Por Jorge Yarce. Presidente ILL
Lo que empezó siendo una cosa buena ha terminado siendo una cadena que tiene todo el sistema escolar esclavizado y sus fines desfigurados. El examen ICFES se ha convertido en el recurso omnipotente de las universidades para selección de alumnos nuevos y en la finalidad principal de la enseñanza básica, sobre todo de la secundaria.
El máximo objetivo de los colegios no es formar ciudadanos líderes para que rehagan este país, o para que sean solidarios con los demás, sino para que triunfen en el examen ICFES y aseguren su paso a la universidad. Buena parte del esfuerzo de los profesores de bachillerato está capitalizado por la prueba de marras.
Si usted no saca un buen ICFES está en la olla. Lo importante no es que sepa o que de verdad se haya desarrollado como persona en los estudios básicos y se prepare a madurar plenamente en la universidad, sino que esté en capacidad de pasar el examen y hacer que su colegio esté entre los mejores ICFES del país. Ahí se sintetiza la finalidad de la educación para nuestros centros escolares. Los colegios se regodean cuando encuentra su nombre entre los primeros cien ICFES como si con eso se justificaran todos los esfuerzos de padres de familia, profesores y estudiantes. Y nadie hace nada por cambiar esa estúpida mentalidad de “victoria temprana”: lo que tenga más impacto y lo que sea más fácil: poner el examen ICFES como motor del proceso educativo. Que es la forma de dejar de educar.Nos estamos volviendo locos.
Lo que debería ser un instrumento para comprobar ciertos niveles de lo logrado en el colegio, como una más de las metas que se trazan en su proyecto educativo, lo hemos convertido entre todos en la panacea de todo el sistema de enseñanza básica.
Además, la prueba en sí ha perdido mucho de su caché inicial. Nuestros genios pedagógicos empezaron a cansarse de lo bueno que el ICFES anterior a los logros, con todo y sus defectos, y se dedicaron a inventar la pólvora. Como les sucedió a las evaluaciones por logros que acaban de desmontar por el caos y la ignorancia que trajo.
Del ICFES ya sólo queda un examen mediocre, porque acabaron con el ICFES como institución que cumplía una tarea de muy buen nivel en relación con otros importantes aspectos de la educación superior y lo convirtieron en un apéndice del Ministerio de Educación que volvió a sus gloriosas épocas napoleónicas de concentrarlo todo para así hacer mejor revoluciones que no son más que escaramuzas respecto a lo que debería hacerse con la educación superior en este país.

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co
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