Perfil de un rector: Omar Mejía – Universidad del Tolima (UT)

Perfil de un rector: Omar Mejía – Universidad del Tolima (UT)

Enero/25 De Omar Mejía puede decirse que rescató del naufragio a la UT. Era profesor y se irá de la rectoría tras una década, dejándola sin déficit financiero, acreditada y reacreditada institucionalmente y con importantes mejoras en todos los ámbitos.

Es paisa, de Medellín, e hizo familia y carrera profesional en Ibagué. Omar Albeiro Mejía Patiño es un abogado (del Externado de Colombia), especialista en derecho público (también del Externado), en derecho administrativo (de un convenio entre las universidades de Ibagué y de Salamanca) y doctor en derecho penal (de la Universidad de Castilla-La Mancha). Fue decano de derecho de Unibagué y en la Universidad del Tolima se ha desempeñado como docente (llegó en el año 2000), además de secretario general y director de la especialización en derecho administrativo.

En julio de 2016, la crisis financiera de la universidad y la imposibilidad de pagar oportunamente compromisos laborales crisparon el ambiente y elevaron la presión para que, finalmente, el entonces rector José Herman Muñoz Ñungo renunciara al cargo que ocupaba desde 2012, en la mitad de su segundo periodo rectoral.

Ante la inestabilidad institucional, el Consejo Superior decidió encargar, por sobre otras cuatro hojas de vida, al entonces profesor Mejía Patiño, tal vez por su carácter tranquilo y su conocimiento como directivo, para intentar amainar la crisis y buscar alternativas al déficit financiero de 24 mil millones de pesos. Su encargo duró dos años (hasta 2018), y desde entonces ha sido rector en propiedad por dos periodos, de cuatro años.

Auncuando por estatutos la re-elección rectoral en la Universidad del Tolima puede ser indefinida, Mejía Patiño ha dicho públicamente que terminará su segundo periodo rectoral en 2026 y que no buscará seguir en el cargo, pese a que ha recibido el respaldo de la mayoría de la comunidad universitaria y del Consejo Superior, a que logró la reacreditación institucional y a que superó el déficit financiero.

La transformación de la UT

Salir del saldo en rojo ayudó a disminuir los conflictos laborales (hay seis sindicatos), sino que también permitió avanzar en la significativa mejora de las condiciones de calidad, de infraestructura, de cobertura y de recuperación de la confianza del entorno social hacia la UT. Actualmente el 55 % de los docentes cuenta con título de doctorado, y es la única IES que oferta doctorados en el departamento del Tolima.

En 2016 la UT contaba con 15.500 estudiantes, que a la fecha suben a 24.381 (está en el top 20 de las IES más grandes del país), gracias, además, a los recursos gestionados en el ámbito nacional y departamental, convirtiéndose en la primera universidad pública del país que da gratuidad a la totalidad de sus estudiantes de pregrado (incluidos los estratos altos, aunque estos son un porcentaje mínimo), y registra estudiantes en 9 departamentos del país: Atlántico, Antioquia, Risaralda, Cundinamarca, Valle, Huila, Cauca, Putumayo y Tolima.

Algunas cifras de contexto de la UT

 

2016 2024
Profesores de planta: 343 1.998: 330 planta +

1668 catedráticos

Plazas profesores de planta: 0 Plazas para profesores de planta: 80
Total de programas 70 89 programas
Programas pregrado : 37 Pregrado: 41 programas
programas posgrado: 33 Posgrado: 47
Programas acreditados : 8 Programas acreditados : 19 (Dos con reconocimiento internacional)
Grupos de Investigación

categorizados en MinCiencias : 50

Grupos de Investigación

categorizados en MinCiencias : 69

Patentes de Invención 1 Patentes de Invención 4
Déficit: 24.000 millones Déficit: 0

 

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Por sus apuestas misionales, tradición y programas, la UT puede identificarse como una universidad especialmente de carácter agropecuario y agroindustrial, que le apuesta a la protección del medio ambiente y a la construcción de paz, desde una mirada técnica más que política, pues aunque vive las tensiones propias de los reclamos políticos y la búsqueda de reivindicación de parte de algunas comunidades universitarias (algunas muy beligerantes), la alta dirección de la universidad se ha caracterizado por no intervenir en el debate político nacional.

Las claves para direccionar una universidad culturalmente compleja

La UT es la expresión popular y herencia de los pueblos indígenas pijaos, guerreros. Su comunidad académica es muy crítica y es constante la tensión entre las expectativas versus las posibilidades de dar respuestas de parte de la dirección de turno. “La UT es diferente de las otras universidades públicas. Vive una problemática diferente que pasa por lo cultural. Las presiones son muy fuertes”, dice el rector.

En ese escenario, Mejía debió llegar a negociar la supervivencia de la Universidad, tomando algunas decisiones impopulares, pero obligadas, para superar la crisis. Es así como, por ejemplo, debió congelar la planta administrativa (que aún se halla en esa situación, en una demostración de que es posible avanzar con recursos limitados), cancelar los docentes ocasionales (porque estaban realizando labores distintas a su naturaleza) y cerrar la llave del gasto. En la UT -cuenta su rector- había casi 20 nominadores y ordenadores de gasto, lo que no solo atentaba contra las finanzas, sino que iba en contra de la debida planeación y la gestión se hacía lenta. Eso se replanteó totalmente.

Ha sido muy hábil en mantener las relaciones con el gobierno central (más allá de las dificultades e incertidumbres que tiene el sector con el actual Ministerio de Educación) y local, particularmente con el gobernador de turno, quien preside el Consejo Superior y es clave para apoyar inversiones.

Recortar el gasto, revisar procedimientos (automatizar, por ejemplo, presupuestos y nóminas, que antes se hacían en Excel), ajustar proyectos (como manejar la información sensible en la nube, a través de grandes proveedores, en vez de embarcarse en costosos desarrollos propios), impulsar nuevas alianzas (muchas con universidades chinas y otros municipios), y aumentar el número de estudiantes  (es una de las IES públicas que más aportado en aumento de cobertura para el MEN), le han permitido superar las afugias y reorientar las inversiones en calidad, docentes e infraestructura, mejorando significativamente edificios, laboratorios, zonas comunes y escenarios de bienestar.

Eso le significó tener rigor en la planeación, mucho más cuando los recursos son limitados y, a veces, se vive al día dependiendo de los recursos que llegan del nivel central y departamental.

A diferencia de muchos rectores que han logrado estabilidad e importantes desarrollos en su IES, en los últimos nueve años Mejía Patiño ha tenido una alta rotación en sus directivos. Porque, dice, “no es lo mismo dirigir una universidad con un equipo para salir de la crisis (como la que recibí en 2016), que una universidad consolidada y acreditada (como la actual). Son perfiles diferentes para enfrentar retos y decisiones difíciles de asimilar. No todos reaccionan igual ante las tensiones”, señala.

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“Hubiera querido recibir la universidad como yo la voy a entregar”

Lo dice sin vano orgullo, y consciente que su gestión tal vez no es óptima y que a la Universidad le faltan muchas cosas, pero con la tranquilidad del trabajo responsable y dedicado.

Tras muchas mejoras en infraestructura, la recuperación de la gobernabilidad, las alianzas sectoriales y la situación financiera, Mejía Patiño aspira a dejar a la UT, para septiembre de 2026, con 500 profesores de planta (actualmente hay 338) y, sobre todo, con la consolidación del proceso de reacreditación institucional que considera el mejor reflejo del real avance de la institución en todos los aspectos. Es muy insistente en la importancia de ser transparente en toda la información que se entrega a todos los actores del sistema.

También sabe que aunque legalmente puede hacerlo, no considera prudente comprometer todos los recursos y las apuestas institucionales de su último año sabiendo que el nuevo rector llegará en el segundo semestre de 2026 y debe contar con condiciones de operación. “No es responsable comprometer grandes obras e inversiones para entregar la universidad. Eso debe hacerse analizado con el nuevo rector”, indica.

 

El consejo para su sucesor

Mejía Patiño es consciente que las elecciones rectorales en las universidades públicas demandan un entorno complejo y político, y dice que su aporte a la Universidad está cumpliendo un ciclo. Quiere salir tranquilo de su cargo (por su familia), pues se considera especialmente un académico y un técnico y no un político. “Después de la rectoría hay otra vida”, dice con sonrisa, y admite que pudiendo seguir considera mejor que vengan otras ideas, personas y maneras de dirigir la universidad.

Consultado por su experiencia en el cargo y, sobre todo, por cuál sería la recomendación que daría a su sucesor, sugiere que -sea quien sea- tenga tranquilidad y claridad de hacia dónde debe ir la universidad, que se comprometa a hacer sólo lo que desde el punto de vista académico, financiero y administrativo es viable, que no prometa lo imposible de realizar en el periodo rectoral y que comparta sus sueños con su equipo de trabajo como base para elaborar el plan de acción institucional.

“Si uno hace lo correcto por qué tiene que estar intranquilo”, se pregunta Mejía Patiño con la serena reflexión interna de quien, como dice su trabaja por construir la universidad que soñamos (como expresa el lema de la UT).

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