A la espera de una reacción de Mineducación: Mario Hurtado – nov/19

“La incertidumbre de la educación superior” se titula la columna de Mario Fernando Hurtado, quien se presenta como especialista en Educación Superior en el diario El Nuevo Siglo.

El segundo semestre de 2018 fue uno de los más agitados en las universidades estatales colombianas. Un paro que no fue atendido a tiempo por el gobierno y donde creció una ola de indignación en especial de los estudiantes.

Los motivos de ese primer paro tenían demandas centradas en mayores recursos para las universidades estatales, se argumentó un déficit de 3.2 billones de pesos para funcionamiento y 15 billones de pesos para infraestructura. De igual forma, cambios en la financiación de las universidades públicas, entre otros aspectos. El paro duró dos meses y medio, y se terminaron las negociaciones en diciembre. Por eso, para salvar el semestre se aprobó el esquema de tres semestres en una año para 2019.

La situación era compleja de entrada, dependiendo de los acuerdos de cada universidad, pero en la mayoría de los casos, terminar 2018 -2 en marzo de 2019, una semana de receso y comenzar 2019- 1 a finales de marzo, terminarlo en agosto, comenzar en agosto 2019 -2 y terminarlo en las fiestas de navidad.

La agenda apretada implicó a los profesores perder sus vacaciones para cumplir con el compromiso académico. Sin embargo, el gobierno volvió a atizar las tensiones con los movimientos estudiantiles. Esta vez las múltiples demandas comenzaron con una polémica decisión de desviar recursos de la educación (esos que se acababan de prometer a infraestructura y funcionamiento) para pagar las demandas que recibe el Estado. Eso, frente a los argumentos de incumplimientos de los acuerdos firmados en diciembre, casos de corrupción y atizados por los movimientos estudiantiles que se viven en la región provocaron una nueva crisis.

La situación se ha complejizado con unos estudiantes que no necesariamente representan a las mayorías, pero que están empoderados frente a la indiferencia o el silencio del Ministerio de Educación. La ministra se alejó de las cámaras y los medios de comunicación en los cuales salía mucho antes y le ha dado la espalda a este problema que cada vez se ve más grande y difícil de resolver.

Los estudiantes tienes exigencias tan extensas como acabar con el Esmad, renuncias de varios rectores, entre ellas ya se presentó la del rector de la Universidad del Atlántico, y otras medidas de presión en las cuáles no hay compromisos por parte de ellos y demuestra que están en un camino de presión y violencia sin mediación.

El 31 de octubre, de nuevo, marchas que fueron convocadas de forma pacífica terminaron en disturbios, bloqueos y vandalización del transporte público o de las mismas universidades como ocurrió en la Pedagógica de Bogotá. Varias instituciones llevan tres o cuatro semanas sin clases, entre bloqueos, asambleas permanentes o marchas. Sorprende el silencio del Ministerio de Educación y el panorama de cancelación del semestre que representa millonarias pérdidas cada vez aparece más cercano, cuando se estaba cursando un periodo académico corto y atípico.

La Universidad Distrital se declaró en paro por la lentitud en las denuncias sobre los casos de corrupción que han afectado en la universidad, y donde afirman hay varios políticos involucrados. Otras exigen descentralización de recursos como ocurre en la UPTC sedes Sogamoso y Duitama y así se enlistan una serie de demandas.

Ya es hora que el Ministerio de Educación comunique las acciones a realizar, y enfrente esta situación, no tiene presentación de que después de casi tres meses de paro, de acuerdos y firmas, de promesas de aumento de recursos, en menos de 10 meses de nuevo el malestar se encuentre tan extendido y la sociedad afectada por todo lo que implican las movilizaciones, marchas y bloqueos.