Perfil de una rectora: María Fátima Bechara Castilla – Universidad del Sinú

Perfil de una rectora: María Fátima Bechara Castilla – Universidad del Sinú

Mayo/24 Unisinú evoca en el sector a una universidad de familia, y así es. Pero no es una IES tradicional y poco moderna. La visión de su fundador y la gestión de su hija y actual rectora general, María Fátima Bechara Castilla, con su apuesta por sorprender y reinventarse, ayudan a entender su potencial.

La Universidad del Sinú Elías Bechara Zainum, o Unisinú, se llama así en homenaje a su fundador, un químico y bacteriólogo (creador del primer retardador de la penicilina en el mundo), de familia libanesa y nacido en Lorica.

Por sus gestas y su espíritu alegre y aventurero, este apasionado por la educación fue familiarmente identificado como “el loco Bechara”. Fue el gestor de gran parte del cambio de Córdoba al permitir que la enseñanza formal se consolidara en una tierra con grandes restricciones de vías, desarrollo y condiciones socio económicas de sus pobladores.

Eso lo llevó a fundar once colegios, el primer bachillerato nocturno, la Universidad de Córdoba, en 1964 (de la que fue rector dos veces) y posteriormente Unisinú, en 1974 (que nació como Corporación Educativa Superior de Córdoba (Cesco), luego Corporación Universitaria del Sinú y desde 2004, Universidad del Sinú. En palabras de su rectora, el espíritu social y solidario de Unisinú le permitió, desde su inicio, dar crédito educativo a sus estudiantes, de hasta el 100 % del valor de la matrícula para apoyarles desde el primer día.

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Elías Bechara llegó a ser alcalde de Montería y senador, entre otras muchas distinciones públicas, y encontró en su esposa, Saray Castilla, y sus cinco hijos (Rolando, presidente del Consejo Superior; Ilse MoraimaMara Graciela, quien fue rectora general; Rossana; y María Fátima, actual rectora general), el respaldo para continuar su labor. “Que esta llama no se extinga”, es el lema de la Universidad por el que trabajan los hijos.

Elías Bechara y Saray Castilla

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Caracterización de Unisinú

Su sede principal está en Montería, donde oferta 52 programas (18 pregrados profesionales -6 de ellos acreditados-, 21 especializaciones universitarias, 5 médico quirúrgicas, y maestrías y un doctorado). Allí tiene acreditación institucional en alta calidad, desde 2019, y renovada el año pasado. Su rectora seccional Montería es Adriana Suárez Argüello.

En el departamento de Bolívar oferta 28 pregrados (4 acreditados) y 23 posgrados, y su rector seccional Cartagena es Rolando Bechara Castilla. En Bogotá ha incursionado con el pregrado de Derecho.

En total, el sistema universitario Unisinú registra un poco más de 15 mil estudiantes en todo el país.

Si bien la universidad propende por la libertad ideológica en todo nivel, sus gestores se alinean con la fe cristiana, a tal punto que tienen como Canciller de la Universidad a un sacerdote católico, quien no tiene autoridad académica – administrativa, sino de orientación espiritual.

¿Cómo se gobierna una universidad de familia?

Entre las IES privadas del país se estima que una cuarta parte están gobernadas por núcleos familiares, y muy pocas han logrado consolidarse con calidad, estabilidad financiera y reconocimiento regional como Unisinú.

Tener una acreditación institucional renovada, con una gran confianza entre su comunidad, solidez financiera, estabilidad, gobernabilidad plena y una decidida apuesta por mejorar el servicio y el bienestar son algunas de las razones que, para la rectora general, explican el posicionamiento de Unisinú, que también ha estado gobernada, en distintos momentos, por los otros hermanos Bechara.

Si bien en la dirección y segundas líneas de Unisinú son varios los apellidos Bechara y los de sus parientes los que figuran, esto no constituye impedimento alguno para el desarrollo del proyecto educativo. Desde su inicio, la Universidad contó con personas ajenas en la dirección, dice su rectora. “No todos los integrantes del máximo cuerpo directivo hacen parte de la familia”, y si bien el campo de acción de los Bechara se ha extendido al ámbito político regional y nacional (congresistas, cónsules y altos cargos públicos -algunos que han generado polémicas-), nada de esto parece afectar la gobernabilidad y las apuestas institucionales de Unisinú. “Son cosas que no se comprenden y no interesa desmentir”, advierte María Fátima, al tiempo que sugiere que la mejor forma de superar los conflictos internos está en respetar todas las normas y los conductos regulares institucionales, lo que parece ser una premisa de acción en su rectoría.

Una historia sobre su hija Andrea, hoy vicerrectora de Extensión, parece confirmar esto. Pese a su experiencia profesional y estudios previos como filósofa (de la Universidad Paul Valéry, en Francia), abogada (U. Javeriana), magíster en psicología (The London School of Economics and Política Science (LSE), y magíster en psicología positiva (Universidad de Pennsylvania), para avanzar en su grado como psicóloga de Unisinú, debió tomar asignaturas que, al parecer de muchos, ya dominaba, pero que, según la rectora, fue una decisión propia del programa de Unisinú y, como tal, había que respetar.

A propósito de Andrea Ortega Bechara, con la celebración de los 50 años de la Universidad, ella lideró la inauguración del proyecto “Flow”, o primer domo de la felicidad en una IES colombiana, resultado de un trabajo con líderes espirituales de la India y del académico de la Universidad de Harvard, Nathan DeWall.

“Les estamos enseñando a los estudiantes de Unisinú sobre la ciencia de la felicidad y de la paz, no solo desde lo académico, sino para que lo puedan aplicar a su vida diaria. Y esta población es especial, porque 29 por ciento de ellos presentan estrés postraumático, que es muy alto, por la exposición a la guerra y el desplazamiento forzado”, dijo DeWall en una entrevista a la Revista Semana. Flow también se creó como un servicio social, gratuito, para personas externas a la Universidad.

¿Cómo sostenerse y crecer en un entorno tan competitivo?

Cuando Unisinú y Unicórdoba eran las dos únicas IES en el departamento de Córdoba, dice la actual rectora, la Universidad del Sinú tenía solo tres mil estudiantes. Hoy, con la oferta de 23 instituciones en la región, Unisinú se ha triplicado en su matrícula en esa región.

No le preocupa la competencia ni las complejas condiciones del entorno político y de mercado que se están para las universidades privadas.

“El sol brilla para todos”, en alusión a que la demanda no será un impedimento para crecer. “Puede haber oferta pública, pero serán los padres y los propios estudiantes quienes decidirán donde estudiar, y Unisinú está en el corazón de más de 30 mil familias en Córdoba”, indica la rectora.

Eso sí, advierte que esto será posible siempre y cuando la universidad dé respuesta a los nuevos desafíos de los tiempos. “No le tengo miedo a la competencia educativa, le tengo miedo a la incompetencia nuestra”.

Por ello es indispensable apostarle a la innovación educativa y a la capacidad de reinventarse, porque es consciente que la exigencia ha aumentado y que todo está cambiando (la forma de educar, las normas, las políticas del estado y la forma como los estudiantes perciben la educación). “Hay que inventar nuevas formas para sostener la misión de la universidad y poder acceder a que nuestros jóvenes quieran hacerlo con nosotros”.

¿Y cómo lograrlo?

Son varias las alternativas que presenta, tales como ampliar la oferta, entrar en la virtualidad (actualmente no tienen programas virtuales, pero están preparando 18), apostar por las dobles titulaciones, extender la presencia en el Departamento, transformar el aula educativa, y reconocer y formar a los docentes en inteligencia artificial, señala esta comunicadora social (del Externado de Colombia), a la que gusta la ingeniería de datos y la información numérica que le permita precisar los resultados que caracterizan el estilo de su gestión al momento de pedir informes a su equipo.

Las claves de su estilo rectoral

Conversar con María Fátima Bechara Castilla y sus colaboradores, ver el ambiente de la institución y sus resultados, permite identificar cinco rasgos de su estilo gerencial para dirigir esta universidad:

Primero, confiar en la gente, con calidez, pero con respetuosa exigencia por los resultados.

Segundo, empoderar a los rectores seccionales y los líderes académicos, y coordinar desde el núcleo institucional las grandes apuestas y recursos.

Tercero, escuchar la gente, a todo nivel. Cada año ella personalmente realiza sesiones de focus group con estudiantes y profesores y trabajadores, para identificar su sentir sobre la marcha de la institución.

Cuarto, trabajar por los estudiantes, porque “a ellos nos debemos y por ellos trabajamos. Eso sí, deben respetar las reglas, pero el servicio es para los estudiantes… una queja y un malestar me preocupa mucho”. Y,

Quinto, rodearse de gente que sabe más; contratar asesores (internos, como por ejemplo decanos o profesores que pueden impulsar diseños, obras y planes de la Universidad) como consultores externos para identificar cómo está con respecto al entorno.

Todo esto en un entorno que le demanda convencer y enamorar, para abrir las puertas.

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