Belén Alarcón, en el diario La Nación, de Huila, destaca el espíritu fresco del actual Movimiento Estudiantil.
Neiva fue el escenario escogido para la primera reunión, fuera de Bogotá, de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane) que articula múltiples expresiones políticas y gremiales de los estudiantes del país y que concentró cerca de 2.000 estudiantes provenientes de toda la geografía nacional. A pesar del reconocimiento político que este movimiento ha tenido, como quiera que durante todo el año mantuvieron una acción permanente que obligó al gobierno nacional a echar para atrás la reforma a la Ley 30 que privatizaría la educación pública universitaria, los medios locales no han dado el despliegue a este, que sin duda representa un quiebre en la acción colectiva, métodos y repertorios de los movimientos sociales del país y un hito en la manera de hacer oposición a las políticas públicas que resultan lesivas a los intereses sociales.
En efecto, en los años sesenta hizo carrera una frase del padre Camilo Torres, por entonces capellán de la Universidad Nacional: “No nos desgastemos discutiendo si el alma es inmortal, cuando sabemos que el hambre es mortal”. Quizá, el padre Camilo se impacientaba por los largos debates ideológicos en los que se enfrascaba la muchachada sedienta de cambiar la historia de inequidad del país y llamaba la atención sobre la necesidad de ir a las reivindicaciones concretas de los sectores sociales más vulnerados.
Y ante la ola de represión y persecución para acallar la inconformidad y afán transformacionista, los muchachos más avezados de la intelectualidad, optaron por irse a las armas con la aspiración de lograr cambios políticos que desde las ágoras veían imposibles.
Hoy como ayer los jóvenes vuelven con el mismo ímpetu, tan radicales como entonces pero menos confrontacionistas como hoy. Les está correspondiendo despedir a la generación radical que negaba rotundamente el Estado y saludar a la radical que reinventa el lenguaje para desde el mismo Estado, reivindicar sus derechos y ejercer la democracia.
Se niegan a ir a la guerra patrocinada desde las políticas estatales, anhelan construir país desde la democracia, reinventando el método en el que estuviera enfrascada la izquierda: desaparecen los caudillismos para darle protagonismo al movimiento mismo. Su capacidad argumentativa, el estilo dialogante, sencillo, alegre y rebelde que caracteriza a esta juventud, pasa del confrontacionismo sin resultados a una manera más deliberativa de hacer política, cogiendo el debate por la raíz, por eso son radicales. Los estudiantes han derrotado la política pública; el parlamento no los representa, ellos mismos pretenden orientar los retos educativos del país.
Los jóvenes ponen de relieve su capacidad organizativa y su oposición al modelo neoliberal, planteando un debate de poder frente al ejecutivo y al legislativo nacional: “Queremos una universidad del tamaño de nuestros sueños”. Neiva se refrescó con su presencia.
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