La revolución plateada en las aulas: el reto universitario con la tercera edad

La revolución plateada en las aulas: el reto universitario con la tercera edad

Oct 21/26 Con ocho millones de adultos mayores en Colombia, la educación superior enfrenta el reto histórico de superar la lógica del mercadeo para consolidar una oferta académica permanente, incluyente y geragógica.

El envejecimiento demográfico en América Latina y en Colombia ha transformado la estructura poblacional, posicionando a la denominada “edad plateada” como un sector estratégico para el desarrollo institucional de la educación superior.

Con una pirámide poblacional en proceso de inversión y un incremento sostenido de la longevidad, las instituciones educativas enfrentan el reto de superar la visión asistencialista de la vejez y reconocer a este segmento como un público activo con demandas específicas de formación a lo largo de toda la vida.

En el contexto sociodemográfico, jurídico y educativo, se entiende por personas de la tercera edad (o personas mayores, adultos mayores y, más recientemente, la generación o economía plateada), quienes han alcanzado o superado los 60 años de edad. En Colombia, la Ley 1251 de 2008 y los estándares de la OPS/OMS fijan los 60 años como el umbral legal y estadístico para esta población.

¿Están las universidades preparadas para formar a personas de 60, 70 u 80 años que quieren aprender, actualizarse, relacionarse y seguir participando activamente en la sociedad?. La respuesta es dubitativa.

Ante este diagnóstico, iniciativas como la Universidad Abierta de la Tercera Edad (Uni-3 Colombia) -que legalmente es una institución de educación informal, y cuyo concepto está extendido a otros países – y convenios interinstitucionales desarrollados entre entidades distritales y la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) han demostrado que la población mayor de 50 y 60 años demanda espacios formales y no formales de aprendizaje orientados a la actualización digital, la salud mental, el desarrollo cultural y la participación ciudadana.

El modelo no nació en Colombia. La experiencia francesa de universidades de la tercera edad, impulsada en Toulouse en 1973 por el médico Pierre Vellas, inspiró iniciativas que después se extendieron a otros países. Por ejemplo, existe la Red Latinoamericana de Universidades Abiertas UNI3 —RUA— con presencia en Argentina, Bolivia, Colombia, México, Perú, Uruguay y Venezuela

A pesar de que el marco normativo internacional —respaldado por la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores en su artículo 20— obliga a los Estados a garantizar el derecho a la educación en igualdad de condiciones, el sistema de educación superior formal en Colombia carece de programas de pregrado diseñados exclusivamente para esta población.

Hasta ahora, la respuesta de las IES se ha canalizado principalmente a través de la educación continuada, mediante diplomados y talleres especializados ofrecidos por universidades o entidades de educación para el trabajo y el desarrollo humano, y más como una forma de mercadeo y diversificación en sus fuentes de ingreso por educación continuada, que como una apuesta formativa y proyecto universitario. Así lo confirman expertos y representantes de redes internacionales de universidades de la tercera edad que señalan que la inclusión de los adultos mayores en las agendas universitarias no debe concebirse únicamente como una oportunidad de mercado o diversificación financiera, sino como una extensión ineludible del concepto constitucional de formación permanente.

Es un desafío no sólo para Colombia sino para los demás países de la región, tal y como se confirmó hace unos días en Bogotá, en el XVIII Encuentro Latinoamericano de Universidades Abiertas de la Tercera Edad (clic para ver el video).

Colombia ya tiene experiencias universitarias que merecen ser revisadas

UNITRES no es el primer antecedente colombiano de educación para personas mayores. En 2019, la investigadora Nora Hincapié Gil publicó en la revista Inclusión y Desarrollo, de UNIMINUTO, un estudio sobre programas universitarios para adultos mayores en Medellín.

La investigación identificó cinco experiencias: Saberes de Vida, de la Universidad EAFIT; Aula Universitaria para Mayores, de la Universidad de Antioquia; Cátedra Universitaria para Adultos Mayores, del Tecnológico de Antioquia; Cátedra de la Experiencia y la Familia, de la Institución Universitaria Salazar y Herrera; y Casa de la Felicidad, de la Universidad Pontificia Bolivariana.

El estudio, desarrollado mediante un enfoque cualitativo e interpretativo y un estado del arte, destacó el valor de la extensión académica, la inclusión social, el bienestar y los encuentros entre generaciones.

Sus resultados ofrecen una base para una actualización nacional. La investigación fue publicada en 2019 y no permite asegurar que todas las experiencias identificadas continúen funcionando actualmente. El sector necesita establecer qué programas siguen activos, cuáles han cambiado y qué nuevas propuestas han surgido en otras regiones.

 

Una oportunidad para los mayores, pero también para las IES

Colombia cuenta con aproximadamente 8,15 millones de personas mayores de 60 años (equivalente al 15,3% de la población total). El 55,5% de este segmento son mujeres (4,52 millones).

Según el DANE, cerca del 63,5% alcanzaron máximo la educación básica primaria o no cuentan con escolaridad formal. Alrededor del 20% – 22% culminó la educación secundaria o media bachillerato, y aproximadamente entre el 10,2% y el 12,6% de los adultos mayores de 60 años poseen un título de educación superior (alrededor de 830.000 a 1.020.000 personas).

Se calcula que entre 400.000 y 600.000 personas mayores cuentan con el título de bachiller y la capacidad funcional/cognitiva para asumir una carrera universitaria formal de pregrado.

¿Cuánto provecho podrían sacar las propias IES de egresados mayores, pensionados, docentes jubilados, veteranos empíricos de gran reconocimiento por su experticia y sabiduría?.

No siempre la Universidad es un doctorado o un plan de estudios. Es el mejor escenario para la convivencia, el error y el aprendizaje.

La estructuración de alianzas estratégicas, la apertura de la infraestructura física en horarios de menor ocupación y la creación de trayectos formativos adaptados a las características de la longevidad consolidan un modelo en el que la universidad trasciende la preparación laboral juvenil para convertirse en un pilar de integración social y desarrollo humano sostenible.

Geragogía: Es la disciplina de las Ciencias de la Educación que se encarga de investigar y teorizar sobre el aprendizaje de las personas mayores de 50 años.

¿Cómo pueden las IES desarrollar este público?

Además de evaluar el número de personas mayores, también hay que identificar sus intereses, sus recursos, sus barreras de acceso y el valor que pueden aportar a la comunidad universitaria.

Una universidad podría comenzar con un diagnóstico local que examine:

  • Nivel educativo y experiencias de formación previas.

  • Intereses culturales, profesionales, científicos y sociales.

  • Expectativas de estudiar una carrera frente a las de participar en cursos libres.

  • Capacidad de pago y disponibilidad de becas.

  • Acceso a dispositivos, conectividad y habilidades digitales.

  • Horarios, movilidad, accesibilidad física y necesidades de acompañamiento.

  • Interés por la participación comunitaria, el voluntariado y el intercambio con jóvenes.

  • Disposición a compartir experiencia profesional, familiar, artística o territorial.

A partir de ese diagnóstico, convendría desarrollar un portafolio de aprendizaje permanente con distintas intensidades y formas de participación.

Líneas de acción recomendadas

1) Crear una unidad de educación permanente para personas mayores. No necesariamente una nueva facultad: puede ser un programa de extensión con presupuesto, responsables, objetivos e indicadores propios.

2) Diseñar una oferta por niveles. Desde alfabetización digital y talleres libres hasta cursos avanzados, programas de extensión y orientación para el ingreso a carreras formales.

3) Incorporar metodologías adecuadas. Considerar ritmos diversos, experiencias previas, accesibilidad, participación activa y evaluación formativa sin asumir que todas las personas mayores necesitan la misma pedagogía.

4) Promover encuentros intergeneracionales. Vincular a mayores y jóvenes en proyectos culturales, investigación, mentoría, memoria histórica, innovación y aprendizaje colaborativo.

5) Medir resultados educativos y sociales. Evaluar permanencia, satisfacción, aprendizaje, participación, vínculos sociales, accesibilidad y continuidad de los participantes, además de los ingresos que produzca la oferta.

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