adaptar soluciones, optimizar procesos e innovar.

El autor expone cómo estas modalidades han estado cargadas de un estigma social lleno de prejuicios, marcado profundamente por factores económicos y culturales. Esta jerarquización simbólica —en la que la universidad tradicional se asoció con el prestigio intelectual y la formación aplicada con sectores de menores recursos— ha limitado las posibilidades de desarrollo del país.

Articulación con la ciencia, la ingeniería y las humanidades

Para superar esta visión fragmentada, el autor propone un modelo conceptual denominado el Pentágono del Conocimiento Humano, donde la ciencia (comprende), la ingeniería (diseña), la tecnología (integra), la técnica (materializa) y el humanismo (orienta) convergen en un ecosistema abierto cuyo centro es el desarrollo humano y territorial. En este esquema, las humanidades y la ética desempeñan un papel fundamental al recordar que todo avance técnico o tecnológico debe estar supeditado a la dignidad de las personas y al bienestar colectivo.

TyT en otros países

El libro examina la forma como Alemania, Francia, Canadá, Finlandia, Corea del Sur y Singapur, han abordado esta formación y precisa cómo sus impactos están mediados por un gran reconocimiento cultural, una política de estado y una formación de toda la vida.

Lengerke Pérez propone que el futuro de Colombia no requiere una nueva ley que aumente la tramitología, sino de una nueva visión y un acuerdo nacional.

Una propuesta para cambiar la conversación educativa

El aporte del análisis de Lengerke al debate colombiano no consiste en ofrecer una definición administrativa adicional ni en defender una modalidad de formación frente a las demás. Consiste en invitar a distinguir conceptos que suelen confundirse, examinar el origen de los prejuicios que han condicionado su reconocimiento y construir una visión en la que las diferentes formas del conocimiento se articulen alrededor del desarrollo humano y territorial.

Para un sector que necesita mayor claridad conceptual, la obra ofrece una tesis que merece discusión: la técnica no es el peldaño inferior de una escalera educativa, la tecnología no es simplemente una categoría intermedia entre dos títulos y la universidad no constituye la única trayectoria legítima para desarrollar capacidades de alto valor social.

En un país que necesita conectar el conocimiento con el desarrollo regional, la productividad, la equidad y la sostenibilidad, Raíces y prospectiva plantea una pregunta que interpela a todo el sistema de educación superior: ¿qué podría lograr Colombia si reconociera plenamente el valor de todas las formas del conocimiento y las pusiera a trabajar de manera complementaria al servicio de su gente?

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