Abril 2/20 Antes de la pandemia se cuestionaba cómo la Universidad formaba para el cambiante mercado laboral. La cuarentena confirma que el trabajo tendrá nuevas dimensiones que impactarán los modelos de formación.
Por ello cobra vital importancia el último número de la Revista de la Asociación Colombiana de Universidades ASCUN, denominada “Pensamiento Universitario”, que trae un informe especial sobre las nuevas formas del mercado laboral y su impacto en la formación universitaria. El informe muestra cómo las maneras como las universidades han concebido sus propósitos de formación y relacionamiento con el mercado laboral están siendo revaluadas por cambios en el ejercicio de las profesiones, las tensiones y los requerimientos del medio empleador y del mercado laboral.
El informe, que cobra especial importancia en momentos de cuarentene casi mundial por el Coronavirus, permite reflexionar sobre cómo los egresados profesionales deben superar los paradigmas disciplinares enfocados especialmente en el trabajo en sitio, y desarrollar habilidades que les permitan abordar las nuevas formas de pensamiento, interacción y trabajo en todos los ámbitos sociales.
El siguiente es un resumen del artículo, cuyo texto completo, además de la revista, se pueden ver haciendo clic aquí.
Las nuevas formas del mercado laboral y su impacto en la formación universitaria
El uso de la tecnología en todos los sectores de la economía y los sistemas de producción, la globalización empresarial, el cambio en las modalidades de contratación, la variación en las expectativas de los jóvenes y nuevas visiones de mundo, de las formas de relacionamiento, de creación y de diversión, entre otros, están poniendo a la educación superior a revisar su intencionalidad para reconocer que debe incorporar la inserción del egresado en los campos del ejercicio trazados en un currículo y un proyecto de formación profesional, a fin de asegurar como “producto” un adecuado trabajo profesional de estos.
Por un lado, cada vez son más más los profesionales (egresados de instituciones de educación) con mejores niveles de formación, pero las tasas de desempleo nacional difícilmente se acercan a cero y, por el contrario, por muchos años se han mantenido en el rango del 8% al 12%. Según el más reciente estudio de la empresa mundial de
consultoría en recursos humanos, Manpower Group, hay una brecha grande entre las habilidades que se requieren en las empresas y aquellas con las que están formadas las personas.
La situación ha llevado a que las empresas de hoy tienen más opciones para escoger candidatos debidamente cualificados para atender sus necesidades de talento humano, y a menores salarios de los que hace unos años pagaba.
Tener un título profesional, en cualquier nivel, se constituye en un requisito base para intentar acceder al mercado laboral con algún nivel de cualificación, pero no es garantía ni de empleo ni de garantía de poder desempeñarse profesionalmente en el campo en el cual fue formado.
Las dos formas tradicionales para generar ingresos mediante el trabajo han sido el empleo formal y el emprendimiento. Así mismo, actualmente se incorporan a estas otras formas de reconocimiento del trabajo por labor específica y por producto, bajo figuras legales diferentes a los contratos laborales.
De forma alternativa al empleo tradicional surgió el llamado empleo informal y el emprendimiento. Mientras que el empleo informal define condiciones temporales, variables e inciertas de contratación y remuneración, el emprendimiento es el resultado de una vocación personal de diversificar los modelos tradicionales de producción y ofrecimiento de bienes y servicios.
Como empleo informal se identifica aquella actividad no controlada por el Estado, ajena a sistemas de tributación y seguridad social, en el que profesionales o no profesionales buscan ingresos, bien por falta de formación, de oportunidades o por la imposibilidad de vincularse formalmente en el empleo formal. Los profesionales que laboran en empleo informal llegan allí por necesidad de trabajar o porque generan, por ese medio, más recursos de los salarios que recibirían en el sector formal.
Sostener un emprendimiento demanda grandes esfuerzos para consolidarlo; es decir, mantener su actividad de forma sostenida en el tiempo, con ingresos adecuados, legamente dentro del sistema tributario y con posibilidad de generar empleo para más personas.
La alternativa al empleo no necesariamente es el emprendimiento. También es el empleo en entornos originariamente no pensados para la profesión, y generalmente, quienes así se desempeñan lo hacen más por frustración, bajos salarios o imposibilidad de ubicarse adecuadamente en la disciplina estudiada.
Los nuevos paradigmas del trabajo
La adopción de la tecnología informática, el internet, la robotización y la automatización, y su máxima expresión en la inteligencia artificial no sólo han dado origen a una nueva era industrial (la cuarta), también han impactado directamente en la productividad de las empresas, en cuanto a sus productos, servicios, tiempos, procesos, insumos, resultados y experiencias con los clientes y compradores, y han incidido (y aún no se sabe hasta dónde) en la forma como se vincula, remunera, valora y potencia el empleo.
La tecnología ha impactado radicalmente en la forma como el trabajo, hoy identificado como tradicional, demanda habilidades específicas, y los conceptos de horario, lugar de empleo, compañeros de actividad, procesos y tiempos de producción se están revaluando constantemente.
La evolución constante de las técnicas de producción, la necesidad de ser creativos en un mundo cada vez más globalizado y competitivo, y la relativamente fácil y rápida forma de actualizar conocimientos gracias a la web, han superado el concepto de trabajo como una labor rutinaria, estable, sujeta a horarios, normas, actores y clientes. Los empleos han ido migrando a posiciones en donde se demanda, sí o sí, conocimientos de tecnología digital, habilidades para interactuar con profesionales de otras disciplinas, comprensión global de los mercados y personalización y bienes y servicios.
Ahora se buscan profesionales digitales, creativos, con mentalidad universal y abiertos permanentemente mente al cambio. Los trabajadores perfectos para cumplir un horario, seguir instrucciones, no objetar decisiones, dedicados a hacer y no pensar, a obedecer y no objetar, entre otros aspectos, van siendo personajes del pasado.
El reto formativo de la Universidad
Aunque, no formalmente, la Universidad tiene un rol de co-responsable en la inserción del egresado al medio, y por supuesto en su desarrollo pleno, incluyendo su bienestar económico. No obstante, hay que reconocer que el sistema de educación superior hasta ahora no ha apostado lo suficiente por el futuro laboral de sus egresados. Si bien, ese es uno de sus objetivos, la lógica del mercado laboral y el sector empresarial ha sido muy distinta del lenguaje académico universitario. Es común el comentario en el sentido de que la Universidad y la Empresa poco dialogan para establecer protocolos que permitan a una y otra satisfacer sus expectativas en torno de estudiantes y trabajadores.
Es prioridad para la Universidad estar al tanto de responder a las expectativas del sector empresarial y del mercado laboral, puesto que, el comportamiento del empleo sí incide radicalmente en las preferencias de los estudiantes y potenciales estudiantes del sistema de educación superior.
Los cambios que podría implementar la Universidad
Para formar profesionales con capacidad de insertarse en el cambiante mundo del trabajo y del desempeño profesional, las universidades deben estar en capacidad de:
• Diseñar planes de estudios flexibles, modificables en tiempo real, conforme las dinámicas del sector productivo
• Crear programas de certificación y recertificación profesional, especialmente en campos que tiene mayor impacto del sector tecnológico.
• Reconocer y potenciar los saberes previos y paralelos adquiridos por los estudiantes en sus ámbitos personal, laboral, académico, creativo, independiente, asociativo y diseñar trayectos formativos, con salidas parciales, con miras a la inserción laboral o al reconocimiento de resultados de aprendizaje.
• Incorporar los desarrollos de la transformación digital en los diversos procesos académicos y administrativos de la Universidad
• Ir hasta donde están los estudiantes en sus ámbitos de producción; tener la posibilidad de formar fuera del aula, ajeno a estándares de asistencia, grupos de estudio, cronogramas de horarios…
• Impulsar actividades de proyección y de interacción con sectores del entorno social, económico y productivo con docentes “menos académicos” y más cercanos al empleo, el emprendimiento, la empresa y los entornos organizacionales en los que se espera que labore el egresado
• Revisar y actualizar sus políticas para la definición de la oferta y actualizar los lineamientos para el diseño y evaluación curricular, hacia el enfoque de resultados.
Y, además de revisar sus esquemas de gestión para permitir espacios de formación que articulen planes de estudio, deben considerarse otros escenarios de desarrollo que incluyan, por ejemplo, la interacción con el entorno, la vinculación con el medio empresarial, la creación de observatorios laborales, el seguimiento de egresados, el análisis de currículo, los estudios comparados y la proyección del ejercicio profesional, entre otros aspectos.
También:
• Incorporar nuevas modalidades pertinentes a los requerimientos de los campos profesionales, en los cuales se favorezca el análisis de problemas, los proyectos, la definición de retos y sus vías de solución.
• Disminuir contenidos, accesibles en internet o en el ejercicio práctico, e introducir más componentes de formación en habilidades sociales.
• Incentivar y demandar una segunda lengua como un modelo de supervivencia en un mundo globalizado.
• Dominio de softwares, navegadores, plataformas, redes sociales, bases de datos, buscadores y aplicaciones generales y aquellas herramientas que le permitan al egresado interactuar con profesionales de diferentes campos.
• Gestión económica de la independencia personal y profesional.
• La profesión y el ejercicio profesional en la red. La huella digital y el exitoso desenvolvimiento en dicho medio.
• La creación de parques tecnológicos que favorezcan incorporación de innovación, desarrollo de semilleros de ideas de negocio, aceleración de empresas.
• Aceptación y gestión del cambio, rompimiento de paradigmas, sobrevivir ante las dificultades, “gerenciar” el desempleo, insistir y tolerar la frustración, reinventarse profesionalmente.
• Enseñar a diferenciar entre el lucro y el negocio; los modelos de emprendimiento llevados a la práctica; los planes de oportunidades; los sistemas de seguridad social, de tarifación y cobro y de cargas impositivas, entre otros.
• Paradigmas disciplinares e interdisciplinares. Concertación de propósitos y visiones de la realidad. “Fusión – alianzas” de miradas profesionales (por ejemplo, economía del comportamiento, biología computacional y diseño tecnológico).
• Aprender a desempeñarse en diversos ambientes de trabajo: La oficina, la casa, la red, etc.
• Desarrollo pleno de comprensión de lectura, analítica y numérica, y el posterior pensamiento crítico.
• Premiar el rompimiento de paradigmas y no castigar el buscar otras opciones diversas a las contempladas en los modelos de evaluación. Premiar los sueños, y no castigarlos con reglamento.
• Procesos de desaprendizaje.
• Hábitos personales llevados a la práctica del ejercicio profesional.
• Enfoque hacia el desempeño profesional (empleo) desde inicios del plan de estudios y no al final.
• Diálogo intergeneracional. Comprender a los mayores, sus idearios, paradigmas, retos y miedos y trabajar con ellos.
• Y, siempre, ética práctica y menos teórica.
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