No somos conscientes de la revolución que se le avecina al sector educativo: Diego Santos

No somos conscientes de la revolución que se le avecina al sector educativo: Diego Santos

Abril/23 Diego A. Santos, columnista de El Tiempo, advierte sobre la probabilidad de experimentar, más temprano que tarde, un escenario universitario radicalmente diferente al visto hasta ahora.

Tengo un primo que está a punto de entrar a la universidad, pero va a ir casi que obligado. Desde hace un tiempo, con ese ingenio digital propio de los jóvenes de la generación ‘centennial’, armó un negocio de contenido para redes que le está representando un ingreso interesante. “Lo primero es lo primero”, le dijeron sus papás, sin mucho campo para refutarles.

Cuento esta anécdota porque aquellos que tenemos niños menores de 10 años seremos la primera generación de papás cuyos hijos tomarán la decisión de no ir a la universidad, así puedan. ¿Dramático? No necesariamente, pero debemos entender que nuestro rol como educadores, así como el de las universidades, debe cambiar radicalmente. Hoy, los niños consumen y procesan el conocimiento de una manera muy distinta a la que estamos acostumbrados.

Es sorprendente ver el manejo que un niño de 10 años le da a un aparato tecnológico. Más allá de que pierda el tiempo en ver videos tontos en TikTok, su destreza para navegar y realizar conexiones en internet es increíble. No solo eso, les es natural interactuar con herramientas digitales y hacen cosas que a los adultos jamás se nos ocurrirían.

El otro día me senté a jugar con una de mis hijas al Rummikub, el juego de mesa en el que uno tiene que formar tríos o escaleras con números hasta quedarse sin fichas. En un momento tenso de la partida, en el que nos estábamos agarrando por un uso incorrecto del comodín –mi hija me decía que no podía usarlo–, ella procedió a preguntarle al servicio de voz inteligente Alexa (Amazon): “Alexa, ¿cómo se usa el comodín en Rummikub?”.

La voz de Alexa nos explicó en detalle las reglas del comodín. Mi hija tenía razón y ganó la partida. Aparte de la piedra que me dio el ser derrotado por una niña de 8 años, me quedé estupefacto con el ingenio en el uso del aparato. “¿Cómo se te ocurrió hacer esa pregunta?”, le dije a mi hija. “Papi, para eso es Alexa”. ¿Terminará una Alexa educando a los niños?

Las universidades cada vez sufren más por matricular estudiantes. En Colombia, solo el 39 % de los graduandos entran a la u. Los elevados precios de las matrículas, los cambios demográficos, la compleja situación económica y un marco regulatorio asfixiante para hacer cambios han sumido al sector universitario en una crisis a la que aún no le llega el cimbronazo de esta nueva generación que se forma y educa con procesos novedosos.

Creo que aún no somos conscientes de la revolución que se le avecina al sector educativo en los años venideros por causa de lo que está pasando en digital, sobre todo con la inteligencia artificial, tan nueva para muchos.

Por otra parte, los jóvenes de hoy están viendo que ir a la universidad no garantiza un trabajo, los desarrollos tecnológicos están poniendo en jaque el futuro de algunas profesiones y los estudiantes se preguntan para qué endeudarse por un diploma si internet es el edén del conocimiento.

Dicho lo anterior, cuando llegue el momento en el que nuestros hijos estén listos para la universidad, debemos entender que los tiempos cambiaron, que hay unas nuevas dinámicas y herramientas que ellos entienden mejor que nosotros y que la conversación que sostengamos debe tener muchos elementos en cuenta para guiarlos lo mejor posible y ayudarlos a tomar la decisión más correcta. Si las universidades han de sobrevivir, han de reinventarse, por ejemplo, potenciando las habilidades blandas.

Si me preguntan si mis hijas deberían ir a la universidad, mi respuesta es un sí. Pero no sé si en 8 años la sostenga. Nunca en la historia dos generaciones, la nuestra y la de ellos, habían sido tan distintas y es la primera vez en la que la generación más pequeña se mueve mejor en el mundo que la grande. El reto que tenemos, papás, es monumental.

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