El analista Luis Fernando Páramo JIménez celebra los cambios en el Ministerio de Educación Superior “ante tanta arbitrariedad en la concepción de su calidad y los métodos para medirla”, dice.
El Ministerio de Educación Nacional, sin renovación en los cargos fundamentales para lograr las metas del Presidente Santos en Educación Superior, sería un contrasentido. La anterior Ministra, mi colega Ingeniera Industrial, excelente ejecutiva y por sobre todo inmejorable en la gestión de recursos económicos públicos para la educación Superior.
Mi único reparo se refiere a su última Viceministra de Educación Superior, que en mi criterio nunca dio la talla a su incansable labor, en dos sentidos: no tenía ni idea de Calidad de la Educación Superior y con politiquería barata manejó el CESU.
Los recientes acontecimientos en el Ministerio de Educación, dan una voz de esperanza a quienes hemos luchado y defendido la tesis, de que la Educación Superior merece un respiro, ante tanta arbitrariedad en la concepción de su calidad y los métodos para medirla.
La nueva Ministra, tan ejecutiva como la anterior, empieza a tomar determinaciones que valen la pena analizar; primero articula el SENA con el Ministerio, nominando a una funcionaria clave como Viceministra de Educación Superior, que puede lograr establecer las diferencias de los programas académicos de la educación superior, sin hacerlos incompatibles con los de la formación profesional, lo cual ha sido consecuencia de posiciones irrelavantes, en un país donde la “doctoritis”, ha querido ocultar y menoscabar, la enorme importancia para el desarrollo económico y social, de la formación tecnológica o de la técnica profesional o laboral.
Ese cuento que todo soldador quiere ser ingeniero, que todo técnico dental quiere ser odontólogo o que todo trabajador social quiere ser filósofo de profesión, es solo un mito político, por no decir politiquero.
De otro lado, por primera vez, la Dirección de la Oficina De Calidad del Viceministerio de Educación Superior, lo ocupará un ingeniero industrial, lo cual indica que se le podrá exigir resultados técnicos y no seguir aceptando las irresponsabilidades de los actos, que las anteriores funcionarias de dicha oficina hicieron, pues estaban convencidas, que saber de calidad, era conocer la normatividad vigente, sin saber medir con rigurosidad metodológica y matemática, los resultados inocultables de mediocridad, y haber perdido mas de veinte años, para avanzar hacia una calidad relevante de la educación Superior Colombiana.
Es falso, a mi leal saber y entender, que la Educación Superior Colombiana sea tan de mala calidad como se quiere mostrar, pero sin parámetros suficientes de medición, la valoración y evaluación, se convirtió en un factor de opinión, cuando en el mundo entero, es un problema de medición frente a estándares, debidamente concertados y aceptados por las comunidades científicas. Es ilógico y arbitrario que en el sistema de calidad de la educación superior en Colombia, se quiera ocultar la falta de rigurosidad científica y procedimental, distrayendo la atención de la sociedad, denominando inexplicablemente estándares, a condiciones mínimas de calidad en el caso de los Registros Calificados o Factores de calidad, en el caso de Acreditación de Alta Calidad.
Insistimos, ¿Quién en el caso de CONACES, o Quién en el caso de CNA, nos puede sustentar, donde nació una sistema de aseguramiento de la Calidad sin estándares? Disculpas habrá muchísimas, pero deben guardárselas para la evaluación que la sociedad les va hacer próximamente.
Los debates de control político al Ministerio de Educación Nacional y la presión de la comunidad académica, estoy seguro me darán la razón.
Luis Fernando Páramo Jiménez
Ing Industrial. Magíster en docencia Universitaria
Consultor e investigador en Calidad de la educación Superior y
En Ambientes Virtuales de Aprendizaje
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