¿Hasta dónde llega el papel de los representantes de egresados en una IES?

A propósito de la polémica que se vive en la Universidad de Antioquia por la consulta convocada por el representante de los egresados de la Universidad de Antioquia para tratar de validar una posibilidad de deslegitimar el proceso de re-elección del decano de Odontología, el columnista del diario El Mundo, de Medellín, Alvaro T. López, cuestiona acciones de los egersados que, a su juicio, van más allá de lo que debería ser.

El gobierno de las universidades, sobre todo las que funcionan con recursos del erario, tiene fundamentos legales. Hay norma que establece quienes tienen asiento en los consejos superiores, y no por homenajear a nadie, ni por destacar la participación de un ciudadano en campañas políticas o cívicas, ni por actitudes convenencieras de quien postula y designa a los consejeros. Cuando la Ley determina la composición de estos consejos superiores universitarios, está estableciendo los vínculos de pertenencia a la sociedad de los mencionados establecimientos, y obliga a la revisión del rol de la educación superior, de manera exclusiva y excluyente, en beneficio del colectivo social. Las personas que llegan a los consejos tienen que tener determinadas calidades, y se designan o eligen en virtud de ello.

Si hay representantes de quienes ejercieron las rectorías y de los egresados, es porque el legislador entendió que son grupos que, por su experiencia, pueden aportar mucho a la buena marcha de las universidades, pero ni unos ni otros constituyen estamentos universitarios, como se les llama a los estratos internos. ¿Es el voto de los consejeros personal? Pues claro que lo es. Cómo lo es la responsabilidad fiscal, penal y disciplinaria por sus actuaciones. El representante de los egresados, por ejemplo, no puede, ni tiene porqué, hacer consultas cada vez que le toque tomar una determinación, como lo pretenden los de la junta directiva de la Asociación de Egresados de la Facultad de Odontología, y mucho menos si se trata de premiar el otorgamiento de prebendas, eligiéndoles un decano a sus medidas.

Últimamente se han publicado crónicas y comunicados de un negativismo morboso en contra de la Universidad de Antioquia, y curiosamente ni las autoridades universitarias, ni los medios propios, han salido a aclarar nada. Campea, de la mano de la inseguridad física, la cultura de los anónimos difamadores y cobardes. Se ha vilipendiado a personas importantes para la academia, y no ha pasado nada. El último atacado ha sido el recientemente reelegido decano de la Facultad de Odontología, acusado por sus detractores de ser estricto en el gasto y exigente con los funcionarios y profesores, de dedicarse demasiado a ordenar la Facultad. Pero, ¿no es acaso lo que se espera de un administrador? Pensaría uno que un personaje de las calidades del doctor Carlos Uribe Soto, debería estar en la mente de todos como un prospecto prometedor para la rectoría de la Universidad. Debería ser respaldado y emulado por todos, y no convertido en fundamento de las malas acciones de las fuerzas oscuras que se tomaron nuestra Alma Mater.

Los egresados no tenemos porqué esperar que la Universidad nos sostenga, nos consiga empleo y redima nuestras frustraciones. El hecho de haber obtenido un titulo de la Universidad, no nos vuelve coadministradores, ni acreedores de la Institución. Podemos organizarnos en asociaciones por ramas del saber, por profesiones, o con la egida de la nostalgia, pero con nuestros propios recursos, y ojalá signados con el propósito de contribuir con la grandeza de la sociedad, haciendo que la Universidad cumpla con su misión transformadora, de formación de la juventud con la mira puesta en el futuro patrio. No es de recibo que un grupo de egresados se reúna para conspirar contra las instituciones; resulta vergonzoso que ni siquiera se percaten de la legalidad de sus peticiones, como cuando le exigen al CSU la inmediata destitución del decano elegido, como si los actos administrativos en Colombia estuvieran al servicio de los caprichos de los ciudadanos que piensan que por gritar, van a ver cumplidas sus absurdas pretensiones, en un escrito plagado de inexactitudes, pequeñeces e imperdonables errores de civilidad.

Deberíamos los egresados estar apoyando la institucionalidad en estos momentos de crisis, en vez de asumir la posición, que no nos corresponde, de contribuir al desorden y amenazar con la guerra. El señor Representante de los Egresados en el CSU de la Universidad de Antioquia es un hombre formado en leyes, de una sindéresis a toda prueba, que si tiene un pecado es la corrección de sus actos y modales. Ojalá los estamentos, los reales estamentos universitarios, estuvieran tan bien representados. Tratar de constreñir su voluntad es, cuanto menos, una falta de respeto inadmisible, sobre todo si la acción proviene de personas que, por su formación, están llamadas a coadyuvar la construcción permanente de condiciones sociales de equidad y orden institucional.

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