Las universidades no están formando líderes

Las universidades no están formando líderes

Por Jorge Yarce. Presidente ILL

El liderazgo no es un privilegio o una posición de prepotencia. “El liderazgo se amolda a cualquier persona. No existe un molde rígido. No existe un líder tipo, ni el liderazgo es un producto acabado” (R Navarro). Y precisa nuestro colega en el Instituto Latinoamericano de Liderazgo: “Que sea asequible a todo tipo de personas no significa que sea fácil. El liderazgo es un aprendizaje, un servicio, un compromiso. Es arduo”. En estos términos, espíritu de liderazgo, implica ante todo un compromiso personal, surgido de lo más profundo de cada persona con potencial para ser líder. Pero hay que forjarlo en cada uno, desde el conocimiento y querer como operaciones espirituales y trascendentes que gobiernan la conducta personal.

Las universidades no están formando líderes, ni están liderando procesos sociales. Está rezagada frente a la atención a las grandes necesidades del país. Es una tarea pendiente de hace muchos años, que queda a un lado frente a la formación de profesionales que salen de ella a buscar empleo y a generar unos ingresos. No estamos formando gente con capacidad de entrega al bien común.

Me refiero a una actitud general, no a las excepciones que son valiosas. Se encuentra uno universitarios decididos a empeñar su vida por una tarea social y eso es digno de elogio. Peor no veo un afán explícito en las universidades en desarrollar ese espíritu de liderazgo que tanto necesitan las sociedades hoy, para que en lugar del puñado de yuppies que han tenido tanto que ver con la crisis mundial de la economía, obviamente salidos de las universidades, tengamos una generación  imbuida de preocupaciones sociales.

Para eso hace falta impulsar en las universidades la creatividad, la innovación, la búsqueda de nuevas salidas a los problemas inveterados, el examen de la economía y del desarrollo social. O sea, una cercanía constructiva de la universidad no sólo con la empresa, sino con el estado, con el sector social, con los marginados, con la pobreza dominante en las grandes mayorías.

El vacío actual de liderazgo está marcado profundamente por la falta de credibilidad en los dirigentes, y ahí entran los de la universidad, a veces demasiado pendientes del negocio de la educación y poco del negocio de construir país. Necesitamos rectores y directivos que se lancen a la arena de la política y del debate sobre los problemas profundos del país en lugar de encerrarse en sus guetos académicos.

El espíritu de liderazgo mueve a hacer-hacer, a ofrecer respuestas distintas a los problemas antiguos y respuestas frescas a los problemas nuevos. Hacer cosas no previstas, audaces, que rompan la rutina del quehacer docente, con ejemplaridad para el resto de los sectores sociales para que no nos acostumbremos a esperar a que venga alguien especial a resolverlos.

A veces se dice que la sociedad tienen la universidad que se merece pero eso tienen su contravía también: la universidad tiene la sociedad que se merece si no se propone cambiarla desde su liderazgo, de modo que éste trascienda por sus frutos, por su capacidad de ofrecer soluciones. Como afirma Heifetz (“Liderazgo sin respuestas fáciles”), el liderazgo es “la movilización de los recursos de una persona o de una organización para avanzar en la solución de los problemas difíciles que enfrenta”.

JY

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co

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