Julio 7/25 Según el Laboratorio de Economía para la Educación (LEE) de la U. Javeriana, el país ha perdido en un solo año al menos $2,8 billones por los estudiantes desertores del sistema. Además, si se analiza por el caso familiar, un estudiante que repruebe un año pierde cerca de $3 millones.
El dato se calcula considerando el costo de la educación para el estado y las familias, así como el impacto en la productividad económica.
Las cifras del estudio no están actualizadas, pues son de 2022, y Mineducación aún no publica los datos de 2024.
Según el Sistema para la Prevención de la Deserción de la Educación Superior (SPADIES), la tasa más reciente que corresponde al 2022, para ese año la deserción en este nivel de la educación se ubicaba en el 9,03%.
Si bien el dato es menor al registrado en el 2021, el cual se ubicó en el 10,08%, lo cierto es que la cifra continúa generando preocupación, no solo en los familiares y las instituciones, sino también en materia económica.
En 2021, cerca de 333,000 estudiantes abandonaron el sistema educativo colombiano, según datos del Ministerio de Educación. La deserción escolar tiene múltiples causas, incluyendo factores económicos, familiares, personales y educativos, y puede llevar a consecuencias negativas tanto para los estudiantes como para el país.
Ahora bien, teniendo en cuenta los datos del SPADIES, la tasa de ausencia intersemestral (TAI), la cual calcula la proporción de estudiantes que se encuentran en riesgo de desertar al no matricularse en un programa académico durante un semestre, para el año 2022 presentó una ligera disminución respecto al año 2021, pasando de 12,84% a 12,54%.
Sin embargo, los datos de deserción no son únicos de la educación superior, de acuerdo con el Sistema Nacional de Información de Educación Básica (Sineb), muestran que al menos 3,7% de los niños, niñas y adolescentes en Colombia abandonaron el colegio en el último año. Esto se traduce en que 335.364 estudiantes dejaron sus escuelas, de los 9,8 millones registrados por el Ministerio de Educación.
Teniendo en cuenta que estos datos también tienen un rezago y corresponden al 2023, con base en el Sineb, ese 3,7% corresponde a la segunda cifra más alta de los últimos tres años. Si se analiza por sectores, el 2,9% de los desertores eran del sector privado, mientras que el 3,9% correspondía al oficial.
Los planes de acción
Para la Organización para el Desarrollo Económico (Ocde) se requieren cinco áreas de acción para minimizar el riesgo y en completo la deserción estudiantil. En un principio, el organismo plantea establecer un enfoque para identificar los centros vulnerables y asignar los recursos necesarios para lograr la permanencia.
También destacan que es necesario desarrollar la capacidad de los docentes para prestar apoyo a los estudiantes, fomentando la inclusión y el bienestar y de esta misma forma prevenir el abandono escolar.
Como tercer punto, la Ocde se refiere a promover intervenciones a nivel escolar y comunitario para apoyar a los alumnos, seguido de incentivar la flexibilidad curricular, haciendo de la formación profesional un hecho atractivo y de calidad. Finalmente, piden fomentar e institucionalizar la colaboración y el intercambio de conocimiento a escala nacional sobre las intervenciones que están dando resultado.
Para José Manuel Restrepo, rector de la Universidad EIA, aseguró que para disminuir la deserción hay que trabajar en todas las aristas, desde la parte económica, con programas de becas, financiación de largo plazo, financiación de ingreso contingente y con modelos parecidos a los de Fondo Futuro, que se desarrolló en Antioquia, con programas de becas, descuentos, y acompañamiento.
“Además un acompañamiento en temas de salud mental, para darles a los estudiantes todas las posibilidades y mecanismos que faciliten su tránsito tranquilo en la vida universitaria. Es también fundamental el acompañamiento a las familias, para que ellas se vuelvan protagónicas en el apoyo al estudiante y que sientan el respaldo institucional”, concluyó.
Adaptado de Portafolio
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