Uniatlántico: ¿qué viene ahora?

Editorial del diario barranquillero El Heraldo sobre la situación de la Universidad, luego que el Gobierno, a través de la ministra de Educación, ha pedido que la escogencia del nuevo rector de Uniatlántico se haga a través de un proceso transparente. Es lo mínimo que se puede esperar para la más importante universidad pública de la región Caribe.

De manera transitoria ha sido nombrado en la rectoría de la Universidad del Atlántico el economista Rafael Castillo Pacheco en remplazo de la ingeniera Ana Sofía Mesa, cuya salida se produjo luego de varios meses de tiranteces por las demoras en la notificación de la pensión de la funcionaria, hasta que el Consejo Superior tomó la decisión de nombrarle un relevo en la rectoría.

En el balance de Mesa hay que ser justos y objetivos. Su llegada al máximo cargo de la Udea se produjo en una coyuntura particularmente complicada de la institución: varios rectores habían pasado por esta en un lapso crítico en el que seguían incrementándose sus problemas financieros, al punto de que llegó a tener un alto nivel de endeudamiento calculado en unos 187 mil millones de pesos. Se convirtió, como la Universidad del Magdalena a mediados de los años 90, en una Alma Mater casi inviable, prácticamente desahuciada.

Fue entonces cuando, con la intervención del presidente Álvaro Uribe Vélez y el refrendo del gobernador Carlos Rodado Noriega, se nombró a la ingeniera antioqueña Ana Sofía Mesa para que gobernara con firmeza y autoridad una Universidad que se había salido de control e iba camino al cierre inexorable. Una de sus primeras acciones fue ordenar una reforma administrativa controversial que desató una serie de demandas y reintegros subsiguientes; aún así, partidarios y adversarios de Mesa le reconocen sus aciertos en la normalización de la vida financiera y administrativa de la Udea. Pero deja la sensación en algunos sectores de que a sus 67 años –siendo la de retiro forzoso a los 65 –se empeñaba en aferrarse al puesto, lo que ella siempre desmintió con el argumento de que lo de fondo era la avidez de algunos políticos del Atlántico de engullirse la entidad, ahora que sus finanzas han sido restablecidas. En respuesta, los aludidos han contestado que la Udea no está entre sus objetivos burocráticos, cosa que, a decir verdad, nadie cree.

En medio de la discusión sobre el presente y el futuro de la Universidad, la ministra de Educación, Gina Parody, ha terciado  pidiendo que la escogencia del nuevo rector pase por un proceso transparente y meritocrático. La entidad desde hace varios años ensayó el mecanismo democrático de seleccionar el rector vía consulta, pero los resultados han sido discutibles por la intromisión de las malas prácticas de la política. Por eso, lo importante hoy es lograr una escogencia que, sin sacrificar la participación de los estamentos universitarios, asegure un rector o rectora de altas calidades intelectuales, administrativas y éticas.

Una de las contribuciones que cabría esperar del rector Castillo – en su encargo– es que ofrezca una rendición de cuentas que muestre el estado real de la institución en términos financieros y académicos.  Se ha dicho que la Universidad tiene el reto de avanzar en la acreditación de sus programas académicos, y tal vez la condición principal para que ese logro sea posible es que lo administrativo y financiero funcione sobre sólidos soportes.

Se entiende, por lo demás, la preocupación de la ministra Parody: la Udea, como la totalidad de las universidades públicas departamentales, depende fundamentalmente de las transferencias nacionales –las gobernaciones no aportan casi nada pese a que los gobernadores presiden los consejos superiores– y, por eso, dentro de la autonomía de estas, se comprenden las exigencias y los condicionamientos del Gobierno Nacional en materia de eficiencia y calidad. ¿Qué viene después de la rectoría de Ana Sofía? ¿Va a garantizarse una rectoría que jalone a la institución a superiores niveles de excelencia? Proceder con responsabilidad política es lo único que puede asegurar que la Universidad del Atlántico responda a los retos académicos e investigativos de la ciudad y el departamento.

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