Malos augurios en la educación

Análisis de Rodolfo Arango, en El Espectador, sobre la poca credibilidad y confianza que genera el nombramiento de la nueva ministra de Educación Nacional, María Fernanda Campo.

Sorprende negativamente la nominación de María Fernanda Campo para ocupar la dirección del Ministerio de Educación Nacional.

La abogada Campo, experta en derecho comercial y finanzas, de seguro es una excelente y experimentada consultora empresarial luego de diez años al frente de la Cámara de Comercio de Bogotá. Inexistentes son, sin embargo, su formación académica y su conocimiento del sector. Mal mensaje envía el entrante presidente Santos sobre lo que necesita el sistema educativo colombiano para salir de la mediocridad. Este no parece ser un tema prioritario de su agenda de gobierno. Buenas y honestas empresarias son útiles en los viceministerios, incluso en el de Educación para administrar eficientemente los recursos del ramo, pero no son suficientes para orientar filosóficamente una cartera tan neurálgica para el futuro del país.

El lugar común de “mejorar la calidad de la educación pública” aducido por la nominada en su primera entrevista, refleja ausencia de propósitos claros y planes concretos en el gobierno. ¿Qué sabe la entrante ministra sobre Fecode y sus luchas? ¿Sobre el movimiento nacional por la educación? ¿O sobre el desarrollo de las capacidades humanas y las diferencias de cultura y de género? ¿Cuáles son sus estudios en el área? Sin lugar a dudas los economistas se sentirían nerviosos si se nombrara a un lego en la disciplina propia de la cartera de Hacienda. ¿A qué se debe el menosprecio por los conocimientos acumulados en materia de creación, transmisión y transformación de la experiencia y el conocimiento humano que exhibe el presidente electo?

Pistas para una respuesta podemos encontrarlas en la separación funcional de las ciencias como consecuencia del avance del positivismo, en la creciente especialización del saber que impide una comprensión general de la vida y del mundo, así como en la hegemonía del pensamiento materialista sobre otras formas de interacción humana. No todo en la vida son problemas de análisis de eficiencia como lo recuerda Charles Dickens en su novela Tiempos difíciles. ¡No todo se resuelve con plata! La prueba es el gobierno que termina: apabulla con cifras en sus rendiciones de cuentas mientras avanza en el país la contrarreforma de la narcocultura sobre el terreno fértil del dinero fácil.

Recordemos que los jóvenes del país cortan bien abajo en la escala de competencia en idiomas y matemáticas, para lo cual no parece haber sensibilidad en el entrante gobierno. ¿Cuál es la filosofía que debe primar en la educación superior en un país con los problemas de desigualdad y violencia de Colombia? Con el mayor respeto por la nueva ministra, no le vendría mal leer el libro El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal (Andrés Bello 2001), escrito por la filósofa norteamericana Martha Nussbaum. En este texto, la autora de La fragilidad del bien o de La terapia del deseo, se pregunta cómo hacer entender a liberales educados y bien intencionados lo que significa tomarse en serio una formación superior para una sociedad pluralista e intercultural, de forma que no se niegue la realidad en que vivimos ni la igual dignidad de los diversos seres humanos. Todo indica que el gobierno Santos carece de concepto filosófico y planes sectoriales en materia educativa para el país. Es precisamente en esta crucial materia donde la oposición podría empezar a construir opciones diferentes de gobierno.

Loading

Compartir en redes