Julio 17/24 Para explicar, o justificar, el poco avance de su propuesta de gratuidad y cobertura en la universidad pública, el presidente Petro arremete contra los defensores de la universidad privada.
Y para ello recurre a una muy fuerte crítica a su primer ministro de Educación, Alejandro Gaviria Uribe, a quien no nombra pero es público que se refiere a él, en continuidad de una pelea cazada que tienen desde febrero de 2023 cuando Gaviria salió del gabinete por sus discrepancias por la propuesta de reforma a la salud, impulsada por Petro.
Durante la sanción de la nueva reforma pensional, el presidente dijo:
“Seguimos fallando porque pusimos saboteadores en el Ministerio de Educación adictos a la gran universidad privada que cobra 10 y 20 millones el semestre, adictos a que el dinero público pague ese tipo de valor de los semestres, que es un negocio, y en cambio destruyendo la universidad pública, cerrándole las posibilidades financieras, no permitiendo que se extienda a todo el territorio nacional para que la juventud pueda educarse en una universidad de calidad y gratuitamente, para que el pobre joven, la pobre muchacha, no tenga que ir a correr a la violencia, no tenga que ir a correr a la indignidad de la prostitución, sino que pueda ser como joven y poder vivir con dignidad en un país tan bello como el de Colombia …quisiéramos que la universidad pública fuera gratuita para que entraran sus hijos y sus hijas (de los congresistas) no pagaran las millonadas que toca pagar”.
La saliente ministra de Educación, Aurora Vergara, silenciosamente siempre respaldó que el gobierno nacional diera la espalda a la universidad privada, y el nuevo ministro es un activo defensor de todo el discurso del primer mandatario.
Gaviria Uribe, quien fue decano y rector de la Universidad de Los Andes (la IES privadas que cobra las matrículas más altas de todo el país), paradójicamente en poco o nada ayudó, durante su gestión como Mineducación a la universidad privada. No les cumplió el ofrecimiento de hacerlas parte de los 500 mil nuevos cupos (prometidos y no alcanzados) y las golpeó con medidas sobre el Icetex.
No obstante, sin que Petro pronunciara el nombre de Gaviria, éste también le respondió sin mencionar el nombre de Petro, con el siguiente mensaje:
“La contradicción de construir un acuerdo nacional basado en insultos. La mentira alevosa, pronunciada con afán de odio. El desprecio por la universidad privada (donde estudió). Pero sobre todo el encubrimiento, la búsqueda de culpables para esconder los malos resultados de un programa mal diseñado que confunde la educación superior con la mera construcción de aulas, sin proyectos académicos, ni profesores, ni planeación. Un programa educativo que es casi una negación del pensamiento”.
¿Culpa de Petro al nombrar a Gaviria o de Gaviria al aceptarle Mineducación a Petro?
¿Ganará, efectivamente, más recursos la universidad pública o perderá más espacio la universidad privada?
Lo cierto es que esta pelea confirma la duda que siempre surgió en el sector sobre la aparente incoherencia de que Alejandro Gaviria Uribe hubiera actuado como ministro de un gobierno que, abiertamente, actúa con una orientación ideológica diferente a la suya.
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