Agosto 24/18 Cada día es peor la situación de la U. Incca de Colombia. A las quejas de administrativos y docentes por el retraso de varios meses en sus pagos, se suma la protesta de los estudiantes, quienes debieron comenzar clases el pasado 1 de agosto y a la fecha no han iniciado. La razón: la U. no ha podido configurar su nómina.
Cada día es más difícil para la Universidad configurar una estable planta de docentes, y con calidad. Los salarios poco competitivos y el incumplimiento en el pago de los mismos han espantado potenciales docentes.
Muchos de los profesores que continúan lo han hecho confiados en el ofrecimeinto de que sus pagos se harán al finalizar el semestre, en la esperanza de que lleguen los suficientes estudiantes que permitn financiar la operación.
Otra opción ha sido la de tratar de vincular como docentes a profesionales venezolanos, quienes pueden vincularse por menores salarios o en condiciones más bajas de las que están acostumbradas los docentes colombianos.
Como ya es norma, las directivas de la Universidad no dan la cara a medios de comunicación, y ni siquiera a sus propios funcionarios y estudiantes.
Nadie sabe qué piensan las directivas ni para dónde van las universidades.
Y el Ministerio de Educación se comporta igual. Su silencio raya en la negliencia, indiferencia e irresponsabilidad.
La Subdirección de Inspección y Viligancia pone obstáculos para mostrar los informes de los pares en las visitas realizadas a la IES y las quejas van en aumento.
En 2015 recibieron 34 quejas sobre la Universidad Incca, en 2016 el número ascendió a 127 y en 2017 subió a 143.
La Incca sigue cayendo, las acciones legales van en aumento y los costos sociales y económicos de la inacción de Mineducación la pagará todo el país.
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