La Universidad “cangrejo”

La Universidad “cangrejo”

Por Jorge Yarce. Presidente ILL

Un medio impreso alborotó la opinión en estos días con un dato sobre el monto de la deserción universitaria, cosa que el Observatorio de la Universidad Colombiana viene repitiendo desde hace tiempo. Si hay deserción del 48% de los estudiantes y la cobertura está alrededor del 30%, un niño de primaria saca la conclusión. Dos pasos para adelante y uno para atrás como el cangrejo.

El problema de fondo no es pensar sólo en que del potencial de jóvenes en posibilidad de estudiar educación superior, cada vez más un más alto porcentaje entre a la universidad. La tarea clave es procurar que los que están no se vayan porque es el peor negocio para los estudiantes, para sus familias, para las instituciones y para el país. Es echar la inversión por un hueco y dejar que triunfe la ineficacia.

 

No hay fórmulas ni económicas ni de otro tipo que puedan esgrimirse en este tema. Lo único claro es que hay que trabajarlo, investigar sus causas, proponer soluciones, aplicarlas en cada universidad para ver si funcionan. Una causa podría ser la crisis económica que se empieza a sentir más profundamente en los hogares y que va acabando con algunas aspiraciones.

Una vez más surge la necesidad de plantear la falta de líneas masivas de crédito para estudiar.  Ni el estado, ni los bancos, ni las instituciones se han propuesto soluciones de fondo. El problema ya inveterado, no se arregla con paños de agua caliente. Es necesario abrir caminos para que quien quiera y necesita estudiar pueda hacerlo, no sin ciertas garantías pero que no sean tan onerosas y difíciles de cumplir como las que existen en este momento. Siempre es el mismo cuento: vaya a Icetex, vaya al banco tal…y sólo una minoría exigua puede acudir a esos créditos

Se habla de soluciones en grande para la transformación productiva del país. Y el gobierno establece unas políticas generales y hay coincidencia entre los diversos sectores de que por ahí es la cosa. Que hay que auspiciar proyectos que busquen hacer realidad ese propósito fundamental.  Pero no hay nadie en la educación superior saca la cara pensando en forma parecida. Aquí nos limitamos a que sea pelea de cada uno por su cuenta. Por eso no hay debate público sobre el tema ni consensos entre las partes interesadas para buscar soluciones. Y lo que queda es lamentarse o alegrarse de cómo cada uno campea el temporal.

No debería ser así: las dificultades tendrían que unir a las universidades y al gobierno para trabajar juntos en esa búsqueda. Cada espectador mira desde su asiento al escenario aunque en realidad no le importa lo que pasa alrededor. Una razón más para sentir la urgencia de salidas colectivas, de construir consensos, de vencer el individualismo arraigado de las universidades. Casi que podríamos resumir diciendo: “o nos salvamos juntos o acabaremos perdiendo todos.

JY

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co

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