Feb 26/21 El crédito académico mide el tiempo de dedicación por asignatura. Si el estudiante inscribe, y le dejan hacerlo, más de 20 créditos significa que estudia más de 60 horas a la semana. Hay casos de más de 80 horas.
A manera de referencia, vale decir que, por lo general, la dedicación de un profesor de tiempo completo en una universidad va entre 40 a 48 horas a la semana.
La situación se presenta a propósito de una columna de opinión del estudiante Juan Diego González, de la Universidad de Los Andes, publicada en el periódico Eluniandino, en donde cuestiona lo que significa la alta carga académica y los impactos negativos de lo que llama “extracreditarse”; es decir, incluir en la carga académica del alumno muchos más créditos de los que el tiempo real y la prudencia indican.
El objetivo de esta nota es ir más allá de la consideración que el estudiante hace frente a Uniandes, y habría que validar lo dicho por éste, pues según el reglamento estudiantil de esa IES, “a partir del tercer semestre de estudios matriculado, el estudiante que cuente con con promedio para extracreditación igual o superior a cuatro (4,0) y que además tenga el aval de su consejero o coordinador académico podrá tomar hasta 20 créditos”
En Colombia, cada crédito académico equivale a 48 horas de trabajo por parte del estudiante, bien sean de forma presencial o de trabajo independiente, sincrónicas o asincrónicas. O sea, si la materia vale un crédito, el estudiante debe dedicar 48 horas para alcanzar sus objetivos de aprendizaje; si tiene dos créditos, son 96 horas y así, sucesivamente.
En la lógica de un semestre académico tradicional, de 16 semanas, se presume que para que haya una dedicación de tiempo completo de parte del estudiante éste debería inscribir 16 créditos (48 horas a la semana por 16 semanas). Es muy común que la carga se suba a 17 y 18 créditos, y cuando ésta supera los 20 créditos el tema se vuelve preocupante por la intensidad de trabajo que debe atender el alumno.
Más de 25 créditos se ve en algunos programas de medicina y en estudiantes que cursan, al mismo tiempo, un doble programa, pero aún así esto no evade un lógico cuestionamiento: ¿o el crédito, en la práctica, no tiene 48 horas, o la IES que permiten “extracreditarse” no se preocupan realmente por el aprendizaje y bienestar del estudiante, lo cual va en contra de todo concepto de formación integral.
Y a esto habría que sumarlo, por obvias razones, el tiempo diario que cualquier estudiante debe dedicar a su alimentación y transporte.
Si bien algunos de estos cuestionamientos se pueden explicar desde la autonomía de las IES para estos temas, la realidad es que el caso de la extracreditación existe un un buen número de IES, bien porque los estudiantes desean graduarse antes, o también porque a la propia institución le interesa cobrar, adicionalmente, por cada crédito que supere la carga académica reglamentaria.
El cuestionamiento también aplica, inclusive, para quienes inscriben 16 créditos en programas que se cursan en la noche, y trabajan en el día. Tampoco se aplica la lógica en este caso.
Por eso, desde hace varios años, este Observatorio ha dicho que existe “una mentira llamada crédito académico”, a este aparentar que se cumplen unos requisitos cuando en la práctica esto no es del todo preciso.
Bien vale traer la reflexión del estudiante Uniandino cuando señala: ¨Mi invitación es a reflexionar, ¿realmente es necesaria esta carga académica (en referencia a 20 créditos)? ¿Estar todo el semestre con este nivel de exigencia, suponiendo que todo sale bien y no vamos a tener problemas de ningún tipo (de salud, familiar, etc.) nos hace mejores estudiantes?… ¿Y si rindiéramos más con un poco menos de carga académica? ¿Si nos dedicáramos menos a esclavizarnos frente a un libro o haciendo un trabajo, y nos dedicáramos más a aprender? ¿Y si un crédito significara menos de 48 horas de trabajo?”
Cuando las nuevas alternativas educativas rompen paradigmas y el mensaje para el estudiante es estudie lo que quiera, cuando pueda y como pueda, a su ritmo, seguir encasillados en un rídigo modelo como el de los créditos podría a ayudar a entender, en parte, la caida en la demanda de la educación superior tradicional.
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