Fernando Cruz Artunduaga ( Doctor en Educación Moral y Democracia, Universidad de Barcelona, investigador Social de Gernika Gogoratuz e Ideasur) en el Diario Caqueteño El Líder, analiza la situación actual de la Universidad de la Amazonia y el popular ‘roscograma’, que se realizó a la hora de renovar la planta de personal docente en el principal centro de educación superior de la Amazonia.
El simple transcurso del tiempo no es suficiente para que una institución llegue a su mayoría de edad y se consolide. Tampoco es suficiente que mejore en su apariencia física: una cosa es el parecer y otra el ser, 28 años después de creada, la Universidad de la Amazonia naufraga en un mar de confusiones, como consecuencia del manejo artero que le ha dado un grupo de familias locales, que la convirtió en su ‘cosa nostra’.
La gente de a pie en Florencia ya no la siente como propia, pues sus hijos tienen que pagar por estudiar, como si fuera privada. Más lejana aún es para los habitantes del resto de la Amazonia. Muchos no saben de su existencia. Esto es apenas comprensible, porque desde hace 12 años, cuando cayó bajo la tutela del grupo de familias que se la apropió, la preocupación principal de su accionar ha sido organizarla de forma tal, que puedan destinar el dinero de las matrículas a fondos de contratación de obras con propósitos personales.
Es sólo el reflejo multiplicado de la oleada de corrupción que desató el gobierno de Uribe en el manejo del presupuesto público, la impunidad generalizada y la inoperancia de los órganos de control. No contentos con el poder de la contratación para perpetuarse en el poder, decidieron también apropiarse del dinero dedicado al pago de docentes, nombrando personas a su servicio, de bajo perfil académico como profesores de la Universidad.
El saldo actual es fácil de evaluar: un déficit financiero creciente que se trata de remediar poniendo sobre las espaldas de las familias de los estudiantes más pobres, otra cuota de sacrificio.
La bancarrota no sólo afecta lo económico, como consecuencia, se contratan docentes por debajo de las exigencias de ley, muchos de ellos pregraduados en el semestre inmediatamente anterior para hacer las veces de profesores de hasta cinco asignaturas diferentes, otras veces se nombran como jefes de programa, y en la administración saliente, se hizo otro tanto con el cargo de Vicerrector Académico. Todo sin consultar las necesidades de los programas, sin estudio en los Comités de Currículo, sin evaluaciones, sólo con las recomendaciones de los miembros de las familias o la promesa de apoyo incondicional a la administración contra los estudiantes y profesores que se atreven a censurar estas prácticas indecentes.
La Universidad tiene una lánguida articulación con los entes públicos y el sector comercial-empresarial amazónico. Su participación se reduce a elegir su representante para que participe en el nombramiento del rector de turno y, posteriormente, para que reciba las dádivas con las que se pagan las adhesiones y los beneficios de los contratos. Desdeñosos de los principios de la modernidad, garantizan cargos que alimentan el clientelismo de los caciques locales, que no los tocan a cambio de su cuota burocrática que les garanticen los votos en las comedias electorales.
Los tres elementos
Una universidad que se precie, debe tener al menos tres elementos fundamentales: Democracia, Calidad Académica y Proyección Social Regional, y la Universidad de la Amazonia se regocija en su negación. Un ejemplo para hablar sólo de la democracia.
La que existe en la institución se puede ilustrar claramente con la convocatoria a concurso de méritos para 53 docentes de planta.
El concurso de “méritos” de 53 docentes, fue no ya la entrada de un elefante, sino la de un dinosaurio al campus. Se dieron a dedo para pagar deudas, compromisos, adhesiones y silencio. Se aprovecharon las fiestas de diciembre para burlar la dignidad universitaria.
Fueron nombrados docentes de planta: el chofer del rector y su esposa, dos de los yernos, un sobrino y una cuñada del Rector saliente; las hijas y la esposa de uno de los vicerrectores; la propia Vicerrectora Administrativa; el Secretario General; cuatro decanos; cuatro jefes de programa; las esposas de dos miembros del Consejo Superior; tres miembros de Comité de Personal Docentes –evalúan y seleccionan los ganadores-. Por no continuar con la lista, como en las esquelas de funeral: esposas, yernos, cuñados, amigos y relacionados con la pasada y actual administración.
Convocatoria viciada
La mencionada convocatoria para vincular nuevos docentes de planta está viciada en las normas citadas; en los requisitos, en los procedimientos, en la formas, en los tiempos. Un proceso de estas características dura cerca de un semestre, como puede verse en actuales convocatorias de la Universidad Distrital y de la Universidad de Antioquia. Aquí duró cerca de un mes.
En palabras del Zar Anticorrupción dirigidas a la prensa, cuando visitó al Caquetá el año pasado: “Aquí hay mucha corrupción y poco corrupto”. A ninguno le interesó, la vida siguió su curso y por esa impunidad hay nuevos ricos en nuevas camionetas surcando ruidosos las calles de Florencia, imitando sin vergüenza los prototipos de la cultura del narcotráfico y el paramilitarismo, modelos sobre los cuales se desarrollan las nuevas generaciones en la región.
La administración de la Universidad de la Amazonía envía, con sus actos, el mensaje certero: ¡Este es el camino del éxito!
Una utopía
Si se revisan, críticamente, procesos y actuaciones del pasado reciente, la Universidad de la Amazonía podrá empezar a construir un futuro promisorio, como merece esta región afligida de la Nación. Si, por el contrario, no se presta atención a las llamadas que se hacen desde sectores progresistas, la institución estará condenada a otros años de abandono, que se pagarán empeñando el futuro de sus estudiantes y de la propia región.
Por ahora, la Universidad de la Amazonía sigue siendo una utopía.
Información de referencia: Denuncian ‘roscograma’ en Uniamazonia (feb 2011)
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