Marzo de 2023 / Felipe Cárdenas- Támara, Director del Observatorio-Red Iberoamericano de sociopolítica, cultura y ambiente, se refiere a “La educación en la encrucijada (La educación es más que aprendizaje)”, al advertir los riesgos de cómo hay múltiples factores que están incidiendo y afectando la esencia propia de la docencia.
Se puede afirmar que la teoría educativa viene sufriendo un proceso de desplazamiento y ocultamiento teórico dado el auge de los modelos de aprendizaje y de cambio paradigmático que ha vivido la educación en lo últimos 30 años, donde en términos generales la interacción simbólica del maestro puede pensarse como bastante afectada en sus relaciones con las formas de vida de la docencia universitaria.
No se puede entender hoy la educación sin comprender la dinámica de los cambios culturales, económicos y políticos que se han desencadenado como expresión de la globalización y de la internacionalización de la economía mundial. El globalismo mundial, con sus muchos matices ideológicos, es sin duda el gran acontecimiento histórico que ha marcado todas las áreas de formación disciplinar e interdisciplinar en el mundo universitario y de los sistemas escolares.
Ahora, sin duda, las razones económicas ligadas a la internacionalización de la economía mundial también están en relación con la explicación del surgimiento de modelos de aprendizaje, mas no de educación, que sin duda tienen que comprenderse como muy vinculados al despliegue del neoliberalismo en la institucionalización de determinadas agendas económicas de orden dominante (Laval, 2010).
En ese sentido, la educación como propuesta humanista, hoy fracasada, tiene que lidiar con discursos interpretativos dominantes (Touraine, 2009) que como lo sugiere una vertiente de la literatura sobre el tema, han contaminado e infiltrado las agendas constitucionales y legales propias de la soberanía de cada país y de los propios proyectos educativos universitarios.
Desde luego, que el poder, que en esencia no es de los educadores, está condicionado al control social de quienes ostentan el poder, y así “en ocasiones el discurso interpretativo dominante (DID) está intensamente asociado a un poder económico o políticamente dominante, e incluso monopolista y autoritario” (Touraine, 2009, p. 32).
Por lo tanto, las relaciones que plantean en términos de la superación de una educación en la encrucijada y en profunda crisis deben comprenderse desde enfoques analíticos muy ligados al análisis del discurso tecnocrático que se ha impuesta a nivel mundial, y puede contar como referente las reflexiones basadas en la categoría de discurso interpretativo dominante, en sus claves de lectura para leer, tanto las propuestas de gobiernos de izquierda o derecha. Así, la relación del subsistema de la educación debe comprenderse en su cercana articulación al poder del Estado.
Desde luego, que la lógica empresarial debe de hacer parte también de la cadena de reflexión, con todo lo que el mundo de la empresa puede aportarle a la educación, que, sin embargo, bajo un criterio de proyección noética (principio transformativo), debe implicar una sana independencia y capacidad educadora autónoma por parte de todo el sistema educativo en su articulación con las agendas estatales, gubernamentales, empresariales y sectoriales.
Es decir, la pregunta realista referida a los hechos sociales de la educación, como subsistema y no simplemente como construcción social falaz “en la que todos somos Estado”, desde un modelo sociológico durkheiniano sería: ¿Quién educa al Estado y quién educa a los empresarios en otras racionalidades que no sean la del control obsesivo del Estado y la de la ganancia y la rentabilidad obsesiva del empresario?
Es necesario reconocer, actualmente que el Estado se transformó en un poder “activo”, a quien le corresponde dirigir no sólo la actividad económica, sino también un número creciente de aspectos de la vida social” (Touraine, 1987, p. 56) entre ellos el educativo, lo que implica entonces el enorme poder que tiene el Estado en fijar agendas educativas, pero también de posibles adoctrinamientos ideológicos que estandarizan lo que no es estandarizable y marcan pautas de productividad que terminan convirtiendo las aulas en panópticos del adiestramiento y la domesticación del hombre.
Si el sistema universitario, en sus lecturas académicas, teóricas y contextuales no es capaz de mantener un cierto nivel de autonomía reflexiva en relación con dos actores fundamentales del entorno social (El Estado, los empresarios) la naturaleza universitaria se desdibujará de manera dramática y se estará condenando a millones de jóvenes a jugarse la vida sobre inciertas propuestas sin ninguna referencia existencial a sus territorios, tradiciones, culturas, anhelos personales y comunitarios.
Comprender la relación que pueden llegar a tener los discursos interpretativos dominantes (DID) con el poder, hace evidente lo que Touraine (2009) denomina su fuerza, “una fuerza que consiste en la influencia, y que puede llegar incluso a la coacción” (p. 32). En otras palabras, cuando el DID está promulgado por el Estado, como expresión máxima del poder político y educativo, ya no se trata de simples ideas que influyen en la concepción e interpretación de la realidad social e individual, sino que cuenta con las herramientas coercitivas suficientes para que el DID impere y se imponga como una fuerza natural marcada por el consenso de los actores sociales, y educativos, quienes terminan subyugados al poder no ya del Estado, sino del gobierno de turno.
Se trata ya no de una perspectiva presente en la psiquis, sino de la formalización institucional de la misma, y cuyas consecuencias para la sociedad, es que la institución educativa de carácter universitario pierde toda autoridad educativa y pedagógica, haciendo que su accionar pueda terminar condicionado a los juegos “sensuales”, macabros y/o patológicos del gobernante de turno y de la racionalidad dominante, que pretende expresarse y manifestarse como natural, cuando en el fondo es un constructo ideológico que distorsiona fuertemente la realidad, lo real y la “comprensión humanista del sistema”. Recordando que el humanismo secular, como proyecto cultural y político ha sido un fracaso.
El modelo educativo dominante, desde el plano del globalismo mencionado, al estar centrado en la optimización, la eficiencia y el rendimiento, viene renunciado a la formación de la persona, como expresión de la categoría política y educativa más importante con la que ha contado la sociedad humana en la configuración del mundo y del ethos occidental (Walsh, 2020, 2016, Voegelin, 2006). Es a la persona, sus comunidades, territorios y culturas en clave trascendente, la que debemos celebrar en la necesaria articulación entre educación y aprendizaje, pero no solamente aprendizaje, tal como viene sucediendo a nivel mundial en la actualidad.
Si la educación, desde el anclaje dominante mencionado, que se entiende estrictamente como proceso de profesionalización ligado al mundo de la empresa y la productividad, dicho modelo puede pensarse que está contribuyendo de manera activa a la construcción de dicho logro en el contexto de la transformación acelerada de una universidad humanista y científica hacia lo que se denomina la industria académica, más interesada en rendir cuentas desde un modelo de calidad planificado y centralizado desde la lógica que imponen las burocracias administrativas en esquemas organizacionales jerarquizados (Hoevel, 2021).
El nuevo espíritu de control que justifica la practica discursiva dominante, puede pensarse en relación con una suerte de colonialismo de los sistemas escolares y universitarios a partir de rígidos esquemas de planificación y regulación, justificados desde el neolenguaje del paradigma idealista constructivista: ¡todos jugamos y somos tan felices, pero nos roban el territorio y nuestra herencia, pero que siga el juego, que siga el saqueo de nuestra herencia cultural! Los nuevos paradigmas del aprendizaje son poderosos símbolos del entramado mental que define a la institucionalidad educativa contemporánea; estamos presenciando la transmutación de la educación liberal en una suerte de versión occidental de educación centralizada desde el control de órganos burocráticos y estatales que fijan los criterios de la educación de calidad; el referente histórico más cercano de este proceso, paradójicamente son las economías planificadas del bloque socialista antes de la caída del muro de Berlín en 1989.
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