El para qué de las reformas a la educación superior: Carlos Hernando Forero Robayo

El para qué de las reformas a la educación superior: Carlos Hernando Forero Robayo

Abril/24 Para Forero, columnista de El Observatorio, 

 

En un escenario líquido, de flujo rápido e impredecible, necesitamos más que nunca lazos firmes y fiables de amistad y confianza mutua. (Zygmunt Bauman)

Esta sencilla pero vital pregunta (¿para qué las reformas a la educación superior?), no siempre es claramente respondida por diversos actores, cuando los países deciden emprender una modificación sustancial del marco regulatorio que rige el sistema de educación superior, ES; en medio de grandes cambios demográficos, ambientales y tecnológicos. No hacer esta tarea completa trae implicaciones que afectan el accionar del sistema, la pérdida de oportunidades y desde luego la sociedad deja de recibir las mejores contribuciones de las instituciones de educación superior, IES.

También es enormemente importante el método escogido para realizar la reforma y la viabilidad política de esta. En esto nos hemos equivocado muchas veces y no hemos incorporado los aprendizajes sobre procesos sociales tan complejos, con participación de diferentes actores y ciudadanía en general.

El examen de un proyecto de reforma y su concreción debería establecer el verbo rector que la caracteriza en su esencia principal. Se trata entonces de: actualizar, corregir, ajustar, organizar, proyectar, fomentar, transformar, rediseñar, recontextualizar, renovar, o mantener un statu quo. Según esto los alcances sobre el qué, para qué, cómo, cuanto y con quién, encontrarán diagnósticos con diferentes respuestas.

En sistemas de ES como el nuestro, recargado de múltiples, incoherentes y malas regulaciones, nos deja lecciones para dar giros hacia paradigmas sobre el Estado, como un actor promotor, facilitador de mayores y mejores interrelaciones entre la ES y los otros sectores de la sociedad, en función de los grandes desafíos que esta tiene, dándole una valoración estratégica al desempeño del sector en su composición mixta de IES oficiales y no oficiales.

Ojalá una nueva ley, con pocos artículos y sin cargas ideológicas profundas, permita poner en marcha nuevas formas de regulación y procesos estratégicos que transformen el sistema y sus instituciones. Para ello se debe garantizar la eficacia de una nueva institucionalidad que nos lleve a construir una mejor política pública, en armonía con eficaces políticas institucionales, con mecanismos efectivos de evaluación y de actualización sin tantos traumatismos, operando como sistema de manera integral.

Otro elemento a tener en cuenta para responder la pregunta inicial es el tipo de problemas que queremos resolver con la reforma. Existen unos clásicos con temas muy conocidos que mantienen una mirada endogámica del sistema y sus IES; otros aparecen cuando se consideran varios sistemas en permanente interrelación e interdependencia; y otros más complejos cuando se vincula una visión global sobre los grandes desafíos del planeta y el papel estratégico que puede cumplir la ES, sin olvidar lo local.

Es conveniente tener certeza sobre la base conceptual sobre la cual estamos analizando la problemática, desde la etapa del diagnóstico hasta la propositiva. Los conceptos, por fortuna van evolucionando y nos llevan a diferentes posturas mentales y de acción. Sin duda debemos entender formas conceptuales como: deconstruir, quíntuple hélice, modo 3 de hacer ciencia, humanismo y transhumanismo, ciencia abierta, posciencia, economía circular, sostenibilidad y sustentabilidad, nuevas ciudadanías y ética pública, la educación como bien público social y derecho humano fundamental, y otros.

Varios de ellos son explicados por Galo Adán Clavijo en un reciente artículo publicado por el Observatorio de la Universidad Colombiana. Jairo Cifuentes, en el resumen de una jornada interuniversitaria también recuerda nuevos conceptos como el de Ellen Hazelkorn: “A las universidades les corresponde pasar de ser instituciones autocontenidas en un contexto competitivo, a plataformas educativas integradas a ecosistemas, que actúen bajo coherencia, colaboración, coordinación y coproducción”.

Uno de los campos que ojalá la reforma se ocupe es el de potenciar el sistema de aseguramiento de la calidad, que ha llegado a niveles de estancamiento y de poco valor agregado; cuando hoy en día se evoluciona con otros criterios fundados en la autorregulación, el buen gobierno universitario, la sostenibilidad, la pertinencia social, la empleabilidad, los impactos sobre los ODS y en el desarrollo regional y local, el aporte a los niveles educativos precedentes, el examen riguroso de los futuros, la capacidad de hacer alianzas para grandes proyectos, la innovación en todos los campos y la generación de mayores niveles de confianza.

Rigurosos estudios internacionales comparados que hoy existen ayudan a dar respuestas a la pregunta central que se propone en esta columna. Solamente a manera de ejemplo, La Asociación Internacional de Universidades, AIU, organizó en los últimos meses, más de 70 seminarios web, sobre “el futuro de la educación superior” en un marco de cooperación internacional, absolutamente necesario para la ES de nuestro país.

Nos queda la tarea, para los varios actores que ya comienzan a ocuparse del tema; sean centros de pensamiento, consorcios, medios de comunicación, expertos, sectores empresariales y comunales, colegios, además de los tradicionales integrantes de las comunidades universitarias, junto con el gobierno nacional, los gobiernos regionales y locales que cada día tienen más cosas que aportar.

Esto es un asunto de todos, sin exclusiones, y con un buen proceso planeado rigurosamente, encontraremos un pensamiento colectivo innovador, que nos lleve a buen puerto como sociedad, con la tranquilidad de haber respondido satisfactoriamente la pregunta inicialmente formulada y satisfacer los anhelos de nuestra juventud.

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