Por Carlos Lopera. Director de El Observatorio
El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Lord Acton. 1887
Por tradición las comunidades de las universidades públicas son beligerantes para expresar su rechazo al sistema, a los presidentes de turno y a todo lo que se asemeje a un statu quo, pero son esas mismas universidades las que, al más fiel estilo de cacique de universidad de familia privada, re-elige sin ningún inconveniente a sus rectores.
Todas las elecciones rectorales que, en 2009, se han dado en universidades públicas y en las que sus rectores decidieron lanzarse a la re-elección, lo lograron. Cauca, Nacional de Colombia, Antioquia, Tecnológica de Pereira, UIS, UFPS, Chocó y Tolima, por citar algunas de las más recientes, han optado por la continuidad al cambio de rector. En algunos casos, como por ejemplo, Cauca, Tolima y UFPS, en primera y segunda re-elección.
Es muy curioso que en la mayoría de estos casos sus rectores presenten un patrón común: son gobiernistas, o uribistas, que es lo mismo.
¿Qué es lo que hace tan atractiva esta situación?: ¿Ego? ¿ambición de poder político? ¿ambición de poder económico?, ¿resultados en su gestión?, ¿ausencia de rivales fuertes?, ¿contentillo a los electores?. Realmente la respuesta es: Todas las anteriores.
Continuar al frente de una universidad pública es una interesante opción de poder, de manejar -con mínimos controles- multimillonarios presupuestos, de amarrar todas las fichas directivas de control de la institución, de ostentar un cargo de gran reconocimiento público en la gestión y de impulsar, indirectamente, el deseo re-eleccionista presidencial.
La situación amerita que se dé una seria reflexión en el sistema universitario, que evalúe preguntas como ¿es conveniente la re-elección rectoral en una universidad?, ¿cuántas veces?, ¿tres años resulta muy poco para una efectiva gestión rectoral?, ¿cómo generar sistemas públicos, objetivos y rigurosos de evaluación de la gestión?, ¿cómo asegurar mecanismos más transparentes de participación y campaña de los rivales?, y ¿cómo diferenciar los resultados de cobertura y gestión de recursos en el Ministerio de Hacienda con verdadera gestión académica?
Otro tema que debe superar inmediatamente la reflexión y convertirse en modificación inmediata: Reformar el “montaje” del sistema de elección de rector por parte de los consejos superiores, amañados, politiqueros, sin verdadera representación y con maquinarias previamente montadas por quienes detentan el poder.
Por ahora, sólo hay dos conclusiones claras de esta historia reciente: 1) Debilidad – estructural y académica- de los rivales, y 2) Ausencia del verdadero concepto de lo académico en los procesos electorales.

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