¿Existe la ciencia en Colombia?: Olga L. González

¿Existe la ciencia en Colombia?: Olga L. González

Abril/24 González, investigadora asociada de la Universidad Paris Diderot, hace un crudo diagnóstico, en La Silla Vacía, sobre el complejo panorama de la gestión de la ciencia desde el Estado.

La pregunta que hago no es mera retórica. La formulo luego de seguir el debate de control político a la ministra de ciencia, Yesenia Olaya, sucedida esta semana en el Congreso de la República.

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La ciencia no ha sido el fuerte de Colombia. No tenemos grandes nombres en la invención, no tenemos grandes premios en ciencias duras, no tenemos hombres o mujeres de prestigio científico internacional, como sí los tienen países de la región (Argentina tiene tres premios nobel en ciencias, México uno). Países mucho más pequeños que el nuestro tienen mejor infraestructura que toda Colombia (pienso en Singapur, que con menos de 6 millones de habitantes, es hoy en día una de las mecas de los científicos).

Eso no quiere decir que no hayan existido hombres y mujeres de ciencia en Colombia. Los ha habido: del sabio Caldas al lingüista, geólogo y orientalista Ezequiel Uricoechea, del gramático Rufino José Cuervo al neurocientífico Rodolfo Llinás, de la microbióloga Ángela Restrepo a la antropóloga Alicia Dussán, ha habido hombres y mujeres empecinados en explorar, cuestionar, investigar, contribuir con sus descubrimientos.

Cuando han vivido en el país, muy a menudo los científicos colombianos han tenido que trabajar de manera aislada, con pocos fondos, o con poco tiempo, saltando matones para poder llevar a cabo sus experimentos y dejar consignados sus hallazgos. La mayoría de las veces, los científicos colombianos han tenido que salir del país. Ha sido en otros países donde han podido desplegar sus talentos, creatividad intelectual.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué es tan difícil hacer ciencia en Colombia? Después de asistir el debate de control político a la ministra de ciencias, realizado en la Comisión cuarta el 3 de abril de 2024, tuve mayor claridad sobre los grandes obstáculos para la ciencia en Colombia.

El principal obstáculo es que no se valora la ciencia, se le confunde con otras áreas del campo humano, se desprecia a los investigadores, y en cambio se le da el nombre de “ciencia” a asuntos que no lo son.

Esta visión negativa de los investigadores y fabulada o interesada de la ciencia tiene varias razones de ser. Una de ellas, la impronta de la iglesia en una sociedad orientada hacia el pensamiento acrítico. Otra, la concepción neoliberal del conocimiento: lo que no es rentable económicamente, es considerado como una carga para la sociedad (recuérdese a este respecto las consideraciones despectivas de Santiago Montenegro, en el sentido de que Colombia no debería dedicarle recursos a la ciencia dado que ya hay un acervo de conocimientos en el mundo). Una más, la ideologización del debate: por ejemplo, “ciencia” se confunde con “occidente”, “occidente” con “colonialismo”, y por esa línea se rechaza el conocimiento científico a favor de los “saberes ancestrales”, se decreta que los centros de investigación no lo son, pero el “territorio” sí lo es, etc.

Así, el enfoque de lo que es la ciencia o el saber está lastrado por este tipo de consideraciones. Y esto tiene consecuencias. Las tiene en el Ministerio de Ciencia, antiguo Colciencias. Desde hace un buen tiempo, hay un enredo conceptual en torno a la discusión sobre la asignación del presupuesto de esa institución y lo que se debe priorizar o considerar como ciencia.

Un caso interesante es el de las regalías por hidrocarburos. Atendiendo a una promesa de campaña de Santos, que prometió que los recursos por la explotación del petróleo servirían para financiar la ciencia, hacia 2011 se ideó un sistema en el Departamento Nacional de Planeación (cuyo director era Juan Carlos Echeverry): el 10% de esos recursos serían destinados a la ciencia.

El problema es que ese abultado monto no ingresaría a Colciencias para que éste decidiera, según criterios científicos, su asignación. El monto se destinaría a proyectos definidos en buena parte por los departamentos (gobernaciones), con un montaje administrativo que tenía un enfoque más político que científico. En realidad, el efecto de este tipo de montajes implica una desinversión en el ya precario apoyo a la ciencia. Por eso, en su momento, cerca de mil quinientos investigadores le escribieron una carta al presidente Santos manifestando su preocupación.

Hoy en día, ese problema persiste. Quien revise los proyectos que financiará el Ministerio de Ciencias verá que enormes recursos de regalías se destinarán a apoyar proyectos en localidades apartadas que no tienen infraestructura científica. Así sucede, por ejemplo, con esta convocatoria que dará 365 mil millones de pesos Para la conformación de un listado de proyectos elegibles en ciencias básicas y del espacio para mover la frontera del conocimiento en el país y fortalecer capacidades en los territorios. Una suma que le permitiría financiar varios proyectos a centros de investigación calificados se destinará exclusivamente a departamentos con bajo nivel de infraestructura, bajo nivel de capital humano, bajo nivel de instituciones, bajo nivel de producción de conocimiento y tecnología (es decir, bajo índice departamental de innovación).

No conocemos una caracterización de los proyectos que desde 2010 han sido financiados con los montos de las regalías (no aparece esta información en la página del Ministerio). No sabemos nada de su impacto. En contraste, sabemos que carecen de fondos muchos centros de investigación, muchos proyectos de investigación que cumplen con los criterios científicos (formulación por pares, validación de centros académicos reconocidos, publicaciones, etc). Un ejemplo entre varios: un proyecto que he formulado con colegas demógrafos y sociólogos franceses, y que es co-financiado por la Universidad de París I Panthéon Sorbonne, sobre la diáspora colombiana, no ha podido obtener financiamiento en Colombia nos une ni en ninguna instancia en Colombia.

El debate con la ministra fue, en realidad, una ocasión más de constatar la confusión grande que existe en torno a la ciencia en Colombia. Es indudable que se debe potenciar el conocimiento científico en todo el territorio nacional, es evidente que debe haber formación científica en colegios, y que se deben destinar recursos para ello. Pero es iluso suponer que la ciencia progresará donde no existe un entorno adecuado, una masa crítica. La ciencia supone discusión entre pares, crítica fundamentada, evidencia empírica, capacidad de gestión de datos, transparencia en los hallazgos (se debe poder consultarlos), además de dar cuentas de lo investigado.

En suma, el Ministerio de Ciencias tiene muchos problemas. Hay problemas conceptuales como el señalado, problemas de administración de los recursos (en el debate parlamentario se denunció que, pese a que ese ministerio es la cenicienta del gabinete en cuanto a recursos propios, la ministra ha rechazado aumento de su presupuesto), problemas de monto total asignado al Ministerio (con un gasto en ciencia y tecnología del orden del 0,2% del PIB, Colombia dedica mucho menos recursos que Argentina, Brasil o México al sector).

Hay otros problemas puntuales: el llamado a los doctores colombianos por parte del gobierno Petro fue una burla, denuncias de que la ministra adulteró su experiencia laboral, y hay ruidos de acoso laboral en dicho ministerio.

¿Se puede hacer algo? Creo que sí. Pese a las numerosas dificultades para hacer ciencia en Colombia, existen doctores en todas las disciplinas, personas que le han dedicado buena parte de su vida a formarse, que publican e investigan y que quieren aportarle al país.

Pienso que la ciencia aplicada, pero también las ciencias duras y las ciencias sociales deberían tener espacio en el Ministerio de Ciencias.

Creo que los investigadores colombianos, dentro y fuera del país, tenemos el deber de explicar mejor nuestros hallazgos, además de interesarnos más por la forma como se dan las discusiones en las instancias que deberían financian la ciencia en Colombia. Debemos ejercer veeduría sobre los proyectos y montos de esta rama, debemos dejar de que prospere la idea de que en Colombia no se puede hacer ciencia o de que todo es ciencia. En síntesis, debemos valorar nuestra capacidad de investigar y exigir condiciones materiales para poder hacerlo.

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Es investigadora asociada de la Universidad Paris Diderot. Estudió ciencias políticas en la Universidad de los Andes, una maestría en historia latinoamericana en la Universidad Nacional de Colombia, una maestría en ciencias sociales en el Instituto de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de Marsella y se doctoró en sociología en el Instituto de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París.

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