El Observador Luis Fernando Páramo Jiménez clama nuevamente por la urgencia de someter a un debate público la calidad académica de la educación superior.
Antes del retiro del proyecto este Observatorio había dicho: “El país está polarizando la discusión, dejando por fuera a analistas, rectores y académicos. La polémica se ha centrado en el MEN, en los congresistas de la oposición y en los estudiantes” (ver nota).
Nada más cercano a la realidad por lo que aprecié en los últimos debates, que dejaban por fuera a rectores, analistas y académicos para centrarse en pullas hacia la Sra. Ministra, al Sr. Viceministro, al TLC, al Sr. Presidente Santos, a los partidos políticos, a los estudiantes, a la policía, al Ministro de Hacienda y de vez en cuando al Proyecto de Ley 112.
Sinceramente ha sido un tanto desmotivador, el reiterado esfuerzo personal por presentar propuestas y análisis sobre la calidad de la educación superior, a pesar que tanto el MEN como los estudiantes y los políticos coinciden en que quieren mejorar la calidad. El MEN argumenta que en la actualidad en Colombia existe un sistema de aseguramiento y acreditación de la Calidad y que con la plata adicional que se inyectaría, se puede garantizar que la situación cambiará favorablemente para las universidades, pero nunca explica la razón de los vergonzosos resultados de nuestras instituciones y programas en las mediciones internacionales. Los estudiantes en lo que llaman la universidad de sus sueños casi nunca hablan de una calidad palpable, sólo quieren que sea buena sin decir qué entienden por buena. Los políticos muy hábilmente manifiestan su total respaldo a la calidad como condición inherente a la educación, pero muy pocos la analizaron desde sus resultados o sus procesos, con excepción del Honorable Representante Wilson Arias quien denunció el descuido y la inoperancia de CONACES, en el caso de los programas técnicos y tecnológicos del SENA y de la cantidad de programas que operan, sin los requisitos mínimos de funcionamiento a pesar de tener registro calificado.
Claro está que para mí, lo más extraño de todo lo que pude percibir, fue que rectores y académicos ni siquiera se acercaron al problema de calidad, también con excepción de Carlos Angulo Galvis y José Fernando Isaza, posiblemente la mayoría los rectores estaban más preocupados por sus finanzas, pero pasar por alto el problema de la calidad, francamente es desconcertante cuando se sabe, que es el mayor problema de la educación superior en Colombia, habría que incluir en este aspecto, los muy escasos aportes de ASCUN, ACIET, etc. sobre el particular. Esto no quiere decir que la educación superior en Colombia sea malísima y que nuestras universidades no sirven para nada, en realidad lo que sucede es que el sistema actual evalúa sin estándares, sin visión internacional y se ha convertido en un sistema de calidad que opera por opinión y no por medición, distorsionando los resultados por falta de objetividad.
La calidad de un sistema educativo al igual que de otros sistemas, está concentrado en dos condiciones técnicas fundamentales: Eficiencia y Eficacia. La Eficiencia que interesa al buen diseño de procesos con los cuales se logran resultados exitosos demostrables y la Eficacia que interesa en lo fundamental al problema de la cobertura y pertinencia. Mezclar indiscriminadamente una con otra en los discursos en pro o contra el proyecto, no solo es un error técnico y metodológico, sino una argumentación engañosa que no pasa el examen con ningún experto en calidad.
Ojalá el nuevo esfuerzo de concertación y análisis, le dé la bienvenida al estudio minucioso de la Calidad de la Educación Superior y se continué sin vencedores y vencidos en la construcción del proyecto que el país necesita.
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