Urgencia de una cultura de valores la U

Urgencia de una cultura de valores la U

 

Por Jorge Yarce. Presidente ILL

Vivimos una época de redefinición del papel de la educación en un mundo globalizado, intercultural y con un desarrollo tecnológico nunca antes visto. Y dentro de la educación, la universidad juega un papel definitivo como orientadora del sistema y como semillero de renovación que debe vivir al día, afincada al mismo tiempo en lo fundamental, para no ser arrollada por otras formas de educación o por la cultura de los medios masivos de comunicación.

Sólo una educación penetrada de valores hace posible la realización personal y el aporte de las personas formadas en ella para aportar a la sociedad. No basta dotar a la persona de conocimientos, sino que como parte decisiva de esa formación hace falta educarla para compartir, para ser ciudadana auténtica, para ser solidaria y para construir comunidad.

El mundo atraviesa por una crisis económica global sin precedentes que, junto a los inevitables efectos negativos, ofrece enseñanzas poderosas que pueden servir de eficaz lección para afrontar el futuro.

La universidad debe ser a una comunidad viva de personas pensantes, no a un conjunto de edificios y de tecnología informática, o de procesos administrativo-contables. Esto, que podemos llamar su sistema técnico, formal o funcional es indispensable, pero tiene que ir unido al sistema humano, informal o espontáneo al que están ligados la concepción de la persona, el trabajo, la inteligencia emocional, el liderazgo, la excelencia y los valores.

Los valores en la universidad se cultivan en el ambiente más propicio que se pueda encontrar. Con la presencia viva de los valores, la educación universitaria ofrece horizontes para el desarrollo de la persona. Desde el más elemental hasta el más alto grado, la enseñanza está apunta a los valores a través de múltiples exigencias: aprender a ser, a pensar, a amar, a hacer, a trabajar, a tener, a obrar, a crear, a comunicar, a informar, a emprender, a liderar, a trascender, a convivir, a servir, a ser solidario, a ser socialmente responsable, a ser feliz, a buscar la plenitud.

Es relativamente fácil estar de acuerdo en la importancia que tienen los valores para las personas, las organizaciones y la sociedad. Pero lo clave es ver cómo ellas los vuelven reales, cómo interiorizarlos y proyectarlos a los demás, qué hacer para que sean la base de un ambiente positivo y para que se traduzcan en resultados positivos para quienes los practican.

En otras palabras, cómo evitar que se queden en la teoría o colgados en los folletos e impresos. O incluso en las buenas intenciones de las personas o en meros conceptos o palabras bonitas. Definidos los valores, la preocupación central es lograr el direccionamiento estratégico de los mismos, es decir, poner las bases para que sean operativamente eficaces todas las acciones tendientes a hacer que las personas los vivan en el día y día y los proyecten en el ámbito colectivo de la comunidad universitaria.

JY

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co

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