|
|
Jorge Pulecio, economista y profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia, analiza -en Ola Política- los retos que tene el SENA, considerada como la “joya de la corona” del Gobierno Santos.
|
El bien más preciado para los colombianos es la paz y los instrumentos para alcanzarlo deben ser la educación y la equidad. Ese parece ser el legado político del presidente Santos II, muy lejos de las locomotoras enclaustradas de Santos I.
Pocas han sido las críticas de fondo al mensaje presidencial del pasado 7 de agosto. Las más sólidas reclaman que dejó por fuera el tema ambiental y que no aparecen las estrategias financieras para hacer viable el “nuevo modelo de desarrollo”. Los más se muestran incrédulos, ya sea frente al proceso de paz o a que realmente se vaya a cambial el modelo de las locomotoras de Santos I. Amanecerá y veremos.
Por ahora detengámonos en lo que el presidente llamó “la joya de la corona”, el SENA, a todas luces clave para el proclamado modelo de paz, equidad y educación. Y hagámoslo como sugerencias al Ministro de Trabajo y al Director del SENA, en la perspectiva del Plan de Desarrollo.
Como sabemos, el SENA -creado en 1957- fue funcional al proceso de “industrialización intermedia” que alcanzó Colombia en la segunda mitad del siglo XX: calificó la mano de obra barata que requirió entonces la industria y la agricultura. Fue diseñado primero como una transferencia necesaria del Estado al empresariado en crecimiento. Luego las empresas fueron conminadas a cofinanciar la calificación de esa mano de obra y ahora, de nuevo (Santos I), toda la sociedad tributa para financiar tal calificación, vía Presupuesto Nacional, con la expectativa de que la reducción de costos a los empresarios se exprese en creación de empleo.
En el lapso de los 57 años de vida del SENA el país cambió su estructura productiva y aunque la entidad ha tratado de acompañar esos cambios, falta mucho por hacer. Colombia, de un crecimiento basado en industria y agricultura, pasó a soportar su dinámica en los sectores minero-energético y de servicios.
En el mediano plazo se mantendrá esa estructura, pero es posible que la agricultura retome protagonismo si se conjugan tres factores: i) si se consolida la paz; ii) dada la necesidad (global, mundial) de cambiar la matriz energética, de base en combustibles fósiles a fuentes renovables; y iii) dados los cambios climáticos y el crecimiento de la demanda de alimentos en Asia.
Como se mantendrán los TLC, solo crecerá la “industria sucia”, la desechada en los países desarrollados. Pero seguirán creciendo los servicios, la industria soportada en servicios y la de bienes no transables.
El SENA debe orientarse, en consecuencia, a calificar la mano de obra: i) para producir servicios de clase mundial; ii) para agregar valor a la cadena minero energética y que no se exporten materias primas sin elaboración por carencia de mano de obra adecuada; iii) para los servicios que apoyan el dinamismo de la industria; y iv) para la nueva economía alimentaria.
Lo anterior requiere, entre otras: promover el bilingüismo pleno en una cohorte de técnicos y tecnólogos de élite, que no se vayan del país; reconocimiento cultural e institucional del papel protagónico de los técnicos y tecnólogos en la construcción del país, la paz y la competitividad; promover que los técnicos de élite ganen más que los “profesionales” del montón (eso ya sucede en el sector minero-energético, pero no se conoce); hacer cambios legislativos para superar el anacronismo que exige grado profesional para ocupar todo cargo público (algo estúpido y premoderno); adquirir laboratorios de frontera tecnológica y museos del trabajo; pero sobretodo, el SENA debe abanderar en Colombia la cultura –en realidad el CULTO- al saber hacer, fabricar, construir, producir, probar, experimentar, moldear, innovar… por contraste a la “cultura del atajo”, la cultura traqueta del riesgo y el enriquecimiento fácil.
Más importante que lo anterior, si de verdad el SENA es la joya de la corona y, como proclamó Santos II, el futuro es de paz, equidad y educación, la entidad debe ser diseñada para incluir:
o Constituirse en el mejor sistema de movilidad social del país;
o Instrumento para que los trabajadores se reconozcan más dueños de lo que producen y construyen, no mera mano de obra barata “para los empresarios”;
o Formar para el éxito como trabajador-emprendedor, como ciudadano libre, capaz de convivir con la diversidad y en paz;
o Que los egresados del SENA puedan obtener los MEJORES SALARIOS del mercado, montar sus propias empresas y ser dirigentes sociales.
o Dado que la capacidad de innovar existe en toda la cadena productiva (así como en todos los estratos de la sociedad, razas, culturas), los egresados del SENA pueden ser los abanderados de la innovación en el sistema productivo y social;
o Santos II debe dar ejemplo nombrando en cargos destacados de conducción nacional a egresados del SENA y como líderes de las reformas legales pertinentes. No tienen por qué ganar más los de títulos profesionales sino los que más VALOR le aportan a la producción.
o El propósito es que el sistema social y productivo que promueva el SENA permita una sociedad más justa, equitativa, próspera y en paz;
En suma, el SENA debe ser pensado ahora como la Universidad de la vida, del trabajo y de la paz. Los mejores académicos, los empresarios más exitosos, los deportistas y artistas de vanguardia deben ir a esta Universidad a aportar su experiencia, su arte y su saber.
La joya de la corona puede ser el principal agente de la creación de empleo digno para trabajadores emprendedores, innovadores, polivalentes, dueños de su destino en un país en paz.
![]()
