La universidad neoliberal: Felipe Cárdenas

La universidad neoliberal: Felipe Cárdenas

Febrero de 2023 / Felipe Cárdenas- Támara, Director del Observatorio-Red Iberoamericano de sociopolítica, cultura y ambiente, advierte cómo “la nueva universidad pasa a ser lo que definan los burócratas y tecnócratas que pasan a manejar la vida universitaria desde aparentes conceptos neutros e higiénicamente limpios de eficiencia, eficacia y rentabilidad”.

Definir la experiencia de orden de la universidad neoliberal nos lleva necesariamente por los caminos de la ideología en una versión blanda del totalitarismo del que hablara Hannah Arendt, en lo que se puede definir como aromas de su pensamiento floral. Para Arendt, el totalitarismo es una fuerza ideológica que como toda ideología busca imponer sus verdades a la fuerza, desplazando las tradiciones e instituciones anteriores. Lo curioso de la paradoja y la antinomia en la nueva vida de la universidad mundial, es que estas universidades rompen con su tradición y establecen una relación simbiótica con la empresa y el propio Estado, en una suerte de totalitarismo y fascismo blando desde el cual quieren definir la sociedad y ser eficientes en su actuar sobre la realidad.

La otra paradoja, dada la falta de conocimiento con la realidad e historia de la misma universidad, es la lectura unilineal que se hace de la propia historia universitaria. Así, la nueva universidad pasa a ser lo que definan los burócratas y tecnócratas que pasan a manejar la vida universitaria desde aparentes conceptos neutros e higiénicamente limpios de eficiencia, eficacia y rentabilidad. En un lenguaje poco claro, se desconocen los logros de la tradición universitaria como un todo y el praxismo anti-teórico termina controlando todos los ámbitos de la vida universitaria desde modelos de aprendizaje, -ya no se habla educación en el sentido de cosmovisión- praxistas, cuyos relatos vienen de la psicología behaviorista o conductista, con todo el reduccionismo que ello implica.

Las paradojas de la universidad neoliberal en el medio latinoamericano se expresan cuando la universidad pasa a depender del Estado y del estatismo que este viene generando como corriente histórica en los últimos doscientos años y de manera exponencial en las últimas tres décadas, donde es el Estado “neoliberal” el que pretende definir ¿qué es la educación? ¿qué es la calidad educativa?, arrodillando a toda la sociedad a sus mandatos y directrices, y esto sucede, ya sea en gobiernos de izquierda o derecha en todo el continente americano, cuyas agendas como ha sido demostrado, la fijan organismos internacionales, que en muchas ocasiones no representan los sentidos ni anhelos de nuestros pueblos o naciones.                  

Desde luego que las universidades neoliberales, cuya filosofía entronca con los valores ideológicos del liberalismo, es más cercana a gobiernos que promueven la privatización, la desregulación y la reducción del papel del Estado en la economía, pero en este último punto, están en capacidad de jugar a todos los bandos, sin importar los principios filosóficos fundacionales que dieron origen a sus universidades particulares. Se cita en la literatura sobre el tema, cientos de casos de universidades que perdieron su carisma fundacional.

En la universidad neoliberal ya no se habla de educación, nuevamente reiterando que la educación es una cosmovisión, así la cosmovisión educativa se abandona en función del aprendizaje, y todo el sentido educativo de la educación clásica y tradicional se pierde en lo que debe tener la educación como fuerza transmisora generacional y experiencial de un maestro que proyecta sentidos de vida en diálogo con la historia, el pensamiento social y humanista. El maestro pasa a ser un orientador o incluso coach de sus estudiantes.  Por lo tanto, toda referencia a un modelo de educación sapiencial, confesional, no-confesional, teísta o no teísta se ignora y se borra en el discurso ingenieril de planificación institucional. La granulación del sistema impide incorporar de manera profunda y de fondo consideraciones humanistas al entorno “ecosistémico”, que en su máxima proyección noética puedan terminar molestando a un alumnado ávido de aprendizajes para el consumo en su ascenso en la escala social del maquillaje social trans de sociedades sostenibles.            

En las universidades privadas, la vida de estas sigue estando condicionada al cobro de matrículas para su financiamiento, siendo estas matrículas la principal fuente de ingresos. El estudiante es un cliente y no debe ser molestado desde la imposición de pedagogías críticas que lo lleven a cuestionarse su vida o su itinerario espiritual: vemos como los curas se quitan la sotana y pasan a vertirse de Everfit; cualquier referente o remanente a un pasado confesional o clerical se va borrando paulatinamente del lenguaje secularizado de la universidad. Todo se reviste de eficiencia moderna, de modernidad tardía, de eficacia tecnológica, de consumismo desmedido, de individualismo extremo en el marco de un aparente trabajo en equipo, cuyo efecto seguirá siendo una sociedad fragmentada, hiperproductiva pero desconectada e ignorante de otras capacidades educativas (como por ejemplo las capacidades contemplativas del hombre y de su capacidad de su obrar ético y estético).

Dado que la investigación y la enseñanza se enfocan en las disciplinas y temas que son más rentables y tienen demanda en el mercado laboral, el campo emergente de disciplinas o temas propios de las ciencias básicas, las ciencias sociales y las humanidades se ignoran y tienen que plegarse a los dictados de control social del sistema. Casos emblemáticos, los de la Universidad de California, donde los campos de estudios culturales fueron abandonados en los años noventa para darle mayor fuerza a las facultades que tenían vínculos con el complejo industrial militar de misiles y armas de destrucción en los Estados Unidos (Hoy un sector en estado gozoso con la guerra en Ucrania). También debe afirmarse que la investigación y la vida universitaria no puede estar modelada únicamente desde el modelo de las ciencias naturales, administrativas o ingenieriles.

La universidad neoliberal debe ser observada como categoría de análisis y deberá regularse desde el ejercicio de un control estatal y también por parte de la misma sociedad. La universidad como institución generadora de conocimiento, enseñanza-aprendizaje y proyección social no debe olvidar un vocabulario y una historia propia de su legado civilizador. Tiene que estar a tono con el mundo y proyectar un servicio de impacto que se desarrolle a partir del diálogo entre profesores, administrativos, directivos y la comunidad educativa como un todo. Tiene que estar sujeta a equilibrar la tensión de pertenencia simultánea de “yo” y “ellos”, particularmente en las relaciones de subordinación propias del campo laboral entre profesores y directivos.

Si bien las universidades privadas en Colombia, gozan de la protección de sus servicios por ley, como organizaciones privadas manejadas por una familia, una fundación u incluso por una persona, las universidades tanto públicas como privadas son bienes públicos, construidos con el esfuerzo generacional de profesores, alumnos, graduados y por el conjunto de sectores de la sociedad civil que ha participado en su construcción y desarrollo. Esto implica que la institución universitaria debe caracterizarse por sistemas de gestión donde la jerarquía cumple una función muy importante pero donde el conflicto, el debate y la conversación sobre el futuro y el presente de la universidad, institucionaliza, y la ley debe promoverlo y el MEN impulsarlo, espacios de debate regulado por pares y profesores que se atreven a mirar más allá del campo visual que imprime la lógica tecnocrática, y que están en capacidad de estudiar y conversar sobre las contingencias y anomias del sistema de manera franca y sin temor a sanciones laborales: la discusión y estudio sobre todo lo relativo a la implementación de racionalidades que quieren imponerse como educativas, debe ser objeto de estudio y reflexión si se aspira a darle continuidad a los mejor de la tradición universitaria.

Viene bien recordar los orígenes sapienciales de la institución universitaria en un mundo dominado o bien por el marxismo cultural “woke” o por una racionalidad empresarial del neoliberalismo ideológico que sigue pensando que la modernidad agnóstica egocéntrica es el modelo para un mundo cuyos complejos industriales militares nos han llevado a perder de vista el anhelo de pureza cristalina, precisión, claridad,  profundidad y altura que implica ser profesor universitario y no simple funcionario de una organización al servicio exclusivo del capital y de los valores de un mundo que reproduce el esquema del genocidio y del linchamiento en el esquema mental “competente” de ciudadanos ávidos de consumo y enriquecimiento, dados los valores que recibieron en la universidad.

En síntesis, como observadores de la vida universitaria mundial, la universidad neoliberal es una institución que viene marcando a nivel mundial una tendencia en la educación superior interesada principalmente por la eficiencia, la competencia y el lucro. Atrás quedaron los sueños de emancipación social y desarrollo personal, incluso entendiendo éste como despliegue noético, es decir, espiritual de la persona, las comunidades y las familias, instituciones previas a la aparición del Estado y de la misma universidad.   

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