Nov 24/23 La Universidad Industrial de Santander UIS abrió una convocatoria para que solamente mujeres, en unas carreras, y hombres, en otras, puedan concursar. Al interior de la IES hay reacciones encontradas al respecto.
El anuncio oficial dice:
“La Universidad Industrial de Santander invita a concursar para la provisión de cuatro (44) cargos docentes de tiempo completo y veintiséis (26) cargos de medio tiempo.
Del total de cargos a proveer, veintitrés (23) serán dirigidos exclusivamente a aspirantes mujeres y ocho (08) dirigidos exclusivamente a aspirantes hombres”.
De esta forma, por ejemplo, para ser docente de teoría económica, o de diseño y manufactura de materiales poliméricos, o de ingeniería estructural y sísmica, solamente se permite la participación de mujeres; mientras que para ser docente en trabajo social, o en cuidado del niño solamente podrán aspirar hombres. Asimismo, hay algunos programas en los que la convocatoria permite, indistintamente, unos y otros.
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La decisión, aprobada por el Consejo Académico, estaría sustentada en su intención de favorecer una mayor participación de las mujeres en el ejercicio docente, dado que las cifras de la universidad muestran que los profesores hombres (tanto en planta o cátedra) representan entre el 60 y el 70 % de toda la contratación.
Asimismo, sería una “actualización” (para algunos no), de las políticas de equidad de género e inclusión que vienen alentando el discurso social hace varios años y que en Colombia ha cobrado fuerza con el actual gobierno.
Vale recordar, por ejemplo, cómo el mismo Consejo Nacional de Educación Superior CESU, logró, en sus últimas convocatorias que, tras la finalización del periodo de dos consejeros hombres, por parte del sector productivo, fueran reemplazadas, dada la explícita solicitud de la convocatoria, por mujeres.
Lea: Con nueva convocatoria de sector productivo, CESU busca tener más mujeres en el Consejo
A diferencia de la UIS, la convocatoria del CESU hablaba de su interés de que esto fuera así, mas no era una obligación. Prueba de ello es que en la convocatoria de representante de las comunidades académicas ganó un hombre, pese a la expresión del Consejo de que fuera una mujer. En cambio, en el concurso docente abierto por la UIS se menciona que “exclusivamente” pueden participar hombres o mujeres, según el perfil deseado, con lo que abiertamente hay una exclusión de uno de los dos géneros de la convocatoria.
En términos de la sociología política, la intención de la UIS es la de aplicar una “discriminación positiva” o un explícito favorecimiento para comunidades que, tradicionalmente, se consideran marginadas y su protagonismo ha sido mínimo en ciertos sectores. Es lo mismo que ha pasado, por ejemplo, con las políticas de admisión directa a las universidades de comunidades afro, indígenas y víctimas de la violencia.
No obstante la aparente buena voluntad de la iniciativa, el tema es muy polémico, y va más allá de una discusión de sexos. Incluso, El Observatorio de la Universidad Colombiana ha conocido cómo, al interior de la propia UIS, sus profesores (hombres y mujeres) vienen debatiendo el tema, asumiendo ambas posiciones: Desde quienes defienden la decisión por considerar que es la mejor forma de favorecer la equidad e igualdad de género, hasta quienes consideran que es una medida “perversa” porque estaría validando que la carrera docente estuviera perdiendo su esencia de basarse en el mérito a ser mirada únicamente desde la orientación del sexo, con la duda de que si el solo hecho de ser hombre o mujer garantiza que uno (a) u otro(a) fuera el mejor docente sólo por su género.
Argumentos a favor y en contra
Tradicionalmente, y esto no pasa sólo en la UIS sino en todo el sistema universitario y el mercado laboral, hay profesiones y actividades que, por gusto, sensibilidad, historia, condiciones sociales… han terminado siendo mayoritariamente -pero no únicamente- desempeñadas por hombres (como por ejemplo, desde las de conducción hasta las de muchas áreas de la ingeniería), o especialmente por mujeres (como, por ejemplo, las de jardines infantiles, cosmetología, psicología…). Si bien los números marcan tendencia de género en las profesiones, se ha asimilado como plenamente admisible que alguien del sexo opuesto pueda desempeñar, también con enorme o mayor solvencia, la actividad. Incluso, que puedan estar allí personas que se reconozcan con otras orientaciones sexuales.
Pero tradicionalmente esto se ha dejado más al gusto personal y la libre elección de estudio y trabajo que a una decisión normativa obligatoria.
Por lo mismo, y solo a manera de ejemplo, qué garantía académica puede tener la UIS de que la persona que mejor ejerza la docencia en el área de manufactura de materiales poliméricos sea una mujer y no un hombre?, o que la persona que mejor ejerza la docencia en el área de cuidado del niño sea un hombre y no una mujer?.
La academia tradicional (mas no por ello antigua o desactualizada) insistiría que el sexo no determina la capacidad docente y, al parecer, no hay estudios que digan lo contrario.
Así, la decisión de la UIS se mueve entre la inclusión (con el término de “exclusivamente”) hasta la discriminación, envuelta en acciones consideradas sexistas (de lado y lado).
Un(a) docente de la UIS, en los correos que han circulado con el debate, se permitió recordar cómo “la UNESCO define la igualdad de género como la situación en la que “las mujeres y los hombres gozan de la misma condición y tienen las mismas oportunidades para hacer efectivos el disfrute pleno de sus derechos humanos y su potencial a fin de contribuir al desarrollo nacional, político, económico, social y cultural y de beneficiarse de sus resultados”.
Otro(a) docente incluso se pregunta si a este paso el próximo concurso de docentes será solo para comunidad LGBTIQ+?
El debate parece no tener fin, y vale recordar que mientras algunos señalan las acciones afirmativas positivas como una conquista social, en países como Estados Unidos, su Corte Suprema de Justicia, reversó programas de admisión a las universidades de parte de comunidades afros y latinos porque este criterio va en contra del mérito académico que debe tener la educación superior.
Una visión intermedia es la que han usado diversas entidades, públicas y privadas, que, sin excluir la participación de unos u otros, han optado por dar un incentivo adicional, en la puntuación de requisitos, a quienes, por ejemplo, son de determinado sexo, comunidad, región o estrato social, entre otros.
En todo este debate polémico…
¿Gana la equidad? … Tal vez
¿Pierde la calidad académica?… muy probablemente.
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