Sobre la utilidad del conocimiento residual (o literatura gris) en las IES: Felipe Cárdenas Támara

Sobre la utilidad del conocimiento residual (o literatura gris) en las IES: Felipe Cárdenas Támara

Abril/24 Este mes, Cárdenas, Director Observatorio Iberoamericano de sociopolítica, cultura y ambiente de la U. de La Sabana, y columnista de www.universidad.edu.co, analiza qué pasará con el conocimiento que es publicado (o no publicado) en revistas científicas que no figuran en las escalas de rankings mundiales.

El mes pasado señalé la precaria condición de producción intelectual del maestro en Colombia, explicada fundamentalmente por la falta de tiempos personales e institucionales con los que no cuentan.

Lea: Las condiciones de producción intelectual del maestro en Colombia: Felipe Cárdenas Támara

Si la producción intelectual en revistas de divulgación e incluso en blogs es baja o casi nula, es obvio suponer que la producción intelectual que se realiza por parte de maestros en revistas de alto impacto insertas en los principales sistemas como Scopus o Web of Science sea inexistente.

Ya en el ámbito de la producción académica universitaria, los profesores de planta tienen cada vez más la exigencia de publicar y hacer visibles sus trabajos de investigación en revistas de alto impacto. Estas revistas o la producción académica están cobijadas principalmente por los llamados índices H en sus diversas versiones:  Existen tres escalas del índice H: el de InCites Journal Citation Reports, de Clarivate Analytics —JCR— el de Scopus (Elsevier) y el de Google Scholar (llamado propiamente Google Scholar Citations —GSC). Ante el auge de la cienciometría y la bibliometría, incluso aun cuando se publique en repositorios distintos a las bases de datos de Scopus o Web of Science, la tendencia es que publicaciones y revistas que aparezcan en sistemas de información como Redalyc o Latindex u otros, se conviertan, en conocimiento residual.  Debe pensarse que sucederá, dadas las presiones de las universidades hacia sus profesores en el sentido de exigir y priorizar publicaciones en revistas de alto impacto reconocidas en Scopus o Web of Science, con los contenidos y el “conocimiento residual”, cada vez menos importante en la supervivencia de profesores, revistas e incluso de sistemas de información como Redalyc y Latindex que no son reconocidos como determinantes hoy en la vida universitaria.

En la llamada sociedad del conocimiento en lo relativo a los rankings, la cienciometría mide la producción científica bajo los estándares fijados por los países del primer mundo. Nunca en la historia de la humanidad, la sociedad humana había contado con tanta producción científica en los diversos campos del saber. Mi reflexión no se pregunta tanto por las investigaciones que logran, dada su calidad y pertinencia ser divulgadas en las revistas que ocupan los rankings más altos, sino por la producción científica que podemos clasificar como conocimiento residual. No hablo de un conocimiento sin valor e importancia, sino como aquel conocimiento que es publicado (o no publicado) en revistas científicas que no figuran en las escalas mencionadas y que por lo tanto hoy en muchos casos las organizaciones universitarias no valoran o simplemente ignoran como parte de la producción de conocimiento de sus profesores, graduados e incluso estudiantes.

El universo del conocimiento residual estaría constituido por la llamada literatura gris que se entiende como aquel conocimiento no convencional, semi-publicado, invisible, menor o informal. Mi reflexión va en el sentido del valor y del necesario reconocimiento de lo que podemos definir como conocimiento residual. Me refiero a todo aquel conocimiento producido por la academia universitaria, organismos no-gubernamentales y otras organizaciones académicas y educativas que producen conocimiento que puede ser relevante y que sin embargo por diversas circunstancias y razones no se difunde y publica en revistas que a los ojos y valoración de las instancias de gobierno y dirección de las universidades no lograron las escalas más altas o fueron publicadas en los índices más relevantes o prestigiosas.

Me parece que tenemos que mirar con ojos críticos pero comprensivos lo que defino como conocimiento residual.  En una sociedad marcada por la explosión exponencial de papers en revistas de alto impacto, estadística y probabilísticamente, dadas las tasas de rechazo que ejercen revistas Q1 y que pueden ser del orden del 90% o más sobre los artículos recibidos, es de suponer que no todo artículo podrá llegar a ser publicado en ese tipo de revistas. Se nos olvida que la producción científica es una tarea de desarrollo institucional desde los tiempos de Francis Bacon [1561-1626], y no simplemente el resultado de la genialidad de un individuo operando en solitario.

El conocimiento residual podría pensarse como conocimiento valioso, que incluso considerándose como de segundo y hasta tercer orden por las directivas universitarias, debe tener un valor en la vida y producción universitaria. Con toda seguridad, tesis de doctorado, en casos conocidos no son publicadas son por tanto literatura gris o conocimiento residual.  En la construcción de revisiones sistemáticas del estado del arte, la literatura gris puede ser fundamental en la analítica de los datos que otros investigadores realizan sobre determinado tema de investigación. Muchas revistas científicas que no hacen parte de los rankings más importantes pueden arrojar valiosos resultados y datos para investigaciones en curso, cuyo resultado final puede llegar a ser la publicación de un artículo de alto impacto.  Esas revistas perdidas o tesis de investigación, etiquetadas como literatura gris, pueden llegar a contener valiosos datos y apreciaciones que nunca llegaron a la luz y que, sin embargo, son textos inéditos relevantes y valiosos para personas que están buscando información temática, teórica, histórica, metodológica y práctica sobre una pregunta, tema o problema de investigación. En una sociedad marcada por el capitalismo informacional y enormes diferencias en el capital cultural y académico entre los mismos miembros de una comunidad universitaria, se puede comprender que las universidades fomentan casi que exclusivamente la producción intelectual en journals que estén clasificados en las escalas más altas; sin embargo, la universidad debe precisamente estar en capacidad de actuación autónoma frente a las presiones del Estado, del sector privado, como de las exigencias del mundo de los discursos dominantes.

No es nuestra intención y tampoco estamos en capacidad de poner en duda la necesidad de que las universidades, incluso en lo referido a la movilidad de profesores en el escalafón o la contratación de nuevos profesores tengan que acudir como indicador o fuente de valoración en la clasificación del profesor al llamado índice H. Esa es una realidad del juego por sobrevivir en sociedades dominadas por el capitalismo cognitivo, cuya expresión marca para bien o para mal la calidad de las universidades en el mundo contemporáneo.

Como mencionan Maldonado y Pérez-Acosta (2018) [en una publicación que estaría etiquetada como conocimiento residual], el índice H más incluyente es el Google Scholar. Es fundamental retener esta valoración para precisar el valor del conocimiento residual, ya que Google Scholar, a diferencia de otros índices permite incluir textos y reconocer que los destinatarios del conocimiento y la información refiere estrategias de divulgación diversas para públicos diversos, en grados u ordenes de calidad científica diversas, con finalidades múltiples y medios de socialización diversos que finalmente y de manera más importante nos hablan de diversas maneras de reflexión académica sobre el mundo y la realidad. Un conocimiento situado nos habla finalmente de diversas maneras de conocer y aprender, como también de la necesidad de comunicar mediante diversos medios, canales y códigos los argumentos que un investigador senior o junior plantean sobre la realidad.

En determinados contextos sociales, culturales o políticos, el “conocimiento residual” puede llegar a ser altamente relevante y estratégico para un proceso de desarrollo regional, cultural u organizativo.  Incluso el desarrollo y afianzamiento de las habilidades escriturales en investigadores jóvenes (tal es el caso de los maestros colombianos) que empiezan su carrera académica debe contar con medios de divulgación insertos en lo que para los tecnócratas se clasificaría como conocimiento residual y por lo tanto de segundo orden. Creo que es un riesgo para la academia, en el marco de una filosofía de la libertad más que una filosofía de la reglamentación, ignorar el dinamismo y las complejidades de la investigación, cuando un gran porcentaje de ellas no terminan publicadas en el club muy deseado (y al que no todos podrán entrar, son muy jóvenes, o viejos o no tienen otras publicaciones, o los títulos nobiliarios requeridos) de publicaciones de alto impacto.  

La comunidad académica y científica, debe tener varios focos de actuación: algunos temas de carácter social, cultural y políticos, dada su relevancia geopolítica pueden enfocarse mediante policy papers relevantes y rigurosos, anclados incluso en blogs y otros medios de difusión fundamentales para la construcción de nación, patria y Estado, en el marco del sano debate académico y social sobre la realidad, el conocimiento y las transformaciones sociales requeridas.

La falta de valoración que viene ocurriendo en las universidades con relación al llamado conocimiento residual no es un acto inerme o inofensivo. La exclusión del conocimiento residual frena las posibilidades de expresión de los miembros de la comunidad académica y configura organizaciones que podemos ver como exitosas en su ascenso en los diversos rankings, pero quizás a consta de negar los principios supremos de la vida universitaria que tienen que ver con los fines formativos, científicos y educativos que desbordan la lógica del paper académico. La llamada industria académica puede hablar de organizaciones exitosas a la luz de los rankings mundiales; me pregunto si todas estas universidades, o por lo menos algunas no terminaron traicionando sus marcos misionales al establecer marcos deterministas, cuya lógica es la de máquinas de producción.  Me parece que es fundamental un debate, liderado por el Estado, en términos de la valoración de lo que constituye conocimiento pertinente y relevante, mirando que el saber y los códigos culturales dimensionalmente no tienen porque estar ligados exclusivamente al reconocimiento de textos publicados en las revistas de más alto impacto.  

Desde luego que debemos exigirnos como investigadores, principalmente quienes han terminado sus estudios de doctorado, que publiquemos nuestros trabajos en revistas de alto impacto; sin embargo, la sociedad del conocimiento debe participar mediante diversas escalas en la promoción, generación y divulgación del conocimiento. Un informe inédito, por ejemplo, un Plan Operativo participativo para fortalecer el sistema de Parques Nacionales de cualquier país, puede llegar a ser mucho más importante para un proceso ambiental de protección de áreas de conservación a mediano y largo plazo, que un artículo publicado en una revista de alto impacto. Me refiero a la supervivencia y la convivencia de pueblos, naciones, regiones, culturas desde horizontes geopolíticos, ambientales y culturales.

En estas condiciones, los directivos y autoridades académicas están obligados a discernir con mucho cuidado y atención, cómo este tipo de ejemplos nos sirven para destacar el valor de lo que hemos denominado conocimiento residual. La universidad como empresa de larga duración tiene que revolucionar y transformar el mundo de lo cotidiano mediante su tarea y misión sustantiva: ya sea en la enseñanza, la investigación o en la proyección social. Sus procesos y actividades deben generar conocimiento e información de primer orden, pero siempre habrá residuos, que deben de ser reconocidos y potenciados y que pueden ser la base de transformaciones de primer orden y que pueden llegar a mediano y largo plazo a ser publicaciones en revistas de alto impacto. No hacerlo, establece una suerte de mutilación de ciertos saberes, procesos y conocimientos, que siendo relevantes se invisibilizan, dada la prevalencia de un criterio univoco de lo que constituye hacer ciencia; y que explica en parte la crisis de las humanidades, cuya relevancia práctica no es medible desde una visión ingenieril o simplemente sujeta a los estándares de las ciencias naturales o a mi propio campo perceptivo de lo que yo entiendo como relevancia práctica (por poner unos ejemplos esquemáticos): para un ingeniero forestal, la relevancia práctica estaría en pensarse el bosque en términos de volumen de madera útil para convertirla en papel; para un biólogo en términos de la conservación de la biodiversidad; para un poeta en términos de imaginarios y sentidos simbólicos que plasmará en un poemario, para un campesino, como fuente de provisión de leña. ¿Cuál es la relevancia práctica de la que habla o percibe cada uno de estos actores?

El conocimiento residual es fundamental para la universidad; es a partir de datos residuales, que muchos archivos y repositorios de datos se construyen o se almacenan; el llamado conocimiento residual nos recuerda que la universidad no es simplemente una industria de producción de papers académicos, o una industria marcada por los valores del éxito económico, empresarial; y mucho menos una empresa movida por los valores del mundo del espectáculo y del youtuber o del académico más exitoso (el que más publica). Los propios empresarios nos señalan el camino, muchos de ellos, los más exitosos jamás publicaron un artículo, un texto publicable ni siquiera una guía o manual. En muchos ámbitos del mundo empresarial, el conocimiento acumulado por la empresa no se comparte, sus procesos de generación de conocimiento, como saber hacer, jamás aparecen como libro o artículo. Y esto sucede porque hay empresarios y empresas, cuyo conocimiento es producto de la experiencia y de años de ejercicio profesional, que además ellos los saben claramente es la fuente de sus riquezas y por lo tanto no quieren mostrarle a la competencia sus formas de trabajar, sus productos tecnológicos y todo el conocimiento que ellos han acumulado. ¡Los empresarios saben muy bien que el conocimiento es poder, y además dinero!

La universidad es un mundo de mundos y submundos: construye teorías y critica teorías.  Su mundo expresivo paradójico, desborda el ámbito exclusivo del paper académico. Si bien el paper académico es fundamental al quehacer universitario, en este caso el todo (la experiencia de orden universitaria) es más que la suma de sus partes (el paper académico).  Las funciones de contacto (función fática) habla de interacciones que no se suceden, dadas las particularidades de la vida universitaria, en otras organizaciones, por ello hablamos de la universidad como institución abierta y no total o totalitaria.

La universidad no es una fábrica para la publicación de papers. La jerarquía de funciones referenciales de la universidad desborda como sistema los marcos de cualquier otra organización. Puede leer y aprender del mundo empresarial, pero la universidad occidental, lee además sistemas organizacionales y culturales que no operan como organizaciones empresariales: estudia sociedades indígenas, campesinas, asilos, ancianatos, colegios, escuelas, iglesias, geografías visibles e invisibles, civilizaciones, subculturas, imaginarios, utopías, sueños, delirios, mitos, cooperativas, procesos históricos, derivas lingüísticas y atómicas, sistemas, lenguajes, fórmulas, ambientes, sindicatos, paradigmas, fluidos, dinamismos… Identifica novelas y novelas dentro de las novelas. Genera formas de vida, que ella como institución ni siquiera es capaz de identificar o detectar.

Por muy deficitario que sea el campo de lo poético en nuestras sociedades contemporáneas, la universidad está marcada por funciones poéticas, artísticas, y desde luego científicas y tecnológicas, como los principales mundos que pueden resistir las enajenaciones de los discursos de la violencia, tanto de las izquierdas, como de las derechas. El conocimiento residual, que puede llegar a ser poético, amplifica la potencia del mensaje de vida de la universidad como experimento para la paz, la creación y la vida en comunidad. Esa es la importancia del conocimiento residual, que debe ser recordado en nuestros contagios internos como burócratas y tecnócratas que podemos terminar empequeñeciendo las reglas de vida, los hábitos diversos y plurales que deben regir a la institución universitaria como orden del ser y la vida, en su pleno dinamismo transformativo. Como estrategia política debe pensarse el valor del conocimiento residual en el sentido del hábitat universitario. De una filosofía de la libertad universitaria, la pérdida y erosión del valor de lo que hemos denominado conocimiento residual, estaría operando por la vía de una filosofía de la reglamentación que impone y borra del mapa formas expresivas en la producción intelectual de maestros, investigadores y académicos. Pienso que no estamos captando suficientemente bien las particularidades de la vida universitaria.

Referencia

Maldonado, C y Pérez, A. (2018). Una reflexión crítica sobre la cultura de rankings e indicadores. Avances en Psicología Latinoamericana, vol. 36, núm. 3, pp. 431-441.

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