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Laura Ruiz Córdoba es administradora pública y abogada en formación (U. de Antioquia), y en el portal bajolamanga.co analiza la difífil situación financiera y de gobernabilidad del Politécnico Jaime Isaza Cadavid, que vive un paro de sus estudiantes, que buscan que se convierta en Universidad. |
El Politécnico Jaime Isaza Cadavid, con sede principal en El Poblado, nace por ordenanza de la Asamblea Departamental de Antioquia en 1964 como un instituto de formación técnica, que más adelante se convertiría en tecnológica, y hoy día universitaria; además de oferta de pregrados, ofrece especializaciones y maestrías. Cuenta con 12 programas profesionales, 20 tecnológicos y tiene presencia regional en Rionegro para el Oriente y en Apartadó para el Urabá Antioqueño.
En la actualidad atraviesa la mayor crisis de su historia, en tanto presenta un déficit fiscal de 19.600 millones de pesos, cuando a septiembre de 2014, se calculaba en 8.095 millones de pesos. El estudiantado respondió convocando a un paro indefinido para exigirle a la Gobernación de Antioquia, a la Asamblea Departamental y al Ministerio de Educación Nacional “que resuelva el Déficit Presupuestal en su totalidad antes de Ley de Garantías, sin importar su suma.”
Entre las principales exigencias que planteó la comunidad estudiantil está el cambio de la condición del Politécnico como “Institución Universitaria”; aduciendo que según el Decreto 1212/93, se cumple con los requisitos para la transformación de su denominación a “Universidad”, con lo que se abriría la posibilidad de recibir recursos de orden Nacional que contribuya a superar su crisis financiera.
La crisis en el Politécnico tiene que ver con la pérdida de su carácter de público y que eso se deba principalmente a la falta de inyección de capital por parte del Estado, y así es como ha dejado de proteger y beneficiar intereses públicos, para definitivamente privilegiar los privados.
El “poli” se ha convertido en una institución que paga favores a los partidos políticos tradicionales de la región y en un espacio de clientelismo y oportunismo político, de ahí que las lógicas de la contratación del personal obedezcan a esas dinámicas como: la “dedocracia” con la que se elige a parte del personal docente, los altos costos de sus matrículas y la utilidad monetaria implícita en los servicios que ofrece: vacacionales, modalidad silla vacía, cursos intensivos de tres niveles de inglés en un mes a costos altísimos (como requisito de grado para los estudiantes); pago de certificados de estudio, de historia académica, de derechos de grado, y la imposibilidad de habilitar una materia para tener que pagarla de nuevo. Éstas entre otras estrategias ha utilizado la administración para aumentar los costos de la educación en la institución y para recibir más recursos por parte de la comunidad estudiantil, es decir, que en últimas, en quien recae la situación deficitaria que hoy sufre el Politécnico es en los estudiantes, que además padecen la pésima calidad educativa que éste ofrece.
El Politécnico, además de todo, no tiene dolientes, a casi nadie le interesa la situación por la que atraviesa, ni afuera, ni adentro; unos cuantos se dan a la tarea de abanderarse de esos propósitos, pero fácilmente sucumben ante la presión de los estudiantes, que en todo caso y de manera respetable, no quieren ver afectados sus calendarios académicos.
La idea de llamarse “Universidad” no puede obnubilar la verdadera situación a enfrentar, pues no es deseable pintar una casa por fuera para que quede bonita, mientras por dentro está hecha trizas.
Hay que transformar el poli desde adentro, apostarle a la calidad educativa, incrementar la calidad del personal, cuestionar las prácticas institucionales y los métodos de enseñanza. Si en menos de un año, hay poco más de 10 mil millones de pesos adicionales en rojo, solamente puede obedecer a que estamos en presencia de un fenómeno de corrupción, que ha desviado los recursos que provienen, bien sea de la Gobernación, o de las matrículas de los estudiantes, que para ejemplificar, para el 2013 fueron alrededor de 6 mil millones de pesos.
Es una oportunidad para presionar al Gobierno Nacional y al Departamental, para que se metan la mano al dril para recuperar las instituciones que aportan a la ampliación de la cobertura educativa, a través de la regionalización; pero también debe apostarle a la renovación del politécnico, a la reingeniería de su estructura; en últimas a reinventar el método. Nunca más burócrata en los escritorios de la educación pública. Ojalá a la puerta del poli también llegue “Antioquia, la más educada”
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