Razones para entender por qué no avanzamos en Política de Ciencia y Tecnología: Diego A. Torres

Abril/23 Diego Alejandro Torres Galindo, coordinador del Programa de Innovación, Transferencia de Conocimiento y Emprendimiento de la Universidad Nacional de Colombia analiza para esa Universidad los desafíos que, como sistema y país, Colombia tiene para darle altura a la ciencia.

El Gobierno nacional acaba de anunciar cuál será el presupuesto preliminar destinado para ciencia, tecnología e innovación (CTeI) en 2024, y una vez más la cifra es decepcionante. El próximo año este será de apenas 257.000 millones de pesos, es decir 143.000 millones de pesos menos con respecto a 2023, que fue de 399.000 millones de pesos. Para romper este eterno círculo de desfinanciamiento se deben aceptar ciertas verdades incómodas y cambiar algunas tradiciones tanto de los gobiernos como de la comunidad científica.

Se debe iniciar expresando que de nada sirve tener recursos económicos si no se tiene un propósito claro que oriente toda la política de CTeI del país.

Aunque es cierto que el presupuesto para CTeI puede llegar a ser hasta 200 veces menor que el de educación, si la ciencia tuviera el mismo presupuesto de educación, ¿cuál es el gran propósito que buscaría el sistema de CTeI?

Por ejemplo, el Consejo de Instalaciones Científicas y Tecnológicas del Reino Unido tiene como propósito “descubrir los secretos del universo, desarrollar tecnologías avanzadas e innovar para resolver desafíos del mundo real”. A partir de allí desarrolla seis objetivos que incluyen temas como el apoyo a las ciencias básicas y la difusión y apropiación científica en áreas apartadas.

Por el contrario, en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias) de Colombia no se encuentra por ningún lado información sobre cuál es el propósito de la ciencia en el país, y si existe no es conocido por la comunidad científica ni por la sociedad.

Además de la ausencia de un propósito claro, también es importante mencionar que no es posible desarrollar un plan estratégico si no existe una verdadera interacción entre quienes dirigen el sistema, Minciencias, la comunidad científica y la misma sociedad.

No importa qué tan buenas sean las intenciones de crear conocimiento de punta y hacer que regiones apartadas participen de este proceso, si la comunidad científica no está incluida en estos planes, y si, por el contrario, a grandes actores del sistema, como las universidades y los institutos –que invierten parte de sus recursos en investigación y desarrollo–, se les excluye o se les imponen condiciones imposibles de cumplir, por lo que el resultado es desastroso. No se puede castigar a quienes dan resultados.

Como ejemplo de lo anterior está la errónea decisión de hacer convocatorias en las cuales se usa la “discriminación positiva” para buscar la participación de regiones que históricamente no han intervenido activamente en actividades de CTeI, lo cual termina generando un efecto adverso al deseado.

Sería deseable que la planeación se haga conjuntamente entre las actividades de Minciencias, las universidades y los centros de investigación. Por el contrario, existe un divorcio entre el Ministerio y los grandes actores del sistema, haciendo que los planes del Gobierno no tengan eco en los grupos de investigación y en las mismas comunidades, además de la casi nula participación de Colombia en grandes proyectos internacionales de importancia para la humanidad.

Dicho divorcio hace que ni siquiera los investigadores entiendan exactamente qué desea el Gobierno, y los aleja del quehacer político de búsqueda activa de recursos para la ejecución de proyectos, y al mismo tiempo hace que los actores que dirigen el sistema no entiendan cómo funciona este. Muchas veces quienes proponen las convocatorias y son los encargados de su ejecución no han propuesto ni ejecutado ellos mismos un proyecto de CTeI en Colombia.

Hace unos años tuve la oportunidad de coincidir en un evento con el director Nacional de Planeación y la directora de Colciencias. Durante una charla que sosteníamos junto con otros científicos en relación con los proyectos y recursos de regalías, nos dijeron que ¡nosotros no sabíamos escribir ni ejecutar proyectos científicos! Ninguno de los dos personajes en cuestión había escrito ni dirigido en su vida un proyecto de investigación científica, pero unas semanas después ellos mismos justificaron la desviación de recursos del Fondo de Regalías a la construcción de vías terciarias.

Aunque desde su existencia los gobiernos de turno han justificado el Fondo de Regalías, su manejo sigue una lógica que funciona para la construcción de puentes –en un país donde se caen– y no para el desarrollo de proyectos estratégicos de la nación. Con toda seguridad, quienes defiende los actuales recursos de regalías para CTeI nunca han presentado o desarrollado un proyecto de regalías. Es urgente hacer una reforma al sistema, y aunque todos lo saben, nadie lo hace.

Nuestro sistema está diseñado para hacer promesas, pero no para entregar resultados. A modo de ejemplo se anuncian las convocatorias –entre ellas las de regalías–, pero nunca se muestran los resultados. Hace mucha falta una política de divulgación de resultados de investigación a todo nivel, lo cual incluye a las universidades y los centros de investigación.

Los investigadores estamos muy alejados de la sociedad, y el Ministerio parece contentarse con sacar convocatorias, muchas de ellas tradicionales, en vez de mostrar los desarrollos finales de los proyectos; tal vez esto último ocurre porque estos fueron financiados en gobiernos anteriores, y a la política no le gustan los tiempos de los proyectos de investigación científica.

Minciencias debe jugar un papel más activo en la ejecución de proyectos de investigación. No basta con sacar convocatorias, sino que debe existir un acompañamiento activo a aquellos aprobados para asegurar su buena ejecución, e incluso promoverlos en las regiones.

No se puede repetir el desastre de las convocatorias de ciencias básicas y del espacio en las que a los proyectos “aprobados” se les exigió una certificación firmada por los gobernadores de las regiones, y en los cuales Minciencias simplemente esperó a que los investigadores y universidades buscaran las cartas.

Minciencias es el primer interesado en buscar que los proyectos aprobados se ejecuten, y debe salir a acompañarlos en esta etapa. Se debe entender que en la etapa posterior a la aprobación técnica de los proyectos Minciencias ya no es juez ni parte, pues es un actor activo del proyecto mismo y su ejecución exitosa es del más alto interés para el país.

También es importante cambiar el sistema de incentivos en CTeI en las universidades públicas, que funcionó muy bien para darle un inicio firme, pero que en este momento va en contra de la realidad científica internacional. Se debe fomentar el trabajo interdisciplinario internacional con grandes colaboraciones científicas y el desarrollo de proyectos de alto impacto cuyos resultados llenen de orgullo e inspiración a los colombianos. Esto se debería hacer de forma coordinada entre los Ministerios de Educación y Ciencias, pero es difícil lograrlo dado el bajo interés de los dos Ministerios en interactuar, como se mencionó al principio.

La Misión de Sabios 2019 propuso una hoja de ruta para muchos de los problemas del sistema, en la que se consignan objetivos como el trabajo por retos y misiones; sin embargo queda la sensación de que se ha malinterpretado, ya que una misión es un objetivo puntual a partir de un reto claro, como por ejemplo “para 2038 vamos a identificar toda la biodiversidad de Colombia”. Para lograr este objetivo se deben involucrar todos los saberes, desde las ciencias básicas hasta las aplicadas, pasando por las ciencias sociales, y es equivalente a los retos como “vamos a enviar una misión tripulada ida y vuelta a Marte”.

Los resultados finales de un trabajo basado en retos y misiones son claros: orgullo y prestigio para el país, desarrollo de nuevos saberes, apropiación social del conocimiento, creación de innovaciones tecnológicas, y un impulso final a la rueda del conocimiento de la humanidad. Este es el legado de nuestra sociedad para el mundo.

Hasta el momento solo tenemos ideas etéreas de campos del conocimiento que deberíamos desarrollar, no tenemos verdaderos retos ni misiones. No existe ningún objetivo científico que hinche de orgullo el corazón de los colombianos. Y mientras no tengamos un sueño claro en CTeI para Colombia seguiremos teniendo amaneceres en los cuales la noticia es que esta no es importante para el país.

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