Agosto 6/26 Colombia se acostumbró a que sus IES públicas tengan rejas y muros, aunque nacieron sin mallas, como las grandes universidades del mundo que comparten sus vías, parques y espacios al aire libre con la ciudad. Y hoy estos, en vez de dar seguridad, alimentan el conflicto. ¿Es hora de quitarlos?.
Porque más que proteger a los estudiantes y a las universidades de la delincuencia externa, los muros, mallas, torniquetes y rejas han terminado convirtiéndose en barreras defensoras de los vándalos y los encapuchados (estudiantes o no) que sólo tienen que entrar a los campus para protegerse de la Policía y de las unidades antimotines cuando hay enfrentamientos.
La delimitación perimetral aísla el campus del escrutinio de las autoridades externas, lo que ha facilitado la instalación de puntos de fabricación, almacenamiento o manipulación de artefactos explosivos (como “papas bomba”) dentro de las instalaciones.
Con barreras físicas que separen la actividad de la ciudad de la vida universitaria, se supone que los estudiantes se sienten más seguros y pueden convivir más fácilmente, pero esto no siempre pasa.
Las barreras físicas han obligado a que la administración de los campus se vuelva costosa y dispendiosa para las universidades, a tal punto que en un buen número de instituciones educativas del país, sus espacios públicos internos se hallan deteriorados, con mobiliario destrozado, jardines sin cuidar y zonas abandonadas.
Sin barreras físicas entre las universidades y la ciudad, los gobiernos nacional y local pueden asumir inversiones en iluminación, seguridad, servicios públicos y espacios de bienestar en las zonas públicas de las universidades para todos los ciudadanos. Se desarrollaría lo que, hace unos años, el entonces alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, llamó ‘univerciudad’, un espacio conjunto entre ciudadanos y estudiantes. Eso sí, las aulas, laboratorios, oficinas, auditorios y escenarios propios de la academia deben mantenerse al servicio único de la comunidad universitaria.
Hace cinco años, el entonces presidente del SUE, mismo de hoy, Jairo Torres, advertía que “quitar los muros expone a las universidades a variables de inseguridad presentes en las ciudades del país. Los campus de muchas instituciones en Estados Unidos y Europa son abiertos, pero esos son contextos sociales que ya resolvieron problemas que nosotros aún no, como el respeto a lo público”, señala Torres.
¿Será que Colombia no puede avanzar en el tema de una vez por todas?
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Las rejas no son sinónimo de autonomía universitaria
Los muros y rejas se han justificado bajo un erróneo concepto de autonomía universitaria. Se ha creído que dicha característica les permite blindarse y prohibir el acceso de las autoridades. Pero una cosa es la vida académica y otra el orden público.
La ley 30 de 1992 es explícita en cuanto a los alcances de la autonomía: “La autonomía universitaria consagrada en la Constitución Política de Colombia reconoce a las universidades el derecho a darse y modificar sus estatutos, designar sus autoridades académicas y administrativas, crear, organizar y desarrollar sus programas académicos, definir y organizar sus labores formativas, académicas, docentes, científicas y culturales, otorgar los títulos correspondientes, seleccionar a sus profesores, admitir a sus alumnos y adoptar sus correspondientes regímenes y establecer, arbitrar y aplicar sus recursos para el cumplimiento de su misión social y de su función institucional”.
En ningún lado, la ley contempla que las universidades tengan que encerrarse y no interactuar con las autoridades civiles e, incluso, las militares. En el ordenamiento jurídico colombiano no existe ninguna norma que prohíba explícitamente el ingreso de la Fuerza Pública (Policía Nacional o Ejército) a las instalaciones de las universidades públicas o privadas, ni existe disposición legal alguna que le prohíba a los rectores solicitar o autorizar dicho ingreso.
Otra cosa es que, en medio de un clima de intimidación, grupos de infiltrados en las universidades y las amenazas, muchos rectores tienen miedo de autorizar el ingreso de las autoridades a sus campus, incluso en el momento en que se estén cometiendo delitos en flagrancia dentro del campus, con el consiguiente deterioro del patrimonio público de la universidad. Y eso lo saben los terroristas y vándalos.
Además, porque los rectores responden disciplinaria y fiscalmente por la pérdida, hurto o deterioro del patrimonio público (equipos de laboratorio, infraestructura tecnológica, mobiliario e instalaciones). ¿Pero, actuarían igual, si tienen el respaldo legal, financiero y tecnológico, de parte de los gobiernos y sus alcaldes?
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Las rejas no existían en la universidad colombiana
En Colombia sus más grandes universidades, como por ejemplo el campus de la Universidad Nacional nació en 1936 sin rejas y su diseño original fue abierto. Se planificó como un parque urbano de 128 hectáreas integrado a la ciudad a través de avenidas abiertas.
La Universidad de Antioquia (Ciudad Universitaria de Medellín, 1968) fue inaugurada como un complejo arquitectónico moderno de libre circulación peatonal conectado con el sector de Robledo y la calle 67.
La Universidad del Valle (Sede Meléndez, Cali, 1971) fue construida para los Juegos Panamericanos de 1971 como un espacio de áreas verdes y lagos sin cerramientos exteriores
Pero la adopción de cerramientos perimetrales (rejas y muros) en los campus de las universidades públicas colombianas no formó parte del diseño arquitectónico original de estas instituciones. Se trató de un proceso de transformación física progresivo, desarrollado entre finales de la década de 1970 y la década de 1990, motivado por factores de orden público, seguridad interna y dinámicas urbanas.
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| Entrada actual de la Universidad Nacional de Colombia sobre la calle 26 -Bogotá | Así podría verse |
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Un asunto de convivencia, no de ideología
Las protestas alrededor, y dentro, de las principales universidades públicas (particularmente Nacional de Colombia, Distrital, Pedagógica, Colegio Mayor de Cundinamarca, Antioquia, Valle, Tolima, Atlántico y Nariño) son un continuo dolor de cabeza de directivas universitarias y autoridades locales.
Por una costumbre nacional, las protestas generalmente se hacen los días jueves (lo que obliga muchas veces a suspender clases ese día y el viernes siguiente, con lo que se configura un obligatorio “puente” para los estudiantes), y tienden a derivar en la suspensión de la actividad académica, el deterioro de mobiliario de la Universidad y de la ciudad, el bloqueo del transporte y la movilidad de los ciudadanos, los gases lacrimógenos y enfrentamientos con piedra, maderas, agua y cuanto objeto haya entre encapuchados y autoridades.
Muchas veces estas protestas se enmascaran en el discurso de la autonomía, la defensa académica y temas políticos desde la vida universitaria, pero también ocultan la agenda terrorista de quienes buscan amedrentar a la ciudadanía, el negocio de la droga, el microtráfico, el alcohol y hasta diversas formas de prostitución.
Eso también se traduce en tiempo perdido de parte de los ciudadanos para llegar a sus casas, sobrecostos en transporte y en general gran molestia.
Bien sean alcaldes y gobernadores de la derecha o izquierda política, el patrón es el mismo, y no ha habido forma de hallar una solución. Las rejas y los muros terminan protegiendo a los vándalos dentro de las universidades. Ha pasado con todos los gobernantes.
Incluso, cuando Gustavo Petro fue alcalde de Bogotá, defendió el concepto de “universidades sin murallas”, integradas al tejido urbano, y criticaba el encerramiento de las instituciones públicas, argumentando que la seguridad real de un campus se logra mediante la apropiación ciudadana, la cultura y la presencia de la población en los parques y espacios universitarios, y no mediante el aislamiento físico.
El mismo exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, cuando tuvo que enfrentar al problema, sostuvo que los muros aislaban a la universidad de la ciudad, generaban “fronteras invisibles” y servían de trinchera para grupos violentos. Por ello, en el caso de la Universidad Nacional en Medellín, planteó transformar los predios en un “Distrito de Innovación y Educación” abierto y conectado con la zona de Ruta N y el Jardín Botánico.
Eso sí, una decisión de esta magnitud obliga la concertación multisectorial y, especialmente, el liderazgo desde el alto gobierno.
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| Entrada actual del ingreso a la Universidad Industrial de Santander -Bucaramanga | Así podría verse |
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Las grandes e históricas universidades del mundo, comparten su espacio con la ciudad
Las colombianas pasan a ser la excepción y no la norma. Por ejemplo:
La Universidad de Córdoba, en Argentina, paradigma de la lucha revolucionaria estudiantil de 2018, y del Manifiesto de Córdoba, no tiene rejas y comparte su espacio con la ciudad.
Situación similar se aprecia en importantes universidades como, por ejemplo, la de Concepción, en Chile, explícitamente diseñada como un parque urbano abierto. Sus áreas verdes, plazas y paseos son de libre tránsito peatonal público.
En México está la UNAM – Universidad Nacional Autónoma de México, fue concebida bajo el modelo del urbanismo moderno funcionalista. El polígono central del campus carece de una barda perimetral o muro de cerramiento exterior que lo aísle de la Ciudad de México, estando atravesado por avenidas públicas y zonas verdes integradas al entorno urbano.
La Universidad de Buenos Aires UBA no posee cerramiento o red de rejas perimetrales en sus predios. La Ciudad Universitaria en Núñez se integra de forma directa con la costa del Río de la Plata y la Reserva Ecológica adyacente, permitiendo la circulación pública irrestricta. Algo similar pasa en la Universidad Nacional de La Plata.
En Venezuela, la Universidad Central se creó para integrar artes en un campus abierto. Integra edificios a través de corredores cubiertos y jardines de acceso público.
En Uruguay, en la histórica Universidad de la República las facultades y centros universitarios regionales están insertos directamente en la trama urbana abierta (calles, plazas y parques públicos de Montevideo y otras localidades), sin un campus delimitado por perímetros de rejas ni cercas.
En Estados Unidos, se ven universidades públicas con acceso público tales como las de California – Berkeley, Michigan, Virginia, y California – Los Angeles.
Y en Europa también sucede lo mismo. En Alemania, la Universidad de Munich tiene sus facultades y edificios principales sobre avenidas públicas, sin cerramiento ni barda perimetral; en España, la Complutense de Madrid (UCM) está atravesada por vías públicas, así como la de Barcelona; La Sorbona, en París, es transitable por ciudadanos y turistas, y en los otros países europeos esto es muy común.
¿Llegó la hora de quitar rejas, muros y mallas en las universidades públicas?
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