Realidades que deben preocupar a las IES, tal vez más que los contenidos disciplinares

Realidades que deben preocupar a las IES, tal vez más que los contenidos disciplinares

Enero 31/25 El informe sobre las tendencias que darán forma a la educación en 2025, de la OECD, es un llamado a que las IES analicen cómo están formando sus estudiantes para un mundo que cada vez los desafía más allá de su énfasis profesional.

El documento “Trends Shaping Education 2025”) (clic para descargar, en inglés) plantea cómo la situación global, la exclusión, la polarización, el uso de la inteligencia artificial, los problemas laborales, los conflictos sociales, el cambio ambiental y la reorganización de las expectativas y núcleos familiares, entre otros aspectos, están marcando decididamente las expectativas de las nuevas generaciones y, sobre todo, los retos que la educación, en todos los niveles, debe asumir para conducir a los niños y jóvenes hacia un presente y futuro que, por ahora, parece más difícil que el de sus padres. En la mayoría de los países de la OCDE, más de la mitad de las personas encuestadas creen que los niños de hoy crecerán en peor situación que sus padres.

Para los analistas, si bien los sistemas educativos pueden ser víctimas y no pueden resolver las causas profundas de los conflictos mundiales, el cambio climático y la desigualdad, entre otros, sí tienen la responsabilidad de buscar alternativas para que los estudiantes dimensionen y respondan asertivamente a estos problemas, mejoren sus habilidades de desempeño contextual y fomenten alternativas para una nueva sociedad.

Las crecientes tensiones geopolíticas y las crisis ecológicas ponen de relieve el papel de la educación en el fomento de la paz, la cohesión social y la resiliencia. Al fin y al cabo, como señala el informe, “los sistemas de educación y formación son vulnerables a los impactos de las emergencias socioecológicas y cruciales para moldear comportamientos, acciones colectivas y habilidades que pueden apoyar sociedades sostenibles y economías verdes”.

Algunos de los retos que tiene la educación deben orientarse a apoyar la transición hacia economías más verdes y energías limpias, cambiar los patrones de producción y consumo es esencial hacia una emisión neta de carbono cero, y la promoción de formas cambiantes de participación política y expresión cultural, entre otros. Asimismo, debe atenderse el preocupante aumento de la salud mental, especialmente después de la COVID, así como las expectativas y nuevas posibilidades de desarrollo para una juventud que cada día se envejece más viviendo con sus padres, en parte por las dificultades laborales.

Si bien la educación tal vez no resuelva las causas profundas de los conflictos globales, el cambio climático y la desigualdad, se pregunta el informe ¿puede empoderar a los estudiantes para que comprendan, den forma y exijan los cambios que desean ver?.

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