Arturo Arguello, en El Tiempo defiende la propuesta de reforma de la ministra Campo
Quisiera dedicar mi columna de hoy a otro grupo de reaccionarios irreflexivos, que está poniendo en riesgo una gran oportunidad para el país y que no pasa de ser una minoría, que iza una bandera autoproclamándose representantes de la mayoría, pues dudo mucho de que los estudiantes de educación superior que tiene Colombia compartan la visión de debates académicos en los que el principal argumento son las piedras, las marchas y tres exigencias propias de otros grupos que preferiría no mencionar.
El texto de la reforma de educación superior cambió considerablemente y, lejos de querer privatizarla, como algunos con déficit en comprensión de lectura o con un exceso de opinión sin lectura han manifestado como argumento principal de su oposición e indignación, el nuevo texto propone fortalecer a las instituciones de carácter público, prohíbe el lucro de personas naturales y jurídicas, se concentra en el aseguramiento de la calidad y la transparencia, fomenta la autonomía con responsabilidad, promueve el desarrollo de la investigación, la innovación y la movilidad internacional de estudiantes y profesores, compromete a las instituciones de educación superior con el desarrollo de la sociedad y amplía progresivamente la cobertura.
Todos los ciudadanos, y particularmente los estudiantes de instituciones de educación superior del país, tenemos la responsabilidad de leer por completo los 165 artículos del nuevo texto de la reforma con una actitud crítica, antes de emitir cualquier juicio u opinión que se sustente en argumentos de un debate que ya no está vigente. Persistir en la afirmación de que la reforma propone privatizar a la educación superior o que atenta contra la calidad pone en evidencia esa mala manía de los colombianos de opinar sin conocer sobre lo que se está opinando.
Por mi parte, y pese a las fuertes críticas que en otras columnas le he hecho al Ministerio de Educación Nacional, en esta debo reconocer que, si el nuevo texto de la reforma es aprobado sin vicios en su trámite por el Congreso, el país podrá encontrar de nuevo el camino extraviado hacia ese sueño que tenemos todos los colombianos de convertir a la educación en un derecho.
Ahora bien, así como en su momento no dudé en criticar fuertemente a la ministra Campo, en esta columna no dejaré de mencionar que los que le están fallando al país en esta oportunidad son los que dicen ser líderes estudiantiles y están actuando como reaccionarios irreflexivos que, por un lado, exigen garantías democráticas y, por otro, pisotean el fundamento dialógico y deliberativo en el que se sustenta esta doctrina.
Que los llamados líderes señalen con qué artículos están en desacuerdo y presenten sus argumentos, porque si alguien debe estar indignado, somos nosotros los ciudadanos con la conducta que esa minoría de estudiantes ha tomado, al destruir el bien público, alterar el orden de la ciudades, impedir el normal desarrollo de las clases y rechazar la opción de diálogo.
Y que el resto de los ciudadanos, antes de decir que están en desacuerdo con la reforma porque privatiza la educación superior, vayan a la página del Ministerio y se tomen una hora de su tiempo, para que no emitan cualquier concepto que los hará quedar como otro tonto más que opina de manera desinformada, pues Colombia, sin duda alguna, necesita más reflexión con argumentos y menos reacción sin fundamento.
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