Nov/25 Para Temmerman, especialista en acreditación del Consejo de Hong Kong para la Acreditación, las universidades enfrentan crecientes presiones para demostrar su impacto social y ambiental, más allá de la investigación y la docencia, en un contexto donde los rankings globales y las métricas de sostenibilidad están redefiniendo qué significa la excelencia académica.
La mayoría de los países cuentan con un mecanismo de garantía de calidad en la educación superior. Su objetivo es garantizar que las instituciones participen en un proceso para demostrar el cumplimiento de expectativas específicas, generalmente definidas como estándares de calidad supervisados por una agencia reguladora y de garantía de calidad externa independiente.
Sin embargo, la garantía de calidad académica es (o debería ser) mucho más que el cumplimiento de un conjunto prescrito de estándares externos. Las instituciones de educación superior deben realizar evaluaciones internas de calidad periódicas mediante la recopilación, el análisis, la interpretación y la comunicación sistemática del progreso con respecto a los objetivos establecidos.
Un objetivo importante de estas evaluaciones es la mejora continua de la calidad de lo que se ofrece a los estudiantes.
Sin embargo, es cierto que, en algunos casos, la garantía de calidad no va más allá de la demostración del cumplimiento de las expectativas externas. En algunos casos, esto puede atribuirse al objetivo principal de lograr la acreditación académica de los programas de grado.
Este suele ser el caso en instituciones más nuevas y aún en desarrollo. Estas instituciones participan en el proceso de supervisión del desempeño para cumplir con los requisitos de cumplimiento externo necesarios para obtener dicha acreditación. No se considera de forma tangible la incorporación del desarrollo de una cultura de garantía de calidad en el proceso.
La compatibilidad del cumplimiento de las expectativas de calidad externas y las mejoras de calidad internas puede no ser evidente a primera vista. Sin embargo, las instituciones pueden resolver la dicotomía entre ambos utilizando el proceso externo como marco para fundamentar el proceso interno y, por lo tanto, centrarse en los aspectos de mejora.
Conseguir la implicación del profesorado
Diversos factores pueden influir en la eficacia de la implementación del aseguramiento de la calidad institucional interna, en particular el conocimiento y la preocupación del profesorado sobre lo que se espera de él durante y después del proceso.
La falta de conocimiento puede generar resistencia a participar en el proceso, al igual que la aprensión por las posibles consecuencias para su trabajo, especialmente si estas implican cambios en su forma de trabajar tradicional.
Su reticencia al cambio se vuelve aún más difícil cuando las estructuras y los sistemas de la institución, diseñados para apoyar el proceso de enseñanza-aprendizaje, no están diseñados adecuadamente para lograr los cambios necesarios.
Por otro lado, es posible que la institución no invierta en lo necesario para ayudar al personal a adquirir los conocimientos y las habilidades necesarios para participar con éxito en el proceso de cambio propuesto.
Para algunos profesores, toda la actividad puede considerarse una imposición que aumenta su carga de trabajo, una que perciben como centrada predominantemente en el cumplimiento en lugar de en una auténtica mejora de la calidad. En consecuencia, no se reconoce que agreguen valor a lo que hacen.
El aseguramiento de la calidad debería ser un componente regular del proceso de mejora de la experiencia docente-aprendizaje. Por experiencia propia, lograrlo supone un mayor reto en algunas instituciones que en otras.
Esto se aplica especialmente cuando el modelo operativo de la institución no ha cambiado significativamente en décadas; cuando los procedimientos asociados con la impartición y evaluación curricular no han cambiado en muchos años; cuando los académicos continúan con un modelo de enseñanza tradicional y obsoleto del que ellos mismos fueron producto; cuando carecen de las herramientas, el conocimiento o el apoyo para cambiar lo que saben; o cuando no están dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en cambiar lo que hacen y desconfían de los supuestos beneficios.
El objetivo general debería ser construir una cultura compartida de aseguramiento de la calidad y la mejora continua de la calidad de todas las actividades académicas. Sin embargo, nada cambiará ni mejorará si los responsables de aplicar las medidas de aseguramiento de la calidad no tienen la experiencia necesaria para hacerlo.
¿Qué es la calidad?
Como primer paso, a nivel institucional, es necesario definir las características de la “calidad”, así como los objetivos y las medidas de calidad, y las responsabilidades previstas para las diferentes partes interesadas.
La calidad y la mejora continua de la calidad son aspectos que deben involucrar a todas las partes interesadas. El personal aportará diferentes perspectivas, conocimientos y experiencias. Debe haber una representación plena de los puntos de vista y un sentido de responsabilidad por los cambios realizados.
También debe existir la oportunidad de reconocer las buenas prácticas y garantizar que estas, así como las medidas adoptadas, se compartan con las partes interesadas pertinentes.
Sin embargo, es fundamental que la educación de calidad no sea posible sin la plena participación del profesorado. La impartición de experiencias y resultados de enseñanza-aprendizaje de calidad es, después de todo, competencia del profesorado.
Sin su participación, se reduce cualquier sentido real de responsabilidad por los procesos de aseguramiento de la calidad. Para que se produzca esta responsabilidad, es necesario presentar al profesorado evidencia sobre cómo los procesos de aseguramiento de la calidad contribuyen a transformaciones reales en la enseñanza-aprendizaje.
Transformación, no solo cumplimiento
Si bien las instituciones deben ser conscientes de la legislación nacional relativa a los procedimientos externos de aseguramiento de la calidad, el aseguramiento de la calidad no debe basarse únicamente en directrices externas; debe integrarse en los procesos institucionales internos. Estos procesos internos deben centrarse en la mejora y la transformación, y no únicamente en el cumplimiento.
El beneficio potencial que se deriva de la participación en el aseguramiento de la calidad como medio para mejorar la experiencia de enseñanza-aprendizaje también debe explicarse claramente a todas las partes interesadas.
La clave para una transformación tan positiva es el apoyo genuino del liderazgo y la dirección de la institución. Este último debe conectar la garantía de calidad, la práctica académica y las expectativas de los académicos para fomentar un sentido de pertenencia del proceso por parte de los académicos y demostrar un compromiso con una auténtica mejora de la calidad.
Para que los procesos de calidad sean significativos para las partes interesadas clave, deben estar orientados a la mejora. Los académicos, en particular, deben estar convencidos del valor que los procesos de calidad adaptados internamente aportan a la mejora de la experiencia docente y de aprendizaje del alumnado.
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Nita Temmerman ha ocupado altos cargos universitarios, incluyendo vicerrectora (calidad académica y colaboraciones) y decana ejecutiva en Australia. Es especialista invitada en acreditación del Consejo de Hong Kong para la Acreditación de Cualificaciones Académicas y Vocacionales y asociada internacional del Centro para la Innovación en el Aprendizaje y Soluciones de Conocimiento Personalizadas en Dubái. Preside dos juntas académicas de educación superior y es profesora invitada y consultora en universidades de Australia, la región del Pacífico, el Sudeste Asiático y Oriente Medio.
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