El académico Eduardo Aldana Valdés presentó en el lanzamiento del Programa TravESía, del Ministerio de Educación, en el Departamento de Córdoba, su propuesta de Institutos de Innovación Regional -INNOVAR- que permiten dar soluciones de educación pertinente a través de la integración de protagonistas de la región, ahondando en condiciones básicas de desarrollo y a costos menores de lo que significa llevar educación superior con las universidades tradicionales.
Los enfoques de desarrollo
Utilizaré, como punto de partida, la sentencia del Papa Pablo VI, en su Encíclica sobre el desarrollo de los pueblos, en marzo de 1967:
“Desarrollo” es el nuevo nombre de la “paz”.
El Pontífice indicó que se refería a un “desarrollo integral” y definió su alcance en los siguientes términos:
Verse libres de la miseria, hallar con mayor seguridad la propia subsistencia, la salud, una estable ocupación; participar con más plenitud en las responsabilidades, más fuera de toda opresión y lejos de situaciones ofensivas para la dignidad del hombre; tener una cultura más perfecta -en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser también más-, tal es la aspiración de los hombres de hoy…
Estoy seguro de que los aquí reunidos compartimos este ideal. Infortunadamente no existe el mismo acuerdo sobre el camino más apropiado para lograrlo.
La herencia colonial de un país construido siguiendo las políticas emanadas de la metrópolis, y el predominio actualde los conceptos económicos sobre las otras dimensiones del progreso social han conducido a creer que se puede lograr el desarrollo integral de arriba hacia abajo, por medio de programas de acción estatal, acompañados de subsidios para aliviar las difíciles condiciones en que se encuentran las poblaciones más vulnerables.
Ciertamente estos programas logran movilizar rápidamente el gasto público pero, sin un fortalecimiento de la base institucional local y regional, su sostenibilidad es precaria. Además, como el desarrollo integral requiere de un esfuerzo de largo aliento, casi siempre nos quedamos sin saber si se ha avanzado hacia la finalidad pretendida, antes de que se sustituyan por otros aparentemente más efectivos.
En aquellos programas que persiguen reducir la inequidad y la miseria de las regiones más olvidadas del país, es frecuente que muchos de esos recursos se queden en las capitales y en las manos de hábiles intermediarios que saben elaborar los enrevesados formularios y cumplir con los requerimientos de educación y experiencia que exigen sus homólogos que los han diseñado.
De otra parte, los intentos de combatir la pobreza rural estimulando la migración de los pobres hacia las ciudades – en donde se esperaba que mejoraran sus ingresos, con su vinculación a actividades con bajos requerimientos de formación, como la construcción – han sido contraproducentes.
Los pobres han formado los cinturones de miseria alrededor de las ciudades, contribuyendo a su desorganizado crecimiento; han traído y tenido hijos que no logran recibir una buena educación y por lo tanto se ven golpeados por el desempleo, la frustración, el rompimiento de las familias y la drogadicción; presionan, justamente pero más allá de la capacidad de las empresas públicas, la prestación de los servicios, y, obligados por las circunstancias, recurren a la informalidad y a actividades por fuera de la ley para asegurar una frágil supervivencia, con elevados costos sociales para ellos y el resto de la ciudadanía.
Este defectuoso modelo de desarrollo no sólo ha despoblado los campos sino que ha colocado a las ciudades ante una situación que no pueden manejar dentro de sus límites: cualquier intento de solucionar sus agudos déficits de vivienda o de mejorar sus deficientes servicios públicos termina por atraer nuevos migrantes y empeorar el estado de las cosas.
¡Seamos sensatos: la calidad de vida en las ciudades depende de su capacidad para controlar su crecimiento con medidas que ataquen el problema de la pobreza en su origen rural!
Tal vez la consecuencia más perniciosa de los intentos de construir el país desde las capitales es la cultura de dependencia que predomina hoy en día en la provincia colombiana. Observemos, lo que sucede, por ejemplo, durante la ocasional visita de un gobernante nacional o departamental a uno de nuestros pequeños pueblos. La asistencia es masiva, así como extensos los listados de necesidades que se le presentan. Pero brillan por su ausencia el compromiso de los dirigentes políticos y cívicos locales de participar y movilizar a la ciudadanía en su solución.
Afortunadamente otros colombianos, especialmente un grupo creciente de investigadores de la realidad nacional, se convencen cada vez más de que el enfoque apropiado para un desarrollo sostenible debe partir de la gente, de abajo, y ser impulsado mediante la solidaridad y el esfuerzo de todos.
Travesía por la Educación Superior y la Misión de Ciencia Educación y Desarrollo
El programa Travesía por la Educación Superior, que lanza hoy el Ministerio de Educación Nacional, es una oportunidad insoslayable para que la Universidad Colombiana asuma el reto que le planteo, en este sentido, la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo hace dos décadas, al proponer al país una carta de navegación.
Permítanme recordar a este respetable auditorio, conformado seguramente por muchas personas que no habían ingresado en esa época a la educación secundaria, que esta Misión estuvo integrada por nuestro Premio Nobel Gabriel García Márquez y destacados científicos y educadores, a saber: Fernando Chaparro, Rodrigo Gutiérrez, Rodolfo Llinás, Marco Palacios, Manuel Elkin Patarroyo, Eduardo Posada, Angela Restrepo y Carlos Eduardo Vasco. Yo tuve la fortuna de acompañar a este grupo de “gigantes”.
En el tema que hoy se me encomendó , la Misión, consciente de la necesidad de plantear un nuevo esquema y tomando en cuenta los graves problemas de pertinencia y calidad de la educación colombiana por fuera de las grandes ciudades, recomendó el establecimiento de los Institutos de Innovación Regional, INNOVAR. Al efecto, expresó:
“La educación puede y debe convertirse en un factor de atracción de talento para el desarrollo regional. En la actualidad, los centros educativos de las grandes ciudades succionan a los mejores intelectos de las regiones. Muy pocos de ellos vuelven y la región pierde a quienes podrían ser motores de su desarrollo…
Por ello proponemos la fundación, en ciudades de menos de 100.000 habitantes y en cada departamento, de Institutos de Innovación Regional, INNOVAR, dedicados al desarrollo de conocimiento acerca de las tareas propias de la región…, al desarrollo agropecuario, minero, pesquero, etc., según las características de la región, en intima asociación con los productores, a quienes deberán transferir continuamente sus resultados.
Dentro de esta estrategia de desarrollo de conocimiento, cada INNOVAR asumirá funciones docentes, para formar técnicos, profesionales y tecnólogos altamente competentes.”
La Misión acaparó la atención pública, como ninguna otra que yo recuerde, por la magia que siempre ha rodeado a Gabo. Sus recomendaciones fueron recibidas con beneplácito en la academia, el gobierno y la industria. Infortunadamente, el cambio de gobierno y la crisis originada en la narcopolítica diluyeron su ejecución. Años más tarde, el Alcalde de Purificación, mi tierra natal, me solicitó que le colaborara en el diseño y creación de una entidad apropiada para esa región del Tolima y que le permitiera aprovechar, con visión de largo plazo, las regalías que empezaba a recibir el municipio.
En los apartes que siguen les presentaré una breve síntesis de la evolución de esta aventura de crear un nuevo esquema de llevar educación superior a la provincia y por este medio contribuir al desarrollo integral de sus habitantes. Se mencionarán algunas de las lecciones aprendidas y se finalizará con una nueva propuesta, resultante de esta experiencia de 15 años.
El origen del Innovar de Purificación.
El municipio de Purificación está situado en el suroriente del Tolima. Si fuese un país, podríamos afirmar que es un país rico con gente pobre en contrate con otros países pobres con gente rica como Corea del Sur o Japón. En ese municipio terminan bachillerato cada año alrededor de 330 jóvenes que en esa época no tenían la oportunidad de adquirir los conocimientos que demanda la sociedad contemporánea y disponible solamente a través de los programas de educación superior.
La solicitud del Alcalde me permitió retomar la recomendación de la Misión y diseñar, como experimento piloto, el primer instituto de innovación regional. El producto de ese diseño, el Innovar de Purificación, se fundó en diciembre de 1998 como una corporación con financiación mixta (público-privada) pero tan solo pudo iniciar labores seis años después. Lo hizo con los cuatro primeros semestres comunes de los programas de ingeniería de la Universidad de Ibagué, cuyos cursos fueron ofrecidos presencialmente por docentes de esa entidad. Dentro de la filosofía del Innovar – que mantiene y comparte con la Universidad de Ibagué de ofrecer localmente únicamente lo que se puede hacer bien – se contemplaba la transferencia de los estudiantes para cursar los seis semestres restantes en la sede de la Universidad en Ibagué y, así, aprovechar su profesorado, sus laboratorios y sus otros recursos docentes.
En ese año, 2005, se conoció de la iniciativa del Ministerio de Educación de patrocinar las alianzas que hoy se denominan Centros Regionales de Educación Superior, CERES. El Innovar, propuso a la Universidad de Ibagué que solicitaran al Ministerio, con el respaldo de la Gobernación del Tolima y la Alcaldía de Purificación, la creación en sus premisas de una alianza de ese tipo. La respuesta positiva del Ministerio dio lugar a la creación en octubre de 2005 del CERES INNOVAR, operado por la Universidad de Ibagué.
En ese año, 2005, se conoció de la iniciativa del Ministerio de Educación de patrocinar las alianzas que hoy se denominan Centros Regionales de Educación Superior, CERES. El Innovar, propuso a la Universidad de Ibagué que solicitaran al Ministerio, con el respaldo de la Gobernación del Tolima y la Alcaldía de Purificación, la creación en sus premisas de una alianza de ese tipo. La respuesta positiva del Ministerio dio lugar a la creación en octubre de 2005 del CERES INNOVAR, operado por la Universidad de Ibagué.
Al año siguiente, el SENA regional Tolima, acordó con el CERES el ofrecimiento de sus programas en el Innovar. De 50 estudiantes atendidos por el SENA en ese año, su oferta superó los 200 alumnos en 2012. La formación del SENA ha beneficiado notablemente a la población de Purificación. Pero, como se trata de sacar lecciones provechosas para el futuro de la educación superior en la provincia, es conveniente anotar que el SENA no contribuye al financiamiento de la sede de los CERES y, por ello, coloca una carga costosa en los otros miembros de la alianza. Es conveniente, por lo tanto, que el Ministerio de Educación y el SENA acuerden las condiciones de la participación de este último en los CERES.
A comienzos de 2008, la Universidad del Tolima acordó entrar a formar parte de la alianza CERES INNOVAR con la oferta de su Instituto de Educación Abierta y a Distancia, IDEAD. Los programas ofrecidos han contribuido significativamente a facilitar el acceso de los jóvenes del sureste del Tolima a la educación superior, llegando en el primer semestre del año 2011 a atender más de 250 alumnos. Como la oferta de programas universitarios es reducida, la Universidad la ha venido complementando con programas tecnológicos. También ha empezado a utilizar las transferencias a su sede en Ibagué, después de cuatro semestres, en su programa de Ingeniería Forestal.
Aciertos y limitaciones del esquema inicial.
Desde un comienzo se consideró que el Innovar debería desempeñar tres funciones:
• Facilitar el acceso a una educación pertinente (para la región y la juventud), transformadora e inclusiva.
• Promover el desarrollo económico con equidad.
• Estimular la creación de liderazgo y capacidad colectiva en las comunidades.
Esas tres funciones se mantienen en razón a que la sola educación no crea puestos de trabajo en regiones sin empresas formales, y que en una comunidad sin liderazgo y capacidad de hacerse cargo de su destino no se sostiene una educación que promueva el desarrollo integral.
La pertinencia de la educación superior tiene dos dimensiones: la regional que se refiere a hacer atractivo para la juventud trabajar en ella, y la personal que debe permitir a cualquier joven escoger su destino profesional e ir tan lejos como esté dispuesto a hacerlo. La primera se procurará por medio de carreras en áreas tecnológicas de avanzada que permitan a la región hacer el tránsito de fincas y parcelas, productoras de materias primas, a conglomerados de fábricas rurales de alimentos y otras agroindustrias, como sucede en varios países de Europa. La segunda dimensión de la pertinencia la ofrecen los programas de transferencia a universidades de reconocida calidad. Gracias a los bajos costos de estudiar en el CERES INNOVAR (el valor de la matrícula es aproximadamente la décima parte del valor de la misma en una universidad con acreditación institucional en Bogotá y, además, el alumno no incurre en los costos de vivienda y alimentación por fuera de su hogar) y los programas para los jóvenes de bajos recursos que hoy tiene el ICETEX, los jóvenes de provincia tienen las mismas oportunidades que los nacidos en las ciudades y que estudian en las mejores universidades del país.
En los últimos cuatro años el Innovar ha apoyado la conformación de asociaciones de pequeños productores en sectores como la piscicultura y la horticultura. No siempre esas asociaciones logran estabilidad y su fortalecimiento requiere años de acompañamiento de instituciones que las apoyen cuando encuentran dificultades. Una posible alternativa es la promoción de negocios inclusivos en donde empresas socialmente comprometidas se asocian con pequeños productores para establecer un negocio equitativo y rentable para todos.
En los últimos cuatro años el Innovar ha apoyado la conformación de asociaciones de pequeños productores en sectores como la piscicultura y la horticultura. No siempre esas asociaciones logran estabilidad y su fortalecimiento requiere años de acompañamiento de instituciones que las apoyen cuando encuentran dificultades. Una posible alternativa es la promoción de negocios inclusivos en donde empresas socialmente comprometidas se asocian con pequeños productores para establecer un negocio equitativo y rentable para todos.
Otro error estratégico del Innovar fue suponer que podría alcanzar rápidamente una población estudiantil que, al pagar unas matrículas módicas, le permitiría alcanzar el punto de equilibrio en unos pocos años. Ello no sucedió así por las siguientes razones principales:
• La falta de recursos para contratar personal idóneo para la docencia en ciertas áreas y para organizar la comunidad.
• El poco valor que padres y estudiantes conceden a la educación. Seguramente esa apreciación cambiará cuando empiecen a graduarse en Ibagué los cerca de 40 jóvenes que están allí terminando sus carreras de ingeniería. Para todos ellos, la posibilidad de desempeñarse como un profesional no formaba parte de sus sueños antes de ingresar al INNOVAR.
• La alta deserción estudiantil causada tanto por limitaciones económicas de las familias de los estudiantes como por las deficiencias en las competencias requeridas para ingresar a estudios universitarios. Muy pocos estudiantes han recibido una formación apropiada en los colegios. Un caso muy común es el de bachilleres que no saben o no les gusta la lectura porque provienen de hogares que no tienen libros.
Hacia una segunda versión del modelo CERES INNOVAR
Para superar las limitaciones anotadas se ha acordado con la Universidad de Ibagué la creación de una red de aproximadamente 15 CERES INNOVAR en el Tolima que faciliten alcanzar economías de escala y realizar mejoras sustanciales en la docencia cuyos costos se distribuyan entre un mayor número de estudiantes. La propuesta ha recibido el respaldo de agencias gubernamentales y esperamos discutirla bien pronto con el Ministerio de Educación Nacional para contar con su aprobación y con la Gobernación del departamento del Tolima para lograr su apoyo en la presentación al Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación.
En esa propuesta, la Universidad de Ibagué en colaboración con las universidades que acepten colaborar en este esfuerzo, y con la participación del Innovar y las otras entidades que se establezcan en otras regiones del Tolima, diseñará las guías curriculares de las materias de los cuatro primeros semestres para el ciclo básico de (1) las ingenierías y las ciencias naturales, (2) las humanidades, ciencias sociales y la educación, y (3) las ciencias económicas y administrativas. Esas asignaturas se diseñarán como cursos híbridos para ser ofrecidos en forma presencial en cada CERES INNOVAR con apoyo de las tecnologías de información y comunicación.
La universidad operadora de cada CERES asumirá el costo total de la operación de la sede – en un Innovar o una entidad similar que, como aliado local represente los intereses de la respectiva provincia. Las otras entidades educativas retribuirán a la operadora una parte de esos costos. Cada Innovar mantendrá un personal mínimo e idóneo para adelantar sus funciones de desarrollo económico y capacidad comunitaria, en alianzas con otras entidades como la Asociación para el Desarrollo del Tolima y recibirá de la entidad operadora del CERES un aporte previamente acordado.
Un esfuerzo muy especial, con posible cooperación técnica internacional, se dará al desarrollo de carreras tecnológicas modernas que permitan responder a los desafíos de la actualidad de erradicar la desnutrición y el hambre de la cuarta parte de la población colombiana y contribuir a la alimentación de la creciente población mundial.
La adaptación del modelo experimentado en otras regiones de Colombia.
Departamentos como el de Córdoba enfrentan desafíos muy similares a los que enfrentamos en el Tolima. Por ejemplo, utilizando las proyecciones de población del DANE, se observa que en este año la población en el grupo de edades correspondiente a la de educación superior (17 a 21 años) es de 163.000 jóvenes. Sumando la matrícula reportada por las universidades con sede en el departamento se encuentra una cobertura cercana al 10% de la población en ese grupo etario. Para atender a la juventud excluida se requeriría una universidad con la matrícula conjunta de las universidades Nacional de Antioquia y Valle. La contribución del fisco nacional al presupuesto anual de operación de esas tres universidades supera los 1,2 billones de pesos. Si el Departamento de Córdoba decide adaptar, con las modificaciones del caso, la red de Innovar que se propone en el Tolima, podría atender gran parte de esa juventud marginada con un presupuesto anual de aproximadamente 15.000 millones de pesos, un poco más del 1% requerido por la educación universitaria tradicional. Estamos dispuestos a compartir nuestra experiencia. ¿Nos atrevemos a soñar y agitar nuestras provincias?
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