Aún hay tiempo para ponderar la calidad de la educación en la reforma

Reflexión de Luis Fernando Páramo Jiménez

A propósito del tema de la reforma a la Ley 30, y luego de retirado el componente de ánimo de lucro, ahora se habla del tema de la platica, es decir de la financiación de la Educación Superior, que será objeto de discusión y seguirá relacionándose con la calidad, especialmente porque el mayor argumento que se ha esgrimido para defender o atacar las propuestas es el de que, “la Calidad es costosa”.

Yo estoy totalmente de acuerdo con la premisa, en especial cuando la calidad es mala, pues el daño social y económico que trae es muy grande. Para invertir en Calidad, obviamente hay que pensar en infraestructura física, equipos, laboratorios, bienestar, bibliotecas, considerando apenas los rubros indispensables, pero todos ellos tienen que ser congruentes y proporcionales con una definición de la calidad, expresada en estándares con muy precisas escalas y métodos de medición. No pretendo insinuar que la calidad se mide o debe medirse sólo por la inversión, pues aspectos como los resultados de la formación en los diversos programas académicos, las mediciones de eficiencia y eficacia en las distintas metodologías adoptadas, la satisfacción real de estudiantes y empleadores, son aspectos que no pueden omitirse en la concepción estandarizada de la calidad y su evaluación.

La importancia de la escala en la Calidad, radica en que al ser evaluado un programa o institución, se puede establecer el estado real en que se encuentra frente a la calidad, pudiendo suceder que deba considerarse improcedente la continuidad del programa o institución, que se considere aceptable la continuidad pero con la enorme ventaja de poder establecer las denominadas rutas de mejoramiento, o que sea reconocida o acreditada la calidad por los importantes logros conseguidos y posiciones destacadas en la escala prevista para la medición de la calidad.

Creer que un sistema de calidad se diseña para que todos los programas o instituciones deban obtener con el tiempo los reconocimientos de acreditación, es un idealismo ingenuo, salvo que el sistema sea tan malo, que lo que genere sea la acreditación generalizada de la calidad mediocre.

De otra parte la calidad nunca ha sido estática, porque nuevos logros, descubrimientos, etc. modifican la calidad esperada y exigida, por esta razón la inversión en investigación sobre la calidad y sus escalas de medición, debe ser el primer requisito de un buen sistema de calidad.

Desde que la Ley 30 creó e implementó el CNA a la fecha, en el país se instauró un sistema de Calidad con base en las denominadas “Condiciones de Calidad” que es un engendro anti técnico, subjetivo, y que ha pretendido suplantar, a un sistema de variables agrupadas por efectos de su correlación, que se denominan factores y que tienen sustento en el análisis factorial multivariable. Con dichos factores es posible elaborar escalas matemáticamente consistentes, que eliminen la subjetividad de los procedimientos que hasta el momento tienen que vivir evaluadores y evaluados en el sistema de calidad operante en la actualidad.

No cejaremos en el empeño de contribuir proactivamente para que en la discusión y análisis del proyecto de Reforma se incluya la obligación de una revisión al sistema de calidad y se adopten correctivos. Me he atrevido a sugerir algunas ideas como la Agencia Nacional de Calidad que uniría CONACES y CNA y que permitiría una mayor articulación de los esfuerzos, especialmente basado en la tesis ya suficientemente probada, que existe generalmente una relación directa y fuerte entre un buen funcionamiento (hoy medido con el registro calificado) y la obtención de altos valores en la escala de satisfacción de los usuarios, que puede ser la base de estándares de calidad.

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