Los jóvenes que no se educan tienen una tasa de desempleo que es más del doble del promedio.
Por Rudolf Hommes
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El profesor Hugo López, quien dirige el Banco de la República en Medellín, ha presentado un análisis muy interesante de la evolución de la situación laboral en Colombia (Mercado laboral y equidad, Corporación Andina de Fomento – Banco de la República, marzo de 2008), y muy oportuno a la luz de la decisión de la Corte Constitucional sobre la reforma laboral de Uribe I, que no tuvo los efectos nocivos que se le atribuyen ni fue inefectiva en materia de fomentar empleo formal. |
López muestra una vigorosa recuperación del empleo asalariado privado. Entre el 2003 y el 2007 creció a una tasa anual promedio del 4,9 por ciento y se crearon aproximadamente 750.000 empleos privados. A finales del 2007 se volvió a niveles de desempleo de 10 por ciento, aunque todavía no se llega a los niveles de desempleo de un dígito de 1994 y 1995.
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La recuperación del empleo ha sido desigual y ha favorecido a los trabajadores con educación, mientras que la crisis golpeó duramente a los que no poseen educación superior. El empleo asalariado sin educación superior cayó 16,1 por ciento entre 1996 y el 2002, y a partir del segundo semestre de ese año ha crecido solamente a una tasa anual promedio de 2,4 por ciento. No ha alcanzado todavía los niveles de empleo del período 1994-1996. El empleo de los trabajadores que poseen educación superior creció vigorosamente (9 por ciento los asalariados y 4,9 por ciento los no asalariados entre el 2002 y el 2007, con aceleración a partir del segundo semestre del 2006). El empleo informal, por el contrario, subió 47,9 por ciento entre 1996 y el 2002 y, en lugar de descender, creció 0,2 por ciento entre el 2002 y el 2007.
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La composición de empleo también ha cambiado y los asalariados con educación superior han ganado participación. Este grupo de trabajadores pasó de 23 por ciento de los trabajadores asalariados (42 por ciento de la nómina asalariada) en 1994 a 39 por ciento de los asalariados (61 por ciento de la nómina) en el 2006. El empleo no asalariado (informal, el autoempleo e independiente), que es el que está sujeto a mayores incertidumbres y a mayores gravámenes al ingreso (los trabajadores pagan, por ejemplo, 12 por ciento para salud, en comparación con 4 por ciento en el caso de los asalariados), llegó a 48 por ciento en el 2000, cuando era solamente 35 por ciento en 1994, y a partir del 2004 ha caído ligeramente. Las personas mayores de 40 años que no tienen educación superior son un grupo destacado de estos trabajadores.
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Su desempleo es bajo, pero la informalidad de este sector de la población es muy alta y persistente (desde el 2000, el 64 por ciento del empleo para los trabajadores de este grupo es no asalariado). López dice que “el empleo no asalariado es el destino de los adultos con poca educación”.
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Los jóvenes que no se educan tienen una tasa de desempleo que es más del doble del promedio.
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La política de salario mínimo a partir de 1998 ha contribuido a agudizar este problema porque los jóvenes sin educación superior son los que ingresan a la fuerza laboral con salario mínimo. Los demás salarios y los otros asalariados están relativamente desconectados del salario mínimo y su remuneración ha evolucionado por caminos diferente. El ascenso desproporcionado del salario mínimo (17,4 por ciento real entre 1998 y el 2007), más todas sus arandelas (71 por ciento del salario), ha sido un desestímulo mayor para la creación de empleo para esta población joven.
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Los retornos de la educación básica se han mantenido más o menos constantes y los de secundaria han caído y son casi iguales a los de la básica (7 por ciento de aumento del ingreso por cada año adicional de educación), pero los retornos de la educación superior han aumentado desde 1984. Alcanzaron casi el 20 por ciento entre el 2000 y el 2002 y han descendido marginalmente a 18 por ciento, el nivel que tenían en 1993.
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En conclusión, lo que hay que hacer es aumentar la oferta de puestos de universidad y entender que los beneficiarios pueden pagar por esa educación.
Fuente: El Tiempo
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