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“… Por eso es urgente una política de ciencia y tecnología no como paño de agua tibia sino como política de Estado, igual que en Costa Rica o Kenia, de lo contrario vamos a seguir peleando por cómo salir de la pobreza cuando la ciencia y la tecnología mostraron el camino hace ya más de dos siglos…”
En nuestra nación es frecuente que lo urgente le quite peso a lo importante, pasado el plebiscito tenemos al frente una construcción de nación de gran envergadura. Independiente de la polarización deberíamos tener metas comunes a los gobiernos y los partidos y de importancia para toda la nación. Metas comunes de fondo son las políticas de Estado. La equidad, la salud y la educación para todos son básicas y aquí en Colombia son una ilusión apenas, un sueño.
Hay una grave ausencia de sólidas políticas educativas, de salud, educación y acceso a los bienes más significativos del mundo contemporáneo, en una sociedad justa y desarrollada eso debería ser el pan de cada día, tal como pensaban Descartes o Hobbes para la razón hace varios siglos. No nos podemos resignar a una Colombia atrasada en todos esos aspectos, tan preocupante como el déficit social de esos bienes es la carencia nacional de conocimiento e información de alta calidad.
Los medios de comunicación controlados por empresas privadas, muchas de ellas transnacionales y también voraces, proveen mucha información de baja utilidad pública a veces perversa e interesada y al servicio de grupos económicos que ejercen a escala mundial un egoísmo destructivo. Deficiencia nacional de ciencia y tecnología se expresa en limitados recursos económicos y se demuestra con el pobre espacio en los medios para la divulgación, limitada circulación o incluso inexistencia de revistas de ciencia y tecnología de alta calidad y circulación nacional; exiguas separatas en los grandes periódicos, pocas revistas universitarias sobre el tema, apenas unas páginas en la prensa universitaria casi doméstica son pruebas adicionales de una carencia que nos tienen desorientados en el punto que trata esta columna: Colombia es una nación que no tiene claro el papel de la ciencia, la tecnología y la innovación en el mundo actual.
Protuberantes atrasos en materia de tecnología y conocimientos actualizados nos tienen peleando por la tierra. Y la tierra sola no produce nada, tierra sin tecnología es casi desierto seguro; el trabajo solo apenas logra el milagro cotidiano de la supervivencia, esa es la magia que nuestros campesino llevan siglos realizando, pero de eso se sobrevive pero no superaremos los mínimos que tampoco tenemos cubiertos; un porcentaje muy alto de la población padece hambre en un territorio lleno de sol y agua pero sin conocimientos productivos.
En todo el mundo se está produciendo ciencia y tecnología para el progreso y aquí somos la patria boba que sigue discutiendo leyes y protocolos mientras el control mundial sobre conocimientos y riqueza crece ante la mirada complaciente de los gobiernos de las naciones desarrolladas.
Los monopolios de información, ciencia y tecnología se expanden, las patentes son la barrera efectiva para el acceso y quedamos rezagados en nuestra capacidad de crear e innovar. Los poderosos acaparan ciencia, tecnología e innovación y nosotros creemos que la clave es una industrialización de recorta y pega y un desarrollo agropecuario manual y parcialmente ignorante de lo que lo hace productivo y eficiente. Por eso es urgente una política de ciencia y tecnología no como paño de agua tibia sino como política de Estado, igual que en Costa Rica o Kenia, de lo contrario vamos a seguir peleando por cómo salir de la pobreza cuando la ciencia y la tecnología mostraron el camino hace ya más de dos siglos.
Producir conocimientos de alta calidad es vital y similar a la importancia de la salud y la educación para todos.
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